Corto
especial: elecciones presidenciales en México.
Arturo:
padre recientemente viudo
Carlos:
hijo menor (16)
El
despertador de Carlos sonó a las 7:30 y el renuentemente se levantó y después
de dirigirse al baño de su cuarto se echó agua fría en la cara. Su familia
solía levantarse tarde el fin de semana, y además él y su hermana habían
alargado la discusión la noche anterior tratando de convencer a su papá de
votar por el candidato de la izquierda, pero como sabían que no convencerían a
su padre, la estrategia era desvelarse más de lo necesario. Se sentía cansado,
pero como tenía lo que él consideraba una misión patriótica, se obligó a
desperezarse y se bañó, peino y arregló lo más parecido a su padre. Se parecía
mucho a su papá, y estaba más que acostumbrado al comentario de "eres el
retrato de tu padre", así que hoy estaba decidido a sacar provecho para el
país de este hecho.
Cuando
salió de su cuarto s topó con su hermana que salía bostezando del suyo.
—¿Ya
estás listo? Pu** , hasta pensé que eras él y me asustaste.
Y
así los dos hermanos se dirigieron al estudio, donde Carla escribió la
combinación de la caja de seguridad para después sacar la credencial para votar
de la cartera de su papá. Su papá sospechaba que alguno de sus hijos se sabía
la combinación, pero como nunca habían tomado dinero no le había dado mucha
importancia. Carlos sintió un poco de culpabilidad pero la hizo a un lado
pensando en el papel de héroe de la patria que según él estaba cumpliendo.
—Ya
casi es hora de que abran las casillas. ¿Por qué no te vas llendo? Yo voy a
prender la televisión de tu cuarto y cerrarlo con llave para que si se
despierta piense que estás aquí.
—¿Y
si alguien me dice algo y tengo que responder? ¿No me van a descubrir por la
voz?
—No
mam***, ya no tienes voz chillona de niño, ya hablas con voz grave.
—Osea
sí, pero no exactamente como papá.
—Pues
puedes respirar esos chiles secos antes de irte y fingir estar enfermo.—Le dijo
Carla señalando la bolsa de chiles secos
—Vete
a la ****
Pero
Carlos decidió que era la mejor opción y respiró dentro de la bolsa de unos
chiles grandes y con un color rojo tostado, inmediatamente se arrepintió de
haberlo hecho mientras tosía descontroladamente.
—Listo,
vete a la casilla antes de que se te pasé el efecto. —Le dijo Carla pasándole
unos kleenex.
****Unos
minutos después****
Carlos
estaba formado en la fila de la casilla cuando una vecina que vivía una cuadra
arriba se dirigió a él
—Buenos
días señor, que arreglado está hoy. —Carlos solo asintió
—Hasta
le diría que se ve más joven.
—Tal
vez estar enfermo me rejuvenece—dijo Carlos tosiendo para tratar de salir del
apuro. Definitivamente no tenía ni idea que hacer en el papel de su papá.
La
señora asintió con una risita y para alivio de Carlos llegó su turno de recoger
la boleta. Le pidieron la credencial de elector y le dieron las boletas.
Él
se dirigió casi solemnemente a las mesas cubiertas con manta plástica y después
de entrar a una marcó con decisión el cuadro en cada boleta.
Finalmente
depositó las boletas en las urnas y cuándo le devolvieron su credencial de
elector le pidieron sellar su dedo con tinta, a lo que no pudo rehusarse.
Ya
en su casa devolvieron la credencial de elector, se cambió, se despeinó y con
ayuda de una acetona que tenía su hermana se desmanchó el dedo.
Su
papá se despertó un poco más tarde que de costumbre, y después de desayunar se
vistió para irse a votar.
****Un
rato después****
Arturo
llegó finalmente al final de la fila y entregó su credencial
despreocupadamente. Pero mientras cotejaban las listas empezó a escuchar
murmullos entre los funcionarios de casilla. Y como se estaban tardando
demasiado en darle las boletas , preguntó qué pasaba.
—Perdón
señor, es que tenemos una irregularidad, usted ya votó.
—¿Qué?
Eso es imposible yo acabo de salir de mi casa por primera vez en todo el día.
—Lo
siento señor, tenemos que reportar este incidente, votar dos veces es delito
electoral.
—¿Qué?
¿Qué **** está pasando? ¿Piensan hacer un fraude electoral tan descarado?
—Por
favor, vamos a tranquilizarnos todos. —intervino una funcionaria de la casilla.
Arturo la reconoció, era la dueña de un comercio cercano que visitaban de vez
en cuando.
—Señor
Arturo, ¿usted tiene un hijo adolescente que se parece bastante a usted,
verdad? ¿Existe la posibilidad de que el haya venido a votar con su credencial
de elector?
Arturo
se quedó pensando, lo primero era cierto, pero lo segundo no lo creía, aunque
recordó la acalorada discusión que habían tenido la noche anterior.
—Sí,
es probable.
—Bien,
¿por qué no va a su casa a averiguar lo que sucedió? Y así evitamos reportar un
incidente mayor.
Arturo
le agradeció a la funcionaria de casilla y se dirigió silenciosamente a su
casa, pero en el camino tomó una decisión.
Al
llegar a su casa sus hijos estaban terminando de recoger la mesa, pues ese día
no iba la persona que les ayudaba con los quehaceres. Arturo se sentó en un
sillón de la sala y llamó con voz serena y un poco grave a su hijo menor.
—Carlos
ven aquí un momento, por favor.
Carlos
sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.
—¿Sí
papá? —dijo dejando el trapo con el que estaba secando un plato. —¿Qué pasó?
—dijo al llegar a la sala.
—¿De
verdad hiciste lo que creo que hiciste, hijo? ¿Por qué lo hiciste?
—¿De
qué hablas, papá?
—Habló
de que no pude votar, habló de que me acusaron de querer votar dos veces, habló
de que casi me denuncian por delitos electorales. ¡Habló de que mi hijo cometió
un delito electoral y delito de impersonificación!
—Papá,
yo no... Yo no pensé
—Me
queda claro que no pensaste. ¿Qué creíste?
—Creí
que si el gobierno hacía fraude, no le importaría ni nadie se daría cuenta si
yo lo hacía también.
—Pues
al parecer ese fraude del que siempre hablas no es tan fácil.
Pero
como quieres regresar al pasado votando por esos candidatos que proponen el
retroceso, al pasado vamos a regresar. —y dicho ésto se dirigió al estudio
chico, donde sus hijos hacían su tarea, y sacó una regla de madera de la
mochila de su hijo.
—¿Qué
haces papá? —preguntó preocupado Carlos
—Lo
que tu quieres, implementando los ideales de hace 50 años. Te voy a
castigar como los papás de ese
"México dorado de Lázaro Cárdenas" lo hubieran hecho con un hijo que
se hiciera pasar por ellos.
Así
que por favor bájate los pantalones y calzones o boxers o lo que traigas puesto
e inclínate en el reposabrazos del sillón.
—¿Qué?
¿Cómo crees papá? No. Sueñas, no voy a hacer eso. Te volviste loco.
—¿No
que quieres regresar a las épocas doradas, hijo? De todas formas es una orden,
no te estoy preguntando.
—Esto
es ilegal.
—No
es ilegal corregir a los hijos en México, pero si me quieres demandar, yo
también te puedo demandar, así que estamos empatados.
—¿Por
lo menos le puedes decir a Carla que se suba?
—No
¿para qué? No me consta, pero estoy casi seguro de que ella participó en esto,
y escucharte le va a servir de advertencia.
Finalmente
Carlos se bajó el pants con manos temblorosas, y después renuentemente hizo lo
mismo con su bóxer antes de inclinarse en el reposabrazos del sofá.
Arturo
agarró la regla y después de alienarla con el trasero de su hijo lanzó el
primer golpe justo en medio de las nalgas.
PLAS
resonó el primer azote
PLAS
PLAS "OUCH" exclamó Carlos y trató de cubrirse el trasero.
—Quita
esa mano hijo.
Y
después de un instante Carlos hizo caso y Arturo siguió el castigo.
PLAS
PLAS PLAS
"AY,
PA POR FAVOR YA" pidió exclamando de dolor y tapándose de nuevo.
Evidentemente el chico no estaba acostumbrado a este tipo de castigos. Su padre
le pidió que quitara su mano, pero como no hizo caso este le soltó dos azotes
en los muslos.
PLAS
PLAS
OUUUUCH!
Exclamó sorprendido por el agudo dolor que estos dos últimos le produjeron.
-Te
dije que quitaras las manos.
Cuando Carlos finalmente hizo caso Arturo le
sujetó los brazos detrás de la espalda y continuó con el castigo esta vez sin
parar.
PLAS
PLAS PLAS PLAS
Los
quejidos de Carlos fueron aumentando, pero su padre continuó
PLAS
PLAS PLAS PLAS
A
estas alturas el chico rogaba a su padre que detuviera el castigo, pero él
todavía no había acabado.
PLAS
PLAS PLAS PLAS PLAS
Arturo
terminó finalmente el castigo de su hijo y se dio cuenta que este estaba
llorando. Carlos se levantó y rápidamente se subió la ropa, pero se arrepintió
inmediatamente y lanzó un gritito de dolor cuando la ropa le rozó el castigado
trasero. Arturo trató de consolar a su hijo pero este salió corriendo a su
cuarto y azotó su puerta al cerrarla, así que se quedó solo en la sala mientras
escuchaba como los trastes se azotaba más de lo normal en la cocina,
definitivamente su hija tampoco aprobaba el castigo de su hermano.
****Unas
horas después****
Arturo
se acercó a la puerta de su hijo y tocó.
—¿Qué?
—Hijo,
¿bajas a cenar? vamos a pedir lo que quieran mientras esperamos los resultados.
—OK
PA, en seguida bajo — respondió Carlos mucho más calurosamente de lo que Arturo
había esperado.
Así
que se dirigió a la otra puerta y tocó
—¿Qué
quieres?
—Vamos
a pedir comida para cenar mientras esperamos los resultados. —Y silencio como
respuesta —ya viene tu hermano también.
—Bueno,
ahorita bajó.
Deicideron
pedir sushi, y mientras Carlos se sentaba en la silla acolchada hizo el
siguiente comentario:
—Tal
vez no sean tan malos los ideales de antes.
—Tal
vez—asintió Arturo
Y
los tres se sentaron en el comedor.
NOTA:
Aunque
este corto lo escribí antes, es probable que el moderador del sitio la publique
después de que se sepa el resultado de la votación, aunque con tan malos
candidatos no creo que esto haga mucha diferencia. Espero que lo disfruten, y
ojalá tengamos seis años mejores en nuestro país.
Espero que nos vaya mejor🙏🙏🙏
ResponderBorrarYo cero politica y menos de un Mexjco que me queda tsn lejos pero al capi lo disfrute igual jaja.
ResponderBorrarPero que agallas las de estos chicos!!
ResponderBorrarY también le debió tocar a Carla no es justo que sólo le tocara a Carlos 😒😒
Pero lo disfruté mucho la verdad!!