viernes, 28 de septiembre de 2012

ya no estás en Kansas, Dorothy





Segundo capítulo: ya no estás en Kansas, Dorothy

-  Hogar, dulce hogar (dijo Mario la llegar al apartamento dejando todas las maletas en el recibidor y tirándose en el sofá exhausto).
-  ¡Habéis hecho obras!
-  Mi marido es arquitecto, siempre estamos en obras. Jajaja ¿la última vez que estuviste aquí de que color era la cocina?
-  Los armarios rojos, las encimeras, paredes y suelo negro y los electrodomésticos eran de acero inoxidable.
-  Tres años. Joder, vaya memoria ¿seguro que no te quieres dedicar al diseño de interiores?
-  No, creo que paso (con cara de horror) ¿Y Camilo? ¿No debería estar en casa?
-  Tienes razón ( se levantó del sofá y fue a la entrada, había una nota en el zapatero) a salido a por la tarta de bienvenida (dijo gritando desde el recibidor) mira que le dije que no comprara nada (dijo en plan cascarrabias)
-  A mi me gustan las tartas.
-  Pues estudia hostelería y te hincharás a hacer tartas
-  Me gusta comerme las tartas (dijo aclarándole)
-  Ja jajaja
-   ¿Mario?
-  ¿Si?
-  ¿Todas nuestras conversaciones van a cavar con “pues podrías dedicarte a”? porqué si es así, mejor me tomo el primer vuelo para casa.
-  Vale, ya lo dejo (Juan sonrió) por ahora (añadió finalmente Mario. Juan puso los ojos en blanco y dio un bufido de frustración) Vamos a ver tu habitación, a ver que ha hecho Camilo con ella.
-  ¿qué no iba a quedarme en la habitación de invitados?
-  Si, cómo si Camilo fuera a dejar escapar esta ocasión para remodelar algo de esta casa. Seguro que ha hecho algo, vamos a ver, quiero tener varios chistes preparado para cuando vuelva con la tarta jajaja (Juan corrió hacía la habitación de invitados)
-  ¡Joder!
-  ¡Juan, esa boquita! (dijo poniendo una mueca de disgusto y fue también para la habitación) ¡Joder! (Juan lo miró y arqueo la ceja) perdón. Camilo se ha vuelto loco.
-  A mi me gusta.
-  ¡Y toma y a mi! No me refería a eso ¿cuánto se habrá gastado en la maldita remodelación? ¡Pero si solo ha tenido una semana!
-  ¿una semana? ¿Cómo que una semana? Yo no lo supe hasta este viernes.
-  Sí, lo sé, yo estaba allí ¿recuerdas?
-  Viniste porque te pidieron que te me llevaras ¿no?
-  Fui porque mi hermanito de 17 años había tenido un accidente de coche.
-  No tuve ningún accidente de coche
-  Juan, el coche quedó siniestro total.
-  Era una mierda de coche
-  Estoy de acuerdo que aquel Opel era una mierda coche pero eso no quita que TÚ tuviste un accidente con ese mierda de coche por hacer carreras ilegales a las tantas de la madrugada (Juan no llevaba ni cinco minutos en casa y Mario ya se estaba calentando).
-  Cómo quieras (Mario no soportaba el “cómo quieras” de Juan, cuando veía que no se salía con la suya se limitaba a decir “cómo sea” o “como quieras” y a poner muecas o morritos)
-  Juan (estaba apunto de soltarle cuatro de frescas cuando se escuchó la puerta de la entrada)
-  ¡Chicos! ¿Dónde están? Vine con la tarta (gritó Camilo desde la entrada)
-  En la habitación de invitados (gritó Juan)
-  Un segundo, dejo la tarta en el refrigerador y voy. Mario, no debiste dejarlo entrar quería verle la cara cuando la viera por primera vez (Mario no pudo evitar sonreís como un niño travieso).
-  Hola Camilo (dijo Juan cuando al fin entró Camilo en la habitación)
-  Hola Juanito (dándole dos besos) pero si ya estás hecho todo un hombrecito.
-  Camilo, por favor que tengo 17 años
-  Disculpa (poniendo la voz 2 octavas más grave) es un placer tenerte en casa (estrechándole tan fuerte la mano que a Juan se le escapó un pequeño ayyy) ¿mejor? (dijo sonriendo Camilo)
-  Si, pero no creo que pueda usar esta mano en un par de días.
-  Ningún problema la escuela no empieza hasta el lunes que viene.
-  Camilo, tú si que sabes cómo animar a un chico.
-  ¿Con quién has hablado? (riéndose maliciosamente)
-  Oooo (dijo Juan con cara de asco) por favor Camilo, que te acuestas con mi hermano.
-  Si, cada noche
-  Noooooooooooo, no quiero saberlo. Es mi hermano sabes y yo tengo una imaginación muy visual.
-  Pues imagínatelo con barriguita, porque ha ganado barriguita.
-  No, no es cierto.
-  Si, si lo es, al menos 4 o 5 kilos de más.
-  Es esta ropa que es muy ancha y
-  Claro la ropa, y yo no soy pelirrojo, es está luz que me da tonos cobrizos
-  Jajajajaja (Juan no podía parar de reírse) es verdad Mario, estos días has zampado como un cerdo.
-  Eyyyy que eres mi hermano, se supone que tienes que estar de mi lado y no aliarte con este hijo secreto de Jane Fonda.
-  Búrlate, todo lo que quieras, pero para ti no hay tarta.
-  Jajaja (casi llorando) Mario creo que te acaban de castigar sin postre.
-  Dejémonos de tonterías (Camilo se puso serio) ¿Qué te parece la habitación? Si hay algo que no te gusta se puede cambiar, sin ningún tipo de reparo.
-  ¿estás de broma? Es le mejor habitación que jamás he visto. Cuando Mario me dijo que habías remodelado la habitación de invitados para mí, he de confesar que durante unos segundos estuve un poco asustado.
-  ¿Por qué? ¿pensaste que sería rosa? (Dijo Mario riéndose un poquito a costa de su hermano. Juan se puso todo rojo al darse cuenta que había caído en un cliché muy sobado y tonto)
-  Juanito, puede que sea arquitecto y paisajista, gay, vegetariano, excéntrico, y hasta puede que sea un poco budista. Pero, que quede claro, aquí y ahora, soy un profesional como la copa de un pino, e hice esta habitación pensando en ti y no en Hello Kitty llena de LSD hasta las cejas (lo cierto es que Camilo era un arquitecto de mucho renombre).
-  Lo siento (dijo Juan bajando la cabeza pero más para que no se le viera que se estaba meando de risa que por vergüenza).
-  Mientras que no lo olvides no pasará nada jajaja
-   (Mario le dijo a la oreja a su hermano) aunque se ría, habla en serio.
-  Déjate de secretitos Mario y recoge las maletas de la entrada. Antes casi me caigo con la tarta.
-  ¿las he dejado en la entrada? (preguntó inocentemente)
-  No, debió de ser el botones, mañana mismo pido que lo despidan.
-  Jajaja (juan no podía para de reír)
-  ¡Ey, tú no te rías tanto! Sé que maletas son de mi marido, lo sé porque se llevó las mías, y algunas de esas maletas no son mías. Así que ya te estás instalando en tu habitación.
-  Si, señor (haciendo el saludo militar)
-  Juanito, Juanito (dijo señalándole con el dedo como haría una profesora de primaria)
-  Camilo, por favor, no me llames Juanito, ¿anda?
-  Lo siento, pero me niego a llamarte monito.
-  Juanito está bien, pero por favor, no en público.
-  ¿quién ha dicho que YO quiera que me vean contigo en público? Tengo un nombre ¿recuerdas?
-  Camilo alcázar
-  Jajaja (fingiendo reírse), ya veo que todos los de la familia tenéis la misma poca gracia. Venga a recoger esas maletas (y le dio una nalgadita hacia el recibidor)
-  Ey, que a mi no me va ese rollo (dijo Juan llevándose la mano al trasero)
-  Pues si no te va ese rollo…ya sabes…calla y obedece, ¡las maletas!
-  ¿Es siempre así de mandón? (le preguntó flojito a Mario)
-  Siempre (dijo aun más flojito y poniendo cara de terror) jajaja

Camilo, Mario y Juan se pasaron el día haciendo un poco de turismo. Al día siguiente Mario debía regresar a trabajar así que hasta el fin de semana no podría acompañar a Juan a conocer la ciudad. Juan ya había estado varias veces en la ciudad por lo que no parecía muy interesado en la historia, ni para desilusión de Camilo, la arquitectura, pero fue un día entretenido. Al llegar la tarde los tres llegaron rendidos a casa. Se ducharon y se prepararon para la cena. Iban a ir a un restaurante tailandés muy bueno del centro, pero todos estaban muy cansados y decidieron quedarse en casa. Mario se metió en la cocina y se puso a preparar una buena ensalada y unas pechugas de pollo a la pimienta. Mientras cenaban los tres, Mario creyó oportuno tener una charla con Juan sobre como iba a ser la convivencia.

-  ¿te gusta la cena? (dijo Mario)
-  Si, está muy rica (contestó con la boca llena)
-  Juan, deberíamos dejar unas cosas claras ya ahora.
-  Mmmmm (mirándolo pero sin dejar de comer)
-  Estás viviendo en nuestra casa y tenemos unas normas.
-  Mmmm (arqueó una ceja)
-  Si, ya te lo comenté. Mientras que esté es nuestra casa no toleraremos faltas de respeto alguna, embustes, drogas, alcohol o carreras ilegales.
-  Mario yo no tomo drogas (dijo con un tonito cansado).
-  Lo sé, pero quería dejarlo claro. Además si Camilo o yo te pedimos que hagas algo o que no lo hagas, espero que nos hagas caso.
-  Si, eso me suena, tranquilo me portaré bien.
-  Ah! Y quiero que no tan solo nos respetas a nosotros, también a nuestras cosas, nuestra habitación y el despacho de Camilo están totalmente prohibidos para ti. Camilo y yo somos muy especiales con nuestras cosas y no nos gusta que vayan toqueteando en nuestras cosas. Ambos somos muy maniáticos con nuestra intimidad ¿entendido?
-  Tranquilo no hurgaré en vuestros juguetitos jijiji (Camilo no pudo reprimir la risotada)
-  Juan, (en tono de advertencia, Mario no lo encontraba tan gracioso) hablo en serio.
-  De acuerdo (diciéndole solo para que se callara)
-  Juan, cualquier tontería o impertinencia y acabarás en el mismo sitio donde acabaste el viernes pasado (refiriéndose sobre sus rodillas. Juan tragó saliva)
-  No habrá problemas (dijo sintiendo como sus mejillas se ponían coloradas)
-  Eso es lo quería oír.
-  ¿Y qué planes tienes para mañana? (preguntó Camilo viendo que el chico estaba rojo como un tomate)
-  No sé (encogiéndose de hombros)
-  ¿Qué es lo que te gusta? (Juan se volvió a encoger de hombros) Mario me dijo que te gustaban los animales marinos ¿no?
-  Bueno (sin mucha alegría)
-  El aquarium que hay en la parte alta es realmente extraordinario.
-  Ya, lo vimos hace tres años cuando vine la última vez.
-  ¿quizás hayan traído nuevos peces? (Camilo dijo intentando ser de ayuda)
-  Puede
-  El 23 te lleva al estadio (dijo Mario sin ningún tipo de emoción)
-  ¿hay partido esta semana?
-  No lo sé, puedo mirarlo ¿si estás interesado?
-  Sería fantástico, hace un montón que no vamos a ver un buen partido (dijo Camilo). Podríamos pedirles los pases a la secretaria de tu jefe. ¿sigue de vacaciones, no? (Juan ya se había desconectado de la conversación)
-  Si, hasta finales de mes. ¿qué te parece Juan? (llamando la atención de su hermano) ¿te apetece que vayamos a ver un partido?
-  Vale (dijo no con mucho entusiasmo y volviendo a encogerse de hombros) estoy muerto, creo que me voy a acostar (dijo dando un bostezo)
-  De acuerno, pon tus cacharros en el lavavajillas y acuéstate.
-  ¿quieres que te despierte mañana antes de marcharme? (le pregunto Mario sin dejar de sonreírle).
-  No es necesario, gracias (y se levantó de la mesa y recogió la mesa y finalmente se acostó)

Después de que el chico se fuera a la cama Camilo y Mario se quedaron en el sofá viendo una película.

- No parece muy contento de estar aquí.
- está contento de estar aquí, Camilo. Solo que no es muy activo.
- ¿pero que dices? Hace dos años cuando fuimos a casa de tu hermano por Navidades ese niño casi me envía directo a la tumba. Y yo no soy como tu, voy 2 horas diarias al gimnasio.
- Bueno, ha cambiado un poco en estos dos años (dijo sonando preocupado).
- ¿por lo que me comentaste? ¿Por lo de Cristina, no?
- espero que solo sea por eso, y que en un par de meses vuelva a tener ganas de hacer cosas nuevas.
- Ya verás como si. Esto le va a encantar. Por cierto ¿tenías que ser tan duro el primer día?
- Fernando me dijo que con Juan más valía dejar las cosas claras desde el principio.
- Pero seguro que tu hermano ya lo habrá castigado suficiente por lo del accidente, deberías de ser menos gruñón con él.
- no te lo he contado todo, estando en casa de Fernando tuve que arrearle una buena zurra.
- ¿Qué? ¡Por dios, Mario! Si es casi un hombre.
- tú no estabas allí, si hubieras estado no hubieras hecho algo muy diferente.
- ¿Qué pasó?
- nos insultó, y no insultitos de niño en plena pataleta, a Cristina la llamó puta y a mi maricón. Y eso fue la guindita del pastel, antes me tiró un despertador, estuche y una zapatilla a la cara. El estuche me dio en plena cara, te juro que vi las estrellas. Y Cristina me confesó que Juan le había levantado la mano.
- ¡Qué!
- Eso mismo, no soy gruñón porque si. Hay algo malo en mi hermanito y no quiero que sea lo que sea estallé en nuestra casa. Así que más vale prevenir que curar.
- Lo tendré en cuenta, le diré a mi entrenador personal que trabajemos los reflejos.
- tú tómatelo todo en broma, pero después no me vengas con “mira lo que ha hecho tu hermanito o lo que me ha dicho tu hermanito”.
- es tu hermanito. Yo no pienso hacer de perro policía con él.
- Como quieras pero tampoco socaves mi autoridad, por favor (dijo Mario poniéndole morritos a la vez que le susurraba un par de cosillas más intimas a la oreja).
- No tienes que sufrir por eso, te apoyaré al 100x100 en todo, aunque piense que estás siendo un poco gruñón.
- bueno, estará bien para variar. Tú dejarás de ser le gruñón y yo dejaré de ser el bonachón.
- Ey, ¿desde cuando soy yo el gruñón? (dijo Camilo fingiendo estar enfadado)
- Desde el día que naciste, jajaja (dijo huyendo a su habitación)
- así con que con esas tenemos, eh (corriendo tras de él)

Juan se despertó sobre las nueve de la mañana, había dormido de tirón. Hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. No sabía si era por que realmente estaba muy cansado, porque aquel colchón era una pasada o porque estaba lejos de casa. Después de cotillear por la cocina en busca de algo para desayunar, encontró en el salón una bandejita con un típico desayuno continental. Podía acostumbrarse a eso de vivir con Mario y Camilo. Tras desayunar, se tiró en el sofá y estuvo viendo la tele, series y el canal de música. Al cabo de un rato, le entró ganas de ir al lavabo, así que se levantó del sofá y se fue para el baño, pero de camino al baño estaba el despacho de Camilo. Y no hay nada más apetitoso que la fruta prohibida. Así que decidió entrar en el despacho. Era el típico despacho de arquitecto. Demasiado minimalista para Camilo pensó Juan. Fotografías en blanco y negro de edificios y puentes en las paredes. Y todo de un blanco nuclear que hasta hacía daño a los ojos. Juan pensó que Camilo tendría que hacer sus planos con gafas de sol. La mesa de dibujo era enorme y tenía una de esas impresoras enormes, que parecen sacadas de la revolución industrial. Juan se apoyó en una de las paredes y al separarse el plafón cedió, no eran paredes todo eran muebles empotrados, donde Camilo guardaba revistas y libros. Juan como si fuera un niño pequeño, empezó a apretar todos los plafones. Era divertido. Pero pronto recordó lo que le había hecho levantarse del sofá y salió del despacho de Camilo.
Al salir del lavabo, recordó que había otro sitio donde tampoco había entrado aun. La habitación de su hermano y Camilo. Se sentía como ricitos de oro en la casa de los ositos. Lo cierto, es que esperaba encontrar algo bochornoso con lo que martirizar a su hermano durante días. En casa de Fernando no había ninguna habitación que estuviera prohibida. Aquello era, en opinión de Juan, aquello era ridículo. Su hermano se había vuelto un tocapelotas desde que vivía en la gran ciudad. Se le habían subido los humos.
La entrar en la habitación de Mario y Camilo, Juan se quedó maravillado, parecía una habitación de hotel de lujo. Todo estaba cuidado hasta al más mínimo detalle, para hacerte sentir arropado y relajado. Juan no pudo evitar, estirarse en la cama y cerrar los ojos e imaginarse que estaba en una lujosa suite en las Bahamas, sin darse cuenta se quedó profundamente dormido. Pero el sonido de la puerta lo despertó.

- ¿Juan? (era Mario. Juan entró en pánico, se levantó corriendo de la cama y estiró como pudo las sabanas)
- ¿Juanito? (Camilo dijo mientras dejaba unas bolsas en la cocina. Juan, estaba atrapado, si salía se encontraría de frente a Camilo y a Mario)
- Debe haber salido a dar una vuelta (dijo Mario).
- ¿Y tú qué estaba tan preocupado, porque se pasará el día aquí encerrado? (Juan miró al reloj, se había quedado dormido más de 4 horas)
- Me voy a dar una ducha rápida y ponerme algo más cómodo.
- vale, ve tu primero, yo iré después. No olvides que esta noche hemos quedado con los tipos esos del ayuntamiento (Juan decidió hacer lo único que se le pasó por la cabeza se escondió debajo de la cama).
- ¡Bufff! que pereza (dijo con la mano en el picaporte de la puerta de su habitación. Juan cerró mucho los ojos, como los niños que piensan que si ellos no pueden verlos, los demás tampoco pueden verlos a ellos)
- Recuerda que me lo prometiste (Camilo dejó lo que estaba haciendo en la cocina y se fue para la habitación también).
- pero está aquí mi hermano… (Tirando la americana sobre la cama y empezando a desvestirse)
- Ni se te ocurra, esa cena es muy importante en 60% de los encargos son del ayuntamiento (abriendo el vestidor, para ver que se iba a poner esa noche).
- Lo sé, lo sé. Iré, te lo prometí y cumpliré mi palabra (dándole un beso).
- Gracias, mi amor (devolviéndole el beso).
- ¿Porque no nos duchamos juntos? (dijo Mario mordiéndole el lóbulo de la oreja a Camilo. Juan, debajo de la cama, solo los oía, pero quería morirse. De repente le recorrió un sudor frío por la espalada y si Camilo y su hermano se ponían a tener sexo ahí mismo. Por dios, que eso no pasara, prometía no volver a entrar nunca más ahí si dios le libraba de esa experiencia)
- mmmmm hace tiempo que no nos duchamos juntos (dijo Camilo quitándole la camisa a Mario) mmmm (Juan empezó a oír gemiditos y algo que parecían besos o lametones, no estaba muy seguro, pero estaba a punto de vomitar) ¿y si viene el niño? (Juan respiró aliviado, eso es Camilo ¿y si viene el niño?, mejor no hagáis nada, pensó Juan, cruzando los dedos).
- ¿Qué pasa si viene? En nuestra habitación no puede entrar
- aaaah (Camilo dio un gritito de placer. Juan no quería ni imaginarse que narices le había hecho gritar así a Camilo) Mariooooooooooooooo, por favor, pórtate bien ummmmmmmmmmm.
- quiero ducharme con mi marido ¿qué tiene eso de malo? (dijo Mario con una vocecita maliciosa) No pretenderás que nos pasemos todo este año sin follar (dijo Mario en tono burlesco)
- ummmmnooooo (Mario desabrochó los pantalones de Camilo y cayeron hasta los tobillos. Juan estaba apunto de chillar de pánico) Pero no me gustaría que el chico llegara y no nos viera
- jijiji mi hermanito no le interesa lo más mínimo vernos, cree que somos viejos y aburridos.
- no digas eso, no somos viejos ni aburrido, estate quieto, eres como un niño chico (le picó las manos)
- pues este niño chico quiere darse un baño con su juguete favorito (dijo Mario poniendo vocecita de niño pequeño).
- No sé ummmm jajaja
- mira, lo llamó y le preguntó por donde anda y si tardará mucho en regresar. Así podremos saber como de rápida va a ser la ducha jijiji
- ahhhhhhhhhhhhh (Camilo volvió a gemir) vale (Mario se sentó en la cama, Juan notó como el colchón se hundía un poco)

De repente Juan, notó como su teléfono que llevaba en el bolsillo del pantalón empezaba a vibrar y en menos de un segundo empezó a sonar debajo de la cama. “eye of thetiger”.

- ¡¡¡Pero qué demonios!!! (Dijo Camilo agachándose para ver de donde venía la música) ¿Juan? (Camilo no podía creerse que Juan estuviera ahí debajo escondido como un maldito mocoso de tres años)
- ¡Ah! hola Camilo (dijo tímidamente Juan con una sonrisita de circunstancias)
- ¿Juan? (dijo Mario, colgando el teléfono y agachándose también)
- Mario (Saludó Juan con la manita. Juan quería que le tragase la tierra en ese mismo instante. Mario tenía una cara de perro indescriptible. Mario lo agarró del brazo y tiró de él para sacarlo de la cama. Una vez Juan estuvo de píe frente afrente a él, se apresuró a subirse los pantalones. Camilo hizo lo mismo)
- Espérame en tu habitación (Mario estaba furioso y Camilo no se veía muy feliz tampoco) ¡VE! (Juan estaba ahí de píe quieto sin saber que decir para disculparse) ¡JUAN, FUERA! (dijo Mario dándole 4 nalgadas bien fuertes en el muslo izquierdo. Eso hizo a Juan volver a la realidad y salió corriendo de la habitación).
- ¡DIOS MIO! Ha estado todo el rato ahí, dios. Nos ha oído, cómo…dios, no voy a poder mirarlo a los ojos en mi vida, que vergüenza dios. ¡Ay! madre, si es solo un niño. Tu hermano me mata.
- Camilo, cálmate, no hemos hecho nada, bueno íbamos pero no hemos llegado a nada…
- ¡Dios! Que vergüenza (dejándose caer derrotado en la cama). Imagínate, que no llegas a llamarlo, imagínate que tú y yo hubiéramos continuado
- ya, vale, Camilo, ya… ¡Yo lo mato! (a Camilo se le pasó la vergüenza y empezó a sentirse cada vez más y más enfadado con Juan y aquella fragante violación de su intimidad) ¡Pero cómo se atreve a entrar en nuestra habitación, sin permiso! Y justo después que ayer noche le dijeras que estaba prohibido entrar en mi despa… (Y Camilo salió de la habitación corriendo. Mario que creía que iba a matar a Juan, salió detrás de él. Pero Camilo no fue a la habitación de Juan sino a su despacho. De repente vio como uno de los plafones de la pared estaba mal cerrado y su cara se transformó por completo) ¡NO TIENE 3 AÑOS, TIENE 17 AÑOS, MARIO! (dijo gritando, Camilo estaba muy furioso. No soportaba que la gente hurgase en sus cosas. No le gustaba ni que Mario lo hiciera, es más Mario, jamás entraba en el despacho de Camilo si él no estaba) ¡PERO QUE MIERDAS TIENE TU HERMANO EN LA CABEZA! LE PEGA A SU MADRE. TE LANZA UN ESTUCHE A LA CARA. TE INSULTA. ¡Y AHORA LE ABRIMOS LAS PUERTAS DE NUESTRA CASA Y NO TARDA NI 24 HORAS EN METERSE EN NUESTRA HABITACIÓN Y EN HURGAR EN NUESTRAS COSAS! ¡ME SIENTO VIOLADO! ¡ME SIENTO VIOLADO EN MI PROPIA CASA, MARIO!
- Camilo, por favor, no te alteres, ve, tomate esa ducha, cámbiate y bájate al gimnasio a hacerte unos largos a la piscina. Eso siempre te tranquiliza mucho. Mientras yo hablaré con mi hermano.
- ¡Hablar! ¿Hablar? Mario no quiero que hables con él, solo quiero… (Camilo se tuvo que morder la lengua, sabía cuanto significaba para Mario su familia. Pero realmente se sentía ultrajado. Para Camilo era muy importante que la gente respetara su espacio y sus cosas. Había crecido en el seno de una familia numerosa y aquel apartamento era su primer hogar propio, era su oasis de paz y orden. Al principio le costó incluso que Mario se fuera a vivir con él y tener que compartirlo todo con Mario. Pero Mario era su marido, su amor, su vida y ahora no solo no le costaba compartir sus cosas con Mario sino que no entendía la casa sin compartirla y disfrutarla con él. Pero con el resto de la humanidad Camilo seguía poniendo mucha distancia)… tienes razón, estoy muy alterado ahora mismo. Me voy a tomar esa ducha y bajaré al gimnasio.
- Camilo… (Mario lo miró con gratitud y amor), gracias.
- (respiró hondo) Si vuelve a toquetear en mis cosas…grrrr (estaba tan furioso que ni podía hablar con coherencia) ¡No tiene 3 putos años, Mario!
- Lo sé, no sé que decir, lo siento (dijo acercándose tiernamente y acariciándole la cara para que notara algo de calidez y amor que le ayudarán a sentirse mejor). Cariño, hablaré con él, y te prometo que no volverá a entrar ni en nuestra habitación ni en tu despacho sin nuestro permiso nunca más.

Al cabo de media hora Camilo salió de casa con la bolsa del gimnasio en la mano, aun un poco enfadado pero con los nervios más bajo control. La verdad es que tenía que salir de casa, porque si se cruzaba con Juan, lo más probable es que le diera un buen puñetazo. Y eso no estaría bien, porque Juan era el hermano de su marido y porque tan solo era un niño. Mario decidió que aun estaba demasiado furioso con su hermano como para hablar con él. Así que se puso a ver un poco la tele. Pero llevaba más de 20 minutos de ver la tele y no se estaba enterando en nada, en su cabeza solo había una cosa, la cara de dolor de Camilo, al entrar en su despacho y descubrir que alguien había entrado en él sin su premiso y que había estado abriéndole los armarios y quien sabe que más. Mario preparó un poco de té de naranja, canela y jengibre y sirvió dos tazas, respiró hondo y picó en la puerta de Juan

- ¿Se puede? (preguntó Mario desde fuera)
- Si (dijo Juan. Cuando Mario entró en la habitación de Juan, no esperó ver lo que vio. Juan estaba hecho un ovillo en un rincón y la habitación estaba toda patas arriba, estaba claro que el chico le había dado una pataleta monumental y la había emprendido con los muebles)
- ¡Juan! Pero que… (Pero el chico no se movía de su rincón) Juan (Mario se sentó en el suelo al lado de su hermano)
- Mario, por favor, no me hagas regresar, yo no puedo, no puedo, lo juro…por favor (Juan estaba llorando desconsoladamente, casi no podía respirar) no me eches, no tengo donde ir, no puedo volver allí
- Shhhhhh nadie te va echar. Shhhhh ya está, respira (dijo pasándole el brazo por encima y abrazándolo) shhhh ya está, ya está, Tú no vas a ninguna parte.
- Pero yo oí a Camilo
- tú y todo el vecindario jajaja, lograste enfadarlo de verdad. Ya sabes que Camilo es un poquito especial con sus cosas.
- No, lo hice adrede, lo juro (dijo entre sollozos)
- Mira Juan, te quiero mucho, pero no soy idiota, tienes 17 años no dos. No sé porque entraste en la habitación y en el despacho, pero sé perfectamente que sabía que no debías entrar (poniéndose más serio pero con un tono de voz aun muy cálido).
- yo no quería que él se enfadara.
- Conoces A Camilo, me conoces a mí ¿Cómo pensaste que reaccionaríamos cuando llegáramos a casa y nos diéramos cuenta que habías estado en nuestra habitación y en su despacho?
- me quedé dormido y…no pensé que os fuerais a dar cuenta…yo no…
- Juan, ¿Me estás diciendo que no importa lo que Camilo o yo te digamos, que tu vas a hacer lo que te venga en gana a nuestras espaldas? Porque si es eso tú y yo vamos a tener serios problemas.
- Pero no lo entiendo, en casa no habían habitaciones prohibidas.
- Eso es porque ni papá ni Fer trabajan en casa. Además creo que no es necesario que se te prohibiera, como se te prohibió, que entraras en nuestra habitación, para saber que entrar en al habitación de otra persona sin su permiso es violar su intimidad.
- ¡Pero eres mi hermano!
- Exacto, soy tu hermano y tengo una intimidad, y deberías de mostrar más respeto por ella.
- lo sientooo (ocultando la cabeza bajo sus brazos y volviendo a llorar).
- Para ya, ya te he dicho que no te voy a echar y si aquí hay alguien que debería estar llorando dolido ese es Camilo o yo ¿no crees?
- ¿Crees que me perdonará?
- Hoy no y puede que mañana tampoco, pero para el fin de semana ya serás de nuevo su cuñado favorito.
- ¿Soy su cuñado favorito? (dijo sorprendido)
- ¿No conoces a la familia de Camilo, verdad? Ja jajaja
- jajaja
- bueno ahora que ya estás un poco más clamado ¿puedes decirme cuando ha empezado la tercera guerra mundial? ¿Y porque tenía que empezar en mi casa? (refiriéndose a la habitación)
- quizás la haya tomando un poco con los mueble, cuando me enfado me sirve para aliviar tensiones.
- la próxima vez que quieras aliviar tensiones, avísame y te enseñaré unos ejercicios de relajación. Venga, levántate, vamos a ver si podemos arreglar todo esto antes que venga Camilo. Si ve lo que has hecho con la habitación con lo que le costó tenerlo todo apunto para tu llegada, entonces no importa lo que yo le diga o haga, eres hombre muerto (le dijo sonriéndole y los dos se pusieron a arreglar la habitación).
- ¿Crees que deberías de pedirle perdón? (dijo Juan colocando la silla del escritorio en píe)
-Hoy mejor no salgas de la habitación. Mañana en el desayuno, lo primero antes de nada, le pides perdón y le darás tu palabra que no volverá a repetirse. Y Juan, tu palabra de verdad, no solo para acallarlo.
-tranquilo, no volverá a pasar, te lo juro. Fue una estupidez, no sé ni porque lo hice.
- Pues entonces estamos en un problema, porque haces cosas sin saber el porqué. Quizás debamos internarte en uno de esos manicomios tan siniestros
- jajaja muy graciosos Mario. Supongo que ya sabes, lo de la fruta prohibida
- bueno pues está fruta no solo está prohibida sino también condenada.
- ¿Condenada?
- siiiiii (Dijo Mario arqueando la ceja y sentándose sobre la cama de Juan. De repente Juan se dio cuenta a que se refería Mario)
- ¿No puedes estar hablando en serio?
- Me temo que si. Lo podemos hacer por las buenas o por las malas, tú decides, pero sea como sea, hermanito, te aseguro que la próxima vez que te apetezca darle un mordisco a la fruta prohibida te lo pensarás mucho antes.
- perooooo
- Juan ¿por las buenas o por las malas? (dijo mirándolo muy fríamente de arriba a bajo. Juan tragó saliva)
- ¿Cuál es la diferencia? (Mario no esperaba esa pregunta, esperaba que Juan ya supiera la diferencia. Si su padre no hubiera en aquel accidente de coche, una sabría muy bien esa diferencia)
- ok, por las buenas. Tu vienes, te bajas los pantalones, te colocas sobre mis rodillas y yo te doy con la zapatilla unas buenas nalgadas (Juan puso una mueca de dolor) Por las malas, yo voy y te agarró por la oreja, te abajo los pantalones y calzoncillos y te doy con el cinturón unas buenas nalgadas ahora y después antes de dormir te doy con la zapatilla las que debí darte por las buenas. ¿Y entonces Juan, qué va a ser?
- supongo que por las buenas.
- Buena elección, créeme sé por propia experiencia que por las buenas es la mejor opción. Venga acabemos con esto antes que regrese Camilo y quiera ponerse a la cola (dijo medio en broma medio en serio. Juan respiró hondo e hizo lo que Mario le había dicho, se bajó los pantalones y se colocó sobre las rodillas de su hermano y cerró los ojos esperando el primer zapatillazo) PLAFF (dios aquello dolía realmente, si todas iban a ser con esa intensidad, estaba seguro que no volvería a sentarse nunca más) PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF NO VOLVERÁS A ENTRAR EN NUESTRA HABITACIÓN SIN PERMISO PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF (Mario se estaba concentrando en los muslos de Juan, y Juan sabia que cuanto más se concentrar Mario en sus muslos, más iba a recrearse después en su trasero) PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF NO VOLVERÁS A ENTRAR EN EL DESPACHO DE CAMILO SIN SU PERMISO PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF
- AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU AY AY AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU NOOOOOOOOOOOOOOOO
 - NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
- PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF (al fin Mario empezó a castigar el pobre trasero de Juan) PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF NO MÁS DESOBEDECERNOS PLAFF PLAFF PLAFF
- ARGGGGGGGGGGGGGGGGG NO MÁS, NO PUEDO AUUUUUUUUUUUUUUUUUU PARA PARA AUUUUUUUUUUUUU POR FAVOR
- PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF NO SIGNIFICA NO, JUAN. PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF ESTÁ ES TAMBIÉN TU CASA PERO DEBES DE RESPETAR A LOS QUE TAMBIÉN VIVIMOS AQUÍ PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF
- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH AUUUUUUUUUUU
 NUNCA MÁS, LO JURO AUUUUUUUUUUUUUUUU NOOOOOO LO VUELVO A HACER LO JURO AAAAAAAAAAAAAAAAAAH LO SIENTO AHHHHHHHHHHHH PERDÓN AU AUA AUUUUU
-PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF MÁS VALE, JUAN (dijo Mario dejando la zapatilla en el suelo de nuevo y ayudándole a levantarse y subiéndole los pantalones) porque si vuelves a entrar en nuestra habitación en el despacho de Camilo, esto será solo una pequeña muestra de la traca final. Vuélvelo a repetir y estarás recibiendo una zurra de verdad cada domingo hasta que acabe el curso.
- noooooooooo no no (en puro pánico) Te lo juro, nunca más, tienes mi palabra.
- Eso espero, porque yo si que soy hombre de palabra. Ahora acuéstate un ratito, nosotros tenemos una cena, pero te hemos dejado algo de comida en la cocina para la cena. No te acuestes mi tarde, monito (dándole un beso en la frente, apagó la luz y cerró la puerta)

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