Dos Kurt por el precio de uno
N.A.:
Hola a tod@s.
Espero
que paséis unas felices fiestas junto a vuestros seres queridos. Siento estar
medio desaparecida, pero quería dejaros este regalito por Navidad.
Tali,
espero que no te importe que haya tomado prestados a tus personajes. Un abrazo
---
Era una tarde normal de Viernes y estaban en
un parque infantil, pero Blaine no podía evitar sentirse tan nervioso como si
estuvieran en un campo de minas en época de guerra. Aquella ciudad no estaba
familiarizada con los híbridos todavía y no sabía cómo iban a reaccionar ante
su pequeño Kurt. Los Warblers habían viajado para una competición y no había
podido dejarle con nadie de confianza, suponiendo que Kurt hubiera aceptado
separarse de él por todo un fin de semana.
Por si fuera poco, su plan inicial de no
salir del hotel más allá de lo estrictamente necesario se había visto
frustrado, porque Kurt le había rogado y rogado para que le llevara al parque a
jugar. Al principio se había negado y le había mantenido entretenido frente al
televisor, pero entonces el aparato se estropeó, acabando con su único medio de
distracción. El pequeño híbrido empezó a llorar y si hay algo que Blaine no
podía soportar eran las lágrimas de Kurt. El bebé no le estaba pidiendo nada
malo, tan solo quería ir a jugar como un niño normal. No era algo a lo que
pudiera negarse. Le puso una gorra que tapara sus orejitas y le hizo esconder
la cola por dentro del pantalón. El híbrido no parecía muy feliz con estas exigencias,
pero aceptó con tal de poder ir a los columpios.
Así que allí estaban, en el dichoso parque, y
Blaine se sentía como si el corazón se le fuera a salir por la boca. Le había
dado mil y una recomendaciones al pequeño y todavía se le ocurrían más.
-
Si ves que alguien te mira muy fijo, me lo dices,
¿bueno?
-
Pero la gente siempre me mira, Blaine. Y tú me dices
que es porque soy muy mono.
-
Sí, pero aquí es diferente. No conocemos a estas
personas. No te separes, ¿eh? – le advirtió, por novena vez en cinco minutos.
Llevó a Kurt a los columpios y le dio impulso
durante un rato. Tenía que admitir que todo estaba saliendo bastante bien. Casi
había empezado a relajarse, cuando un niño se les acercó. Era rubio, algo
regordete y con unas gafas muy graciosas que escondían unos tremendos ojazos
azules. Se subió al columpio de al lado y les dijo “hola” con la mano.
-
Papiii. Ven a empujarmeeee – pidió el niño.
Blaine siguió la dirección de su mirada y vio
a un hombre alto rodeado de un montón de críos. ¿Era una familia o una
excursión del colegio? El padre le hizo un gesto al niño, como indicando que
iba enseguida, y el pequeño empezó a balancearse por sus propios medios,
moviendo sus piernecitas para darse impulso. Sus ojos se desviaron en su
dirección, sin embargo.
-
¿Es un bebé? – preguntó, señalado al híbrido. – Es
más pequeño que mi hermanita.
-
S-sí, es un bebé – respondió Blaine, algo incómodo.
-
Me llamo Kurt – señaló el híbrido. Le habían
enseñado a presentarse.
-
¡Yo también! – replicó el niño, abriendo mucho los
ojos. – Y tengo seis años.
-
Yo tengo uno.
-
¿Uno? ¿Y ya sabes hablar?
Blaine carraspeó. Ese enano iba a
descubrirles en un santiamén.
-
Kurt, tenemos que irnos – dijo, deteniendo el
columpio.
-
¿Qué? ¡Pero si acabamos de llegar!
-
Ya, pero se hace tarde. Tengo que ensayar con los
demás.
-
¡Pero aún es pronto! ¡Es pronto, Blaineeeee! –
protestó el híbrido.
Blaine suspiró y se preparó para coger al
pequeño en brazos, pero Kurt le sorprendió sacando sus uñitas y dándole un
arañazo. No fue un zarpazo profundo, solo lo suficiente como para que no se
acercara.
-
¡Kurt! ¿Qué te he dicho de arañarme?
-
¡No quiero irme todavía, es prontoooo!
-
Lo siento, peque, pero nos tenemos que ir –
insistió, e intentó darle la mano, pero entonces Kurt le mordió y le clavó los
colmillitos, haciéndole bastante daño.
Sorprendido, Blaine apartó la mano y el
híbrido aprovechó para salir corriendo.
-
¡Kurt! ¡Kurt, vuelve aquí! – gritó, y salió tras él,
pero el pequeño se metió por un agujero de uno de los juegos del parque y Blaine
no pudo seguirle. Era demasiado grande para entrar por ahí.
-
¿Quieres que vaya a buscarle? – se ofreció una voz a
sus espaldas. Blaine reconoció al niño del columpio, que por lo visto se
llamaba Kurt también.
-
Te lo agradecería…
-
Bueno. ¿Pero le vas a dar en el culito? Entonces no
le saco, ¿eh?
A su pesar, Blaine tuvo que sonreírle al
mocoso. Le pareció muy simpático.
-
¿Qué haría tu papá si le mordieras y salieras
corriendo?
El niño se chupó el labio y agachó la mirada
de una forma bastante elocuente, dando a entender que ya había hecho la prueba
alguna vez y no le había gustado el resultado.
-
¿Eres su papá? – le preguntó. – Pareces su hermano
mayor.
-
Soy quien cuida de él – respondió Blaine. En todos
los sentidos que importaban, era su padre, pero no sabía cómo explicarse eso a
un niño pequeño. Sin embargo, el niño pareció entenderlo sin problemas.
-
Bueno. Pero tienes que ser buenito con él. Es un
bebé.
-
No tienes de qué preocuparte, yo le quiero mucho. Es
lo más importante que tengo – le aseguró Blaine. En ese momento, una cabecita
asomó por el agujero.
-
¿Lo más importante? – susurró el híbrido, desde su
escondite.
-
Lo más importante – repitió Blaine.
-
¡Pero eres maloooo! ¡Yo no me quiero ir aún!
-
Tenemos que irnos – insistió.
-
¿Por quéeeee?
-
Porque me has mordido, ¿te parece poco?
-
Perdón – gimoteó el pequeño y Blaine escuchó el
inconfundible sonido de los sollozos de su pequeño. ¿Cómo se suponía que tenía
que resistirse a eso?
-
No seas malo – intervino el otro niño y se agachó
para meterse por el agujero. Él sí cabía sin problemas. – No llores, bebé. Tu
papá te traerá al parque otro día.
-
¡Mentira, mentiraaa, nunca me trae!
Blaine sintió un nudo en el corazón ante
aquella acusación.
-
¿Nunca, nunca? Seguro que eso no es verdad.
-
¡Verdad verdadera, que se me caigan las orejitas y
la cola si te miento!
El nudo en el corazón de Blaine cayó
estrepitosamente hasta su estómago.
-
¿La cola? – le oyó preguntar al niño
-
¡Sí! ¿La quieres ver? – preguntó el híbrido.
-
¡No, Kurt, no! – gritó Blaine, pero ya era demasiado
tarde.
-
¡Tienes un rabo como mi gatito! – exclamó el niño.
-
¡KURT; VEN AQUÍ AHORA MISMO!
Blaine no solía gritar, así que el híbrido
debió de impactarse mucho y volvió a asomar la cabecita. Al ver a su papá tan
enfadado salió muy despacito de su escondite, con lágrimas en los ojos.
-
Snif. Me gritaste – le reclamó, con un puchero.
Blaine respiró hondo un par de veces y puso
al híbrido detrás de él, en un gesto protector, mientras el otro niño salía
también del agujero.
-
¡Es un gato! – exclamó el pequeño.
Parecía más curioso que asustado y más
sorprendido que molesto. Tras un breve examen, Blaine llegó a la conclusión de
que no iba a tirarle del rabo ni a hacerle nada a su bebé.
-
Es un híbrido – replicó. – Y ahora mismo, un híbrido
en muchos problemas.
-
Snif, snif. Ya no me quieres.
-
Claro que te quiero. Siempre te voy a querer – le
aseguró Blaine, agachándose para abrazar al bebé. – Pero sabes que no puedes
arañar ni morder ni salir corriendo, ¿mm? Y te dije que hoy tenías que jugar a
ser un niño normal.
-
¡Soy normal! – protestó Kurt, y Blaine lamentó su
mala elección de palabras.
-
Sí que lo eres, tesoro.
-
¡No quiero llevar esta gorra tonta! – exclamó el
híbrido, y se la quitó, dejando a la vista sus orejitas puntiagudas.
-
Tal vez esto no ha sido una buena idea – admitió
Blaine. – Escucha, puedes jugar un ratito más con tu nuevo amigo, ¿bueno?
Eso bastó para que su bebé deshiciera su
puchero. Blaine les vigiló muy de cerca mientras se tiraban por el tobogán,
atento a cualquier posible comentario por parte del otro niño que pudiera hacer
que su bebé se sintiera mal. Pero al niño no parecía importarle que el híbrido
tuviera cola u orejitas y tan solo preguntó si la podía tocar. Jugaron juntos
durante un buen rato, hasta que su bebé empezó a bostezar. No había dormido
siesta aquél día y estaba muy cansado.
-
Creo que alguien tiene una cita con la camita.
-
¡Ño! – protestó Kurt, pero bostezó otra vez.
-
Venga, peque, te caes de sueño.
-
Está bien – aceptó, y caminó hacia él agarrándose la
colita entre las manos. - ¿Sigues enfadado conmigo?
-
No, bebé. No estoy enfadado, pero en casa vamos a
hablar de lo que hiciste hoy, ¿mm?
Kurt le dedicó un enorme puchero pero esta
vez dejó que le cogiera en brazos.
-
Despídete de tu amigo, campeón.
-
Iosh – murmuró, moviendo la manita en señal de
despedida mientras apoyaba la cabeza en el hombro de su padre.
-
Gracias por jugar con él – añadió Blaine.
El niño pareció muy extrañado porque le diera
las gracias y les dijo adiós con la mano, algo apenado porque se fueran tan
pronto. Entonces echó a correr hacia su padre, y Blaine les escuchó hablar
mientras recogía la bolsa con las cosas de su bebé.
-
¡Papá, papá! ¡He conocido a un niño gato!
-
¿Cómo dices?
-
¡Tenía cola y orejitas!
-
Sería un disfraz, cariño.
-
¡Qué no! ¡Arañó a su papá!
-
Uy, qué feo esta eso.
Blaine sonrió, el hombre no había creído a su
hijo. El secreto del híbrido seguía estando a salvo. Al menos había podido
jugar sin esconderse y hacer un nuevo amigo. Acarició la espalda de su bebé,
feliz porque no hubiera conocido lo que se sentía al ser marginado por ser
diferente. Haría lo que hiciera falta para evitar que se sintiera así alguna
vez.
Dream me encanto tu corto, y por supuesto que no me importa que tomen prestados a mis personajes, ame la interacción entre los dos Kurt's son tan monos.
ResponderBorrarSoy Tali Google cambio mi nombre.
Dream por favor vuelve a escribir de Aidan, amo esa historia
ResponderBorrarAaww que lindo capitulo!!
ResponderBorrarDe lo que me pierdo por andar perdida!! Me encantó mucho leer del bebé u que bueno que se salvó del castigo jajaja es que es tan tierno!!