domingo, 30 de septiembre de 2012

Cuestión de mala pata




Cuarto capítulo: Cuestión de mala pata

Faltaban dos semanas para que se acabara el segundo trimestre y la escuela tomó la decisión de aprovechar el puente de marzo para hacer un viaje de estudios a la sierra. Los chicos de ciudad no saben apreciar la belleza de la naturaleza y las escuelas privadas como la que iba Juan solían hacer este tipo de salidas. Iban a ser 4 días de acampada en la Sierra Suave. Que aunque se llamaba Suave, no lo era nada, quien le puso el nombre debía de tener un sentido del humor muy retorcido. Juan no estaba muy entusiasmado con la excursión. Y no hubiera ido sino fuese porque “accidentalmente” escuchó como Mario le cuchicheaba a Camilo que podría aprovechar el puente de marzo para escaparse unos días a París. Así que se sintió casi con el deber de darles unos días de vacaciones románticas a Camilo y Mario.
Juan, no sentía ningún interés por la naturaleza, venía de una pequeña ciudad cerca del mar y que estaba enclavada a los píes de una de las sierra más altas del país. Para Juan la Sierra Suave, era una montañita estúpida para que los niños ricos fueran a esquiar los fines de semana durante la temporada de nieve. Nada más llegar, los profesores les asignaron los barracones. Barracones de 6 y de 8. Juan como estaba con los auriculares no sé enteró del sorteo y finalmente lo tuvieron que meter en la última cabaña que quedaba, una de seis justo al lado del barracón de los profesores. Juan parecía el único de los chicos de su barracón que no estaba molesto por tener por vecinos a los profesores. No tenía intención de meterse en líos. Ninguna intención. Su trasero y él se iban a mantener fuera de cualquier lio.
-  Ey Juan ¿arriba o abajo? (le preguntó un chico algo nervioso)
-  ¿Qué? (quitándose los auriculares)
-  ¿Arriba o bajo? (volvió a repetir)
-  Me da igual, tú mismo.
-  Me pido abajo (dijo el chico tirándose sobre la litera).
-  Vale (dijo Juan sin entender aquel alboroto por escoger cama)
-  Oye, pueblerino (Juan puso los ojos en blanco y se giró molesto)
-  ¿Qué quieres, Walter? (dijo Juan cansado)
-  ¿Quieres que te cuente un cuento para ir a dormir? (dijo burlón Walter)
-  No tengo problemas para dormir, si quieres puedes preguntárselo a tu madre, después de follármela bien, siempre me quedó dormido como un tronco.
-  Hijo de puta (Walter se abalanzó sobre él, pero tres chicos lograron detenerlo)
-  Tíos, dejarlo ya. (dijo Mark, el capitán de lacrosse) Ya oísteis lo que dijo el profe con que uno solo del barracón la líe, cavaremos todos durmiendo en el barracón de los profes. Y yo no quiero dormir en el mismo barracón que el apestoso de Brancera (en ese preciso momento entraron en el barracón el director Camer y el profesor de francés Monsieur Durand)
-  ¿todo en orden muchachos? (Preguntó el director. Los chicos disimularon a la perfección haciendo como que colocaban sus cosas o hablaban entre ellos de un videojuego)
-  Si, señor (dijo con sus mejores modales Mark) ¿señor?
-  ¿Si, Mark?
-  ¿A qué hora dijo que sería la cena? (Mark quería aparentar normalidad)
-  La cena se servirá en el barracón número 7.2 en 15 minutos. Espero verlos todos ahí 10 minutos. Sean puntuales (y tanto el director como el profesor se fueron)
-  Bufffffffff de que ha ido. Tíos, si me toca dormir con los profes os juro que vuestra vida el resto del curso va a ser un infierno (Mark no era especialmente fuerte, pero si que era especialmente popular y especialmente rico. Así que aquella no era una amenaza vacía).
-  Tranquilo, capitán américa, no le dejaré marcas (dijo muy brabucón Walter)
-  Yo no puedo prometerte lo mismo, porque cuando acabe con él no lo va a reconocer ni su madre.
-  No me das miedo, paleto
-  Ja (Juan dio una risotada y le dio la espalda ignorándolo como si fuera un mosquito)
-  Después del toque de queda detrás de las duchas, te espero (dijo Walter con una sonrisita de perdona vidas).
-  ¡Oye chicos! No me habéis oído, no quiero meterme en problemas.
-  ¡Mark, calla! (dijeron Walter y Juan a la vez)

El toque de queda era a las diez. Pero ninguno de los dos iba arriesgarse a salir y ser pillados por alguno de los profesores o del director. Así que esperaron hasta pasada la media noche. Todos los del barracón, fingían dormir, pero estaba intrigados si esos dos saldrían a pelearse o simplemente era una fanfarronada más de los chicos. A las 12:20 Walter se levantó y fue hacia la puerta, sin hacer el menor ruido la abrió y salió del barracón. Los chicos se quedaron en vilo esperando ver cual sería el siguiente paso de Juan. Juan no les defraudó, 5 minutos más tarde empezó a vestirse y a calzarse en plena oscuridad.

-  Juan, te lo pido por favor, (Mark se había puesto en frente de la puerta barrándole el paso) Walter es un idiota, no hagas que nos castiguen a todos por que ese estúpido no sabe meterse la lengua por el culo.
-  Mark, agradezco el gesto, pero métete en tus asuntos (dijo apartándolo y saliendo por la puerta)
Juan anduvo un poco perdido, aquello estaba muy oscuro y era la primera vez que estaba en aquel campamento. Además no había puesto ninguna atención cuando habían llegado y habían explicado donde estaba todo. Al cabo de un rato vio el brillo de lo que seguro que era un cigarrillo.

-  Apaga eso, idiota (dijo murmurando Juan y sacándole el cigarrillo de la boca a Walter y apagándolo con el píe) ¿quieres que nos vean?
-  Perdona, es que tardabas mucho ¿Se lo han tragado? (dijo empezando a caminar hacía el bosque)
-  Esos niños ricos son todos unos memos, seguro que aun creen en santa Claus.
-  ¿Qué pasa con Santa Claus? (Walter se paró en secó y le miró con pánico)
-  Jajaja, muy gracioso. (prosiguieron los dos mientras Walter no paraba de reírse) No he salido aquí fuera a charlar, donde está la discoteca esa.
-  A la salida del pueblo, ya te lo dije, justo a una milla de aquí.
-  Ya, pero no tenemos coche.
-  Debajo del cerro está la cabaña del guarda, el año pasado vi que tenía 2 Quads.
-  Entonces solo tenemos que bajar el cerro y pillar los Quads ¿no?
-  Si, exacto, bajamos, pillamos los Quads y nos plantamos en la discoteca, un par de horitas de ligoteo y después volvemos a dejar los Quads subimos el cerro y nos metemos en la camita hasta el toque de diana.
-  No sé, ¿seguro?
-  Si, joder Juan, no te pongas paranoico. El año pasado ya lo hizo Tom Müller y no le pillaron, él fue quien me lo contó.
-  No conozco ese Tom, y si nos pillan mi culo va estar muy muerto.
-  ¡Qué! ¡No me lo puedo creer! Jajaja
-  Oye, que a ti tú viejo te calienta casi cada semana, recuerda las duchas de los vestuarios no son individuales.
-  ¿me miras en las duchas? (dijo con una sonrisita malévola)
-  No de esa forma, idiota.
-  No te ofendas, man, solo es que se me hace raro pensar en tu hermano o su pareja en plan padre sargento.
-  ¿Por qué? ¿Por qué son gays?
-  Si (dijo sin ningún tapujo)
-  Pues toma nota, los gays también zurran.
-  Jajaja (Walter no podía para de reír)
-  déjalo Walter
-  ok, llegamos (los dos chicos miraron el acantilado eran unos 8 o 9 metros, era una pared rocosa que se utilizaba como rocódromo. Juan se inclinó un poco y miró hacia abajo).
-  Genio (dándole un collejón), no traemos equipo.
-  Es un rocódromo, haremos bajada libre ¿no dijiste que sabías?
-  Sí, claro que sé, pero de día, en una pared que conozca y con un calzado adecuado (enseñándole las zapatillas de vestir)
-  Tranquilo, está tirada, es para principiantes. Yo bajo primero, ya verás (empezó a bajar Walter).
-  Si me rompo el cuello, recuérdame que te mate (Juan lo siguió con un poco más de cuidado que su amigo que bajó en plan carreras).
-   (una vez los dos estaban en el suelo) Te lo dije, es una pared para principiantes.
-  Vale, bueno (dijo Juan un poco molesto. Cuando Walter le habló de la discoteca no le mencionó para nada de la excursioncita) ¿Dónde están esos Quads?
-  Ahí, (señalándole la cabaña) ¡agonías!

Los chicos sacaron los Quads de la cabaña con el motor apagado, tomaron las llaves de la lata de cerveza. Tom le había dicho a Walter que el guarda escondía las llaves de los Quads en la alacena dentro de una lata abierta vacía de cerveza. Y así era. Allí estaban las llaves. Arrastraron los Quads unos metros hasta la carretera y una vez allí se montaron y fueron hacía la discoteca. La discoteca era una birria, la típica discoteca de carretera, pensada para los jóvenes de los pueblos vecinos y que seguía con la misma decoración que el día en que la inauguraron. Pero los chicos se lo pasaron genial, bailaron, bebieron, ligaron con un par de chicas muy monas y sobre las cuatro menos cuarto. Walter le dijo a Juan que era hora de regresar. Juan se lo estaba pasando tan bien que se hizo un poco el remolón, pero finalmente se fue con su amigo. Habían tomado solo 4 cervezas, pero ninguno de los dos estaba acostumbrado a beber, así que todo les hacia gracia y todo era súper alucinante. La carretera era recta y a esas horas de la madrugada no pasaba por ahí ni un alma, así que llegaron sanos y salvos a la cabaña del guarda.
Walter estaba todo emocionado, aquella noche había sido genial, aquella chica le había dejado magrearla toda, le encantaban las chicas de provincia. En cuanto sabías que eras de ciudad y que ibas a un cole de ricos, se las bragas se caían solas. Bueno eso no era del todo cierto, pero tenía 17 años, y le gustaba imaginar que así era. Le gustaba fantasear con que si él viviera en un pueblecito se lo pasaría el día follándose a todo lo que le llevara faldas. Primero entró Juan y dejó el Quads en su mismo sitio, y cuando Walter estaba entrando el suyo, de repente…
-  Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh
-  ¡Joder, joder, joder! (Walter se detuvo en cuanto oyó el grito de su amigo) ¿qué pasó?
-  Imbécil, me pasaste con el Quads por encima del píe (Juan estaba hecho un ovillo en el suelo agarrándose el píe)arggggggggggggggggggghdueeeeeeeeeeeeele, joder! (bramó)
-  Déjame, ver (con cuidado le quitó la zapatilla, aquello le dolió aun más a Juan) Creo que tienes el meñique roto
-  No…si estuviera roto me habría desmayado del dolor, solo es el golpe. En un minuto ya me pondré de píe.
-  ¿seguro? Yo una vez me rompí un
-  ¡Walter! ¡No está roto! Es mi dedo, sé cuando está o no está roto ¿vale? (dijo furioso Juan)
-  Ok, (Walter se quedó unos minutos a su lado esperando a ver que pasaba) tío, lo siento, no quise pasarte por encima del píe.
-  Ya me lo imagino (con una media sonrisa)
-  Si (dijo calzándose con mucho cuidado de nuevo la zapatilla). Sigue doliéndome pero puedo caminar (dijo cojeando hasta la puerta para demostrárselo)
-  Eso está roto, Juan, mírate como caminas y la cara de sufrimiento que pones cada vez que apoyas el píe en el suelo (Walter sonaba entre preocupado y asustado)
-   Walter (intentando calmarlo. No solo tenía el pie adolorido que encima tenía que calmar al capullo que se lo había chafado) camino así porque me duele, maldita sea a ti también te dolería si un Quads te pasara por encima. Venga vámonos, no creo que vaya a poder correr mucho y no quiero que nos pillen.
-  ¿Crees que podrás subir la pared?
-  Si pondré todo el peso en las manos y el pie bueno, ningún problema, vamos (Walter tampoco estaba muy seguro, pero no quería que les pillaran).
-  Ok, pero tú delante.
-  Como quieras (dijo cansado y empezó a escalar)




Mientras tanto Camilo Y Mario estaban disfrutando de un fin de semana romántico en París. Aquel viaje les hacía tanta ilusión. París fueron sus primeras vacaciones juntos. Y les traía tantos buenos recuerdos.

-  ¿Cariño? (Camilo estaba viendo desde la ventana del restaurante un grupo de estudiantes en viaje de fin de curso tomando fotos a Notre Dame)
-  ¿Si? (acariciándole dulcemente la mano)
-  ¿Crees que se lo estará pasando bien? (Mario rodó los ojos)
-  Buffff Camilo, es nuestra escapada romántica no quiero hablar de mi hermano.
-  No parecía muy ilusionado con la acampada (ignorando lo que acababa de decir Mario).
-  Camiloooooooooooo (dijo Mario suplicándole con los hombros ya caídos, con aire de medio derrotado) por favor (poniendo morritos y ojitos de cachorrito)
-  ¿podríamos llamarlo?, lleva su teléfono (Camilo sabía que Mario también se moría por saber como le iba a su hermano, pero era muy orgullosos para reconocerlo. Pero Camilo se equivocaba. Mario solo tenía una cosa en mente. Camilo)
-  No vamos a llamar a Juan. ¡Por dios, Camilo! ¡Juan ya tiene 17 años y está con el instituto! Ponte en su pellejo ¿Te hubiera gustado que tu padre te llamará para preguntarte si te lo estás pasando bien?
-  Hubiera sido muy considerado de su parte (intentando sonar convincente, pero Mario tenía razón, aquello podría ser un poco vergonzoso para un chico de su edad). ¡Pero nosotros éramos muchos, no creo que ni se hubiera dado cuenta si faltaba un mes entero! Es más no sé si ya se habrá dado cuenta que no vivó allí jajaja
-  Jajaja si lo cierto es que me chocó bastante que el año pasado cuando fuimos para el día del padre y me preguntara de quien era marido yo.
-  Jajaja Tú haz bromas, pero le creo muy capaz.
-  Olvidemos a nuestras familias, centrémonos en tú y yo y París, la ciudad del amor. ¿qué te parece si vamos dando un paseo por el Sena hasta los jardins des Tuileries? Quizás tengamos suerte y nos llueva otra vez (dijo Mario, dándole un tierno beso en la boca).
-  ¡Pero que dices! Si acabamos como sopas (Mario radiaba felicidad, aquella ciudad era mágica para ellos. Entonces Camilo recordó aquella tarde de la que hablaba Mario. Iban corriendo perdidos por las calles de Paris buscando una boca de metros para tomar el metro hasta el hotel y cobijarse en su cálida habitación hasta que amainara la tormenta. Pero acabaron en la otra punta de París. Y a pesar de todo, a pesar de estar perdidos, cansados y empapados, en aquel momento eran extremadamente felices, porque allí estaban ellos dos, juntos, enamoradísimos y en una ciudad preciosa).
-  Pero logramos llegar al hotel (dijo Mario robándole un poco de guarnición del plato de Camilo aprovechando que estaba distraído en sus pensamientos)
-  Cuando dimos con el metro era ya casi de noche,… nos perdimos visitar d’Orsay.
-  Podemos ir mañana. O también nos lo podemos volver a perder y pasar el resto del día en la habitación del hotel (tocándole disimuladamente con el píe la entrepierna)
-  ¡Mario! (dijo poniéndose rojo y mirando como paranoico a todas partes por si alguien se había percatado).
-  Camiloooo (dijo como un niño travieso)
-  No quiero que nos echen de este restaurante (intentado ponerse serio y reñir a su marido).
-  Entonces no hagas escandalo (y volvió a tocarle con el píe la entrepierna)
-  ¡Mario! ¡Compórtate por favor! Nos puede ver alguien (dijo entre dientes. Lo cierto es que estaba empezando a excitarse. Pero no eran dos críos eran dos adultos y podían esperarse a llegar al hotel para tener un poco de intimidad. Pero a Mario disfrutaba viendo la cara de Camilo cuando hacía ese tipo de cosas en lugares públicos).
-  Tengo un marido muy guapo (dándole un besito tierno en la boca) claro que nos mirarán.
-  Ya sabes a lo que me refiero (y bruscamente le retiró el píe de su entrepierna, Pero Mario nada más lejos de sentirse disuadido, sintió aquel gesto como carta blanca, y volvió a jugar con su píe en la entrepierna de su marido) Mario, de verdad (hablando entre dientes por miedo que alguien los escuchara) no sé que te pasa qué desde que supiste que nos íbamos a París te comportas como un perro en celo.
-  La culpa es tuya (dándole un beso está ve un poco más largo, pero aun muy casto) por ser tan sexi
-  Idiota (dijo intentando mantenerse serio pero era imposible, amaba tanto a ese hombre) ¿Por qué no nos vamos para el hotel? (dijo con una sonrisita)
-  Es que tengo hambre y justo nos acaban de traer el primero.
-  Entonces quita tu píe de mi paquete y come (dijo flojito pero puntualizando cada palabra)
-  No. (dijo con sonrisa de picarúelo) Me gusta mi píe ahí, gracias.
-  Mariooooo
-  ¿te vas a comer ese pan? (ignorando las suplicas de su marido mientras señalaba un bollito)
-  Si no apartas ahora mismo el pie (señalándole con el dedo como una maestra de parvulario)
-  Di (con sonrisa de zorro astuto) ¿Qué es lo qué me vas a hacer si no lo quito? (Mario empezó a masajearle con el pie arriba y abajo. La respiración de Camilo cambió y se puso más recto. Mario sonreía triunfante)
-  ¡Se acabó! Está claro que tu por las buenas nada ¿no? (dijo dejando la servilleta encima del plato e indicándole al metre que les trajera la cuenta)
-  Pero yo tengo hambre (dijo quejándose y un poco aturdido por la repentina reacción de su marido)
-  ¡Nos vamos al hotel! (dijo bastante molesto Camilo)
-  Vale, pero deja que al menos acabe este plato (dijo como si Camilo solo se estuviera marcando un farol y fuera a volver a sentarse y acabar de cenar juntos)
-   (Camilo se acercó mucho a Mario y le susurró la oído) Ahora (Mario no se lo pensó dos veces dejó un billete de 100 euros sobre la mesa y tardó un milisegundo en reunirse con su marido en la puerta del restaurante y pedir un taxi)


A Juan le dolía horrores el píe, las lágrimas había empezado a escaparse debido al intenso dolor que sentía cada vez que movía el píe y lo ponía sobre una de las fijaciones. Walter iba debajo de él mirándolo atentamente por si daba un traspié o algo. Cuando iban por la mitad, Juan sintió un dolor punzante que le recorrió todo el cuerpo desde la punta del píe hasta el cerebelo. Aquel dolor le cortó la respiración y tras unos segundos perdió el conocimiento. Walter al ver desplomarse a su amigo intentó agarrarlo pero, Juan cayó muy rápido y estaba muy oscuro. Solo escuchó el cuerpo de Juan impactar contra el suelo. Walter bajó de nuevo lo más rápido que pudo. Juan seguía inconsciente tirado en el suelo, miró sus constantes vitales. Tenía pulso y respiraba. Pero no abría los ojos, lo zarandeo un poco para ver si volvía en si, pero nada. Walter corrió a la cabaña del guarda y utilizó el teléfono para pedir una ambulancia.
La ambulancia tardó 18 minutos, pero A Walter le parecieron 18 horas, no se movía del lado de su amigo. Aquello era culpa suya. Él lo había convencido de ir a la discoteca, él le había atropellado el pie y él no lo había disuadido de subir la pared. Cuando finalmente llegó la ambulancia, Walter les explicó lo que había pasado, lo del pie y lo de la caída. Cuando los paramédicos le preguntaron si habían tomado alguna cosa. Walter no supo que contestar. En la discoteca había estado muy ocupado con aquella chica y no sabía si Juan había tomado algo o no. Sabía que había bebido cervezas, le había visto con una en la mano. Y él mismo le invitó a la primera. Pero no sabía nada. Por no saber, no sabía ni su grupo sanguíneo.

-  Tranquilízate muchacho, ha caído de tres metros, lo más seguro que sea una conmoción, le haremos unas placas en cuanto lleguemos. Necesitamos ponernos en contacto con sus padres.
-  Si, claro (Walter empezó a llamar a casa de Juan esperando encontrar a Camilo o a Mario. Lo intentó 6 o 7 veces pero nada) No contestan.
-  Otro adulto, familiar, profesor o…
-  Hemos venido con la escuela.
-  Haberlo dicho antes, muchacho. Los profesores pueden hacer de “adulto al cargo” de sus alumnos en casos como este. ¿En qué campamento os estáis?
-  En el de sierra suave.
-  ¡Zeus! (dijo el paramédico al conductor de la ambulancia) Pídele a Magda que busque el teléfono del campamento de Sierra Suave, llevamos un chico inconsciente con un traumatismo craneoencefálico para allá y necesitaremos del consentimiento del tutor.
-  Ellos no saben que no estamos allí (dijo flojito y bajando la cabeza)
-  Me lo imagino no son ni las cinco de la mañana.
-  ¿se va a poner bien, verdad? (dijo con los ojos vidriosos)
-  No lo sé, hasta que no veamos las placas no lo sabremos, esperemos que si.

 (Era las tres de la mañana en Paris cuando la música de la marcha imperial empezó a sonar en la habitación de hotel de Mario y Camilo)
-  Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr dios, ¿quién narices te llama a estas horas? (dijo Camilo encendiendo la luz de la mesita de noche)
-  Noooooooooooooooooo (pasándose las manos por la cara, justo hacía una hora que se habían quedado dormidos) dije que no me llamaran. Como sea de la universidad cuando vuelva pongo una bomba.
-  Contesta ya, esa maldita música me está poniendo de los nervios.
-  No sé donde lo puse.
-  Suena por ahí (señalando una butaca cerca de la puerta que daba al balcón. Mario se levantó sin ganas y fue hasta la butaca, y buscó en sus pantalones, finalmente agarró el teléfono y contestó)
-  ¿Diga?
-  Señor, Mario Macias (una voz muy seria dijo, Mario instintivamente se puso serio)
-  Si, soy yo.
-  Soy el director Camer, llevamos horas intentando contactar con ustedes
-  No estamos en casa, salimos de viaje ¿Le ha pasado algo a mi hermano? (un sudor frio le recorrió la espalada a Mario, de repente le costaba respirar. Camilo al oír a su marido preguntar por Juan, se incorporó de golpe)
-  Me temo que si señor Macias, ha habido un lamentable accidente. Juan está hospitalizado en el hospital de Aguasfuertes.
-  ¡Dios mio! ¿qué tiene? ¿qué ha pasado?
-  Una caída de 4 metros, los médicos lo tienen en observación aun no ha recuperado la consciencia. Creo que deberían regresar de inmediato.
-  Si claro, ahora mismo compramos un billete para el primer vuelo. están ahora con él. Mi hermano Fernando vive a tres horas de allí. Voy a llamarlo, para que vaya, por si necesitan que firmemos algún papel o algo.
-  Si, eso sería perfecto, y señor Macias, realmente siento lo ocurrido
-  Si, ya hablaremos cuando lleguemos (Mario colgó el teléfono) Nos vamos, Juan está en el hospital, está inconsciente (Mario estaba teniendo un ataque de ansiedad).
-  ¿Qué? (en pánico. Camilo rápidamente empezó a vestirse) Voy a llamar a recepción que nos pidan dos pasajes en el primer vuelo disponible.
-  Yo llamaré a mi hermano, está a tres horas de allí. Dios mío si le pasa algo, será todo culpa mía, yo le animé a que fuera a ese estúpido campamento. Tenía tantas ganas de este viaje. Como puedo ser tan egoísta… si le pasa algo (Mario no podía respirar. Camilo se acercó y empezó a tranquilizarlo, le dio un vaso de agua y le ayudó a controlar la respiración)
-  Shhhhhhhhhhhhh respira mi amor, ya verás como solo será un susto shhhhhh
-  Gracias, Camilo, ya está, ya está, ya estoy mejor. Voy a llamar a mi hermano, pide esos pasajes como has dicho.

Camilo no logró un vuelo hasta las siete de la mañana y después casi cinco horas de interminable vuelo. Y al llegar otras dos horas de coche. Llegaron al Hospital medio sonámbulos. En el Hospital estaban todos, el director, un par de profesores, 4 o 5 alumnos, Fernando, Cristina y los niños. Camilo respiró un poco más aliviado al ver la cara relajada de Fernando. Pero Mario estaba tan sicótico que iba como ciego.

-  ¿Y Juan? ¡Y Juan! (preguntó como loco Mario)
-  Tranquilízate Mario (dijo Fern) ya despertó. Las enfermeras están ahora aseándolo, nos dejaran entrar en 10 minutos (Mario se abrazó a su hermano y al fin dejó sus emociones salir, empezó a llorar como un crio)
-  Pensé que también lo perdíamos a él. Te lo juro Fern, no sé que haría si le hubiera pasado algo.
-  Bueno le ha pasado algo (Dijo Fernando daleando un poco la cabeza)
-   (Mario se separó de golpe del brazo de su hermano) ¿Qué tiene?
-  Una pequeña conmoción y en la caída se ha vuelto a romper la muñeca, ah si, y tiene dos dedos del píe fracturados. Pero lo del pie no fue por la caída, fue por el atropello
-  Imbécil (golpeándole en el brazo) me has parado el corazón (Fern no pudo resistirlo, él también había pasado mucha tensión en las últimas horas y cuando Juan se despertó fue como un gran alivio). Espera ¿qué atropello? Me dijeron que se había caído escalando.
-  Ya te lo contaré luego, cuando hayas visto a Juan, y esto se vacíe un poco.

Las enfermeras salieron al cabo de unos minutos. Mario sin dejarlas casi salir de la habitación entró como un enajenado y nada más ver a Juan lo abrazó fuertemente y le empezó a dar besos por toda la cabecita, Mario lloraba entre pena, alegría y miedo. Juan no se atrevió a detener a su hermano. Camilo se quedó a un lado, sabía que su marido necesitaba abrazar y sentir el contacto de su hermano. Para él apenas habían pasado unas horas desde que había sentido aquel dolor tan fuerte que le había nublado la vista. Para Mario, Fern, Camilo, Cristina y los otros habían pasado 14 horas.

-  ¿Mario? (Juan no se esperaba ver tan pronto a su hermano y a Camilo) ¿Y París? ¿qué haces aquí?
-  Juan te caíste y perdiste el conocimiento, has estado inconsciente más de 10 horas.
-  Si, lo sé. Fern me lo ha contado. Pero está Fern aquí, no tenías por qué haber regresado (Juan se sentía fatal, no solo había puesto a toda la familia en vilo, sino que encima había arruinados las vacaciones románticas a Mario y Camilo).
-  ¿Perdón? ¿cómo que no tenía por qué regresar? (Mario no entendía a Juan) Eres mi hermano, mi responsabilidad. ¡No puedo estar haciendo el turista mientras mi hermano se está muriendo en un hospital!
-  Pero yo no me muero (dijo tan inocente como un niño de pañales. Camilo abrió mucho los ojos no podía creer lo que oía, el chico parecía no darse cuenta de lo cerca que había estado de la muerte).
-  Pero te caíste de 4 metros de altura y golpeaste contra el suelo. Estabas inconsciente. Juan, creíamos. Todos creíamos que te perdíamos.
-  Siento haberos fastidiado las vacaciones (dijo sintiéndose como una mierda)
-  ¡A LA MIERDA LAS VACACIONES! (dijo Mario gritando como un loco. Una enfermera entró y lo mandó guardar silencio) Juan (bajando la voz) habrás más vacaciones, lo que no habrá es más Juanes (en ese momento Fern entró).
-  Mario, el médico quiere hablar con nosotros (Camilo y Mario salieron de la habitación)

-  ¿Son los familiares de Juan Carlos Macias? (preguntó el doctor)
-  Si, señor (respondió Cristina nerviosa)
-  El paciente ingresó con un fuerte traumatismo craneoencefálico. Hemos tenido que darle medicación para prevenir que se formen hematomas y que la presión pueda dañarlo. Nos gustaría quedárnoslo un par de días más para ver como progresa. Den gracias que el chico tiene una cabeza tan dura, el golpe podría haber resultado funesto. Pero si en los próximos días los hematomas desaparecen, todo habrá quedado en un fuerte chichón y una muñeca y unos dedos rotos. Y señores, recuérdenle al chico que el casco es obligatorio en la escalada por algún motivo.
-  Descuide, se lo diremos (volvió a contestar Cristina respirando al fin tranquila. Cuando el médico se fue. Cristina miró a su cuñado). Mario, quizás Juan debería volver a casa, al menos hasta que se haya curado del pie (Fern puso cara de circunstancias. Aquello no era culpa de Mario, no tenía sentido castigarlo a él. Pero entendía que después de ese susto, su mujer quisiera tener a Juan de vuelta a casa y cuidarlo).
-  Gracias Cristina, pero no será necesario (dijo Camilo, porque se temía que en el estado de nervios que se encontraba Mario pudiera saltarle con alguna grosería). Ya sabes que yo estoy en casa todo el día, me podré ocupar mejor de Juan. Tú tienes los niños y tu trabajo y Juan necesitará alguien que esté encima para que se tome la medicación y para que le ayude a hacer las cosas, mientras esté de baja.
-  Si, claro, con la muñeca y el pie enyesado no podrá hacer gran cosa. Me parece Camilo que te va a tocar ponerte el traje de enfermera (corrió a decir Fernando, antes que su mujer pudiera decir algo más)
-  Pues tengo uno (dijo bromeando, para aligerar la tensión, tanto Cristina como Mario se habían quedado todo ese rato mirándose fijamente) pero no creo que fuera apropiado
-  Seguro que no jajajajaja (rieron Camilo y Fernando. Mario Y Cristina simplemente permanecieron callados)

Al fin le dieron el alta a Juan. Juan estaba hasta la coronilla de hospital, enfermeras, médicos, visitas, pruebas, blahblahblah. Estaba deseando llegar a casa y tirarse en su cama y ponerse con su portátil a ver serie y películas. Para celebrar el alta la familia al completo se fueron a comer fuera. Todo fue muy ameno. Aquellos dos días habían servido para que todo el mundo se calmara. Todos menos Juan que la vida hospitalaria solo hacía que crisparle los nervios más y más. Finalmente quedaron que cuando terminará el segundo trimestre de aquí a tres semanas, Juan, Mario y Camilo irían hacerles una visita a todos y se estarían en casa de la abuela, al menos, una semana. Aquello fue lo que acabó de enterrar las hachas de guerra entre Cristina y Mario.

-  Hogar, dulce Hogar (dijo Juan al entrar al fin a la casa de Mario y Camilo) Tenía unas ganas de llegar (dijo cojeando hasta el sofá y tirándose sobre el)
-  Juan, la muleta, el médico te dijo que no apoyarás peso sobre el píe (le amonestó suavemente Camilo).
-  No he apoyado (dijo mintiendo descaradamente, todos le había visto apoyarlo)
-  Juan ¿Porqué novas a tu habitación y te acuestas un rato? (le dijo con una sonrisa dulce y cálida Mario)
-  Mario, me he pasado los últimos 4 días acostado. Me apetece ver un poco la tele, después quizás me pase por casa de…
-  ¡Oh no! Tú no te vas a pasar por ninguna parte, el medico dijo reposo. Y te vendrá de perlas para estudiar porque en dos semanas tienes los exámenes trimestrales (dijo Juan en la típica pose pies separado, manos en las caderas y ceño fruncido).
-  Mario solo será un momentito, estaré de vuelta antes de las seis, mira, si hasta agarraré la muleta y todo (dijo agarrando la muleta y poniéndose en píe).
-  Juan, acabas de salir del hospital. El médico ha dicho
-  Si blahblahblah sé lo que ha dicho el médico, siempre dicen la misma estupidez esa del reposo. Y estoy perfectamente, eso también te lo ha dicho, tranqui, Mario no me voy a morir. Jajaja (mofándose de su hermano. La cara de Mario se transformó, hubo algo en su interior que hizo CLICK. Camilo pudo oír perfectamente el CLICK, Juan lo habría oído si no hubiera estado tan ocupado riéndose de la preocupación de su hermano)
-  ¿entonces… no te duele nada? (preguntó capcioso Mario)
-  Nooooo por supuesto que no, soy un tipo duro, hermanito jajaja
-  ¿Entonces… estás bien?
-  De puta madre
-  No hay problemas para hacer vida normal ¿no?
-  Ninguno, excepto lo de no mojar la escayola cuando me duche, todo está perfecto. No tienes de que preocuparte Mario. Relájate (dijo hablándole como quien habla a un loco). Deja de tratarme como un pobrecito desvalido (Camilo miró a su marido y Mario le devolvió la mirada con complicidad).
-  ¿Entonces quieres que te tratemos con normalidad?
-  Si, por dios, ¡cuanto os cuesta enteraros!
-  ¿Nada de trato especial porque acabas de salir del hospital?
-  No, Mario no, estoy bien (dijo intentando convencer a su hermano que se encontraba bien. Cosa que era cierta) es más, deberías ir mañana a trabajar.
-  Aun tengo un par de días de vacaciones.
-  Pues deberías volver a París (dijo alegremente Juan).
-  No vamos a volver a París, (dijo esta vez Camilo entre dientes) no por dos días
-  Bueno chicos, prometo no molestarles mucho, yo me meteré en mi habitación y me pondré a ver películas
-  Es no va a poder ser (le interrumpió Mario)
-  ¿porque? (dijo extrañado)
-  Muy sencillo, como te encuentras bien
-  Si me encuentro (volvió a insistir)
-   (Mario levantó la mano par indicarle que no le interrumpiera) Como decía, como te encuentras ya bien, y no necesitas más reposo (Juan le daba la razón con la cabeza. Al fin su hermano había entrado en razón y se había dado cuenta que se encontraba bien y que no había motivos para estar en plan madre gallina) no hay motivo alguno por el cual no podamos volver a la normalidad ¿verdad?
-  Eso es lo que llevo intentando decirte desde que saliéramos del hospital.
-  Pues Juan Carlos (Mario hablaba sin alterarse pero acababa de llamarlo Juan Carlos, y en su casa, cuando alguien lo llamaba Juan Carlos siempre iba seguido de una zurra de las de campeonato) no va a haber pelis, porque vas a estar castigado sin televisión, ni ordenador, ni nada que pueda resultar remotamente divertido, durante los próximos 2 meses
-  Peroooooooooooooooo
-  Juan Carlos, no he acabado (el tono de Mario ponía los pelos de punta, era escalofriantemente tranquilo) nchnchcnh (negando con le lengua en el cielo de la boca) se acabaron las salidas para siempre. Y en estas dos semanas tu vida será habitación-escuela-habitación.
-  ¡Mario, dos meses!
-  Juan Carlos aún no he acabado
-  Pero no es justo
-  ¿Que no es justo? ¡Qué no es justo! Estaba dándote las buenas noticias aun no he llegado a las malas. Pero te las diré de aquí a que se acabe el trimestre recibirás cada mañana antes de salir de casa para la escuela 14 nalgadas con el cepillo de ducha. Y ahora cuando acabemos de hablar vas a recibir la mayor zurra que has recibido en tu vida. Y Juan Carlos, créeme si ahora ya no te duele nada, cuando acabe contigo te va a doler hasta la partida de bautismo.
-  ¡Perooooooooooo si fue un accidente!
-  ¡Un accidente! (Mario estaba punto de estrangular a su hermano)
-  Mario, cariño, porque no vas a por las pastillas de tu hermano y te da un poco el aire. Mientras yo hablaré con él ¿eh? (mirándolo de esa manera que solo Camilo Sabía mirarlo. Mario comprendió que realmente estaba muy enojado con su hermano y necesitaba enfriarse o acabaría matándolo. Mario respiró hondo y salió por la puerta). Ahora qué tu y yo nos hemos quedados solos. Tenemos dos opciones. Una voy a por mi cinturón y empiezo a darte correazos hasta que se me canse la muñeca, por haberme hecho pasar el peor día de mi vida. Juan, te caíste de 4 metros de altura, picaste con la cabeza contra el suelo y no despertabas. ¡Y nosotros estábamos en el puto París de los cojones! A cientos de kilómetros de aquí. Y no podíamos hacer nada, te morías y nosotros no podíamos hacer nada (chillaba Camilo descontrolado. Camilo se dio cuenta que también había perdido los papeles e intentó recuperar el control). Bueno ya has oído la primera opción. La segunda opción, es que te sientas ahí escuchas bien lo que te voy a decir y no me replicas ni me chistas ni me resoplas ni nada solo escucha y asiente con la cabeza. ¿qué va a ser la opción uno o la dos?
-  La segunda (dijo Juan cabizbajo)
-  Ok, te voy a decir lo que tu hermano quiero oír cuando regrese. Y eso es lo que le vas a decir. Porque Juan. Mario es la persona que más quiero en esta vida y no quiero volverlo a ver sufrir de esa manera. Nunca ¿me oyes? (Juan asintió) le dirás, siento haber desobedecido las normas del campamento, siento haberme fugado, siento haber conducido un vehículo habiendo bebido, siento haber puesto mi vida en peligro escalando una pared de noche, sin arneses y con un pie roto (Camilo estaba escupiendo de pura rabia) así que cuando tu hermano regrese y te pregunte el porqué de esa zurra, tú sabrás que decirle. Porque eso es lo que ha pasado Juan. Que casi te matas por…es que ni siquiera alcanzo a entender por qué ¿Porqué Juan?
-   (juan no tenía respuesta, para eso, ni él lo sabía. Sabía porque había escalado esa pared con el pie roto, pero no sabía porque había accedido en primer lugar a escabullirse del campamento) No lo sé. Bueno dijisteis que no podía volverme a meter en líos en la escuela que si el director volvía a llamar me estaríais pegando hasta que me tuviera que volver a afeitar, ¡Camilo, me afeito una vez al mes! (dijo con cara de pánico. Camilo tuvo que hacer un esfuerzo titánico para no reírse de ese comentario)
-  Entonces… ¿es mejor arriesgar la vida que recibir nalgadas por un mes, es eso lo que me estás diciendo?
-  Para ti es muy fácil, no eres tú el que las recibes.
-  Mira chico, antes que fraile fue monaguillo. Y tu hermano recibió tantas zurras que es un milagro que le quede carne el trasero. Y todos hemos sobrevivido. Es más tu mismo has recibido lo tuyo, y sigues aquí ¿no?
-  Pero duele.
-  Perderte a ti duele más. (hubo un silencio incomodo) ¿sabes que significaría perderte a ti Juan? Joderías para siempre esta familia. Tus hermanos no volverían hablarse. Conozco a mi marido desde hace más de 10 años. Mario se haría responsable único y directo de tu muerte, se torturaría cada segundo de su vida. Y volvería aquel oscuro pozo sin fondo de hace 14 años. Y sabes si a Mario le pasara algo, o volviera a toda aquella mierda, creo que yo tampoco lo soportaría (Camilo estaba llorando. Juan estaba impactado. No sabía que decir ni que hacer. Instintivamente Juan le pasó el brazo por encima y lo abrazó).
-  Lo siento (y fue un lo siento desde lo más profundo del corazón. Juan se sentía como una mierda por hacer llorar a Camilo, por haber hecho llorar a toda su familia, por darles ese susto de muerte. No había sido cuestión de mala pata, había puesto en peligro seriamente su vida por no querer afrontar las consecuencias de sus actos. No tenía nada que ver con Cristina, no podía culparla a ella esta vez, esta vez no era furia, esta vez simplemente había sido un idiota) Camilo, sé que ahora es pronto, pero necesito que me perdones, por favor podrás llegar a perdonarme (Juan estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar). No me odies.
-   (Camilo respiró hondo y le dio un beso en la frente) Eres tan tonto como tu hermano (dijo secándole la lagrima que empezaba a asomarse por el lagrimal). No puedo odiarte, no se puede odiar alguien a quien quieres tanto que la sola idea que le pudiera pasar algo te corta la respiración y te deja paralizado. No te odio, no te guardo rencor, solo estoy aterrado. Me aterra que pongas tu vida en peligro tan alegremente. Me aterra hasta el punto que llevo sin pegar ojo bien desde que nos llamara el director. ¿entiendes? No es odio, no estoy decepción, no estoy molesto, solo estoy aterrado. Mario y yo estamos muertos de miedo.
-  Te juro que no volveré a hacer algo tan estúpido en mi vida, de verdad, Camilo te lo juro.
-  Gracias, estírate un poco en el sofá, yo iré, otra vez, a llevar al desván todo lo de tu habitación (Camilo también necesitaba un poco de espacio para asimilar esos 4 días).
Mario tardo una hora y media a regresar, debió ir a la última farmacia del mundo. Al llegar Juan estaba dormido en el sofá y Camilo estaba trabajando en su despacho. Decidió darse una ducha para tonificar los músculos que los tenía todos agarrotados de la tensión acumulada en los últimos días. Al pasar por el lado del sofá, Juan se despertó.
-  Mario (dijo tímidamente Juan, sentándose bien en el sofá)
-  Hola (dijo forzando una sonrisa)
-  Mario antes de que me digas nada, yo quería decirte que lo siento, que lo siento de verás (Juan estaba llorando) no quise asustarte, no quise hacerte daño, yo no quería que lo pasarás mal, yo soy un imbécil y un idiota y un maldito mocosos consentido, no merezco vivir con vosotros. Pero Mario, escucha, ya no quiero vivir en otro sitio, ya no. No me importa, si quieres estudiaré mucho sacaré todo 10. Trabajaré. Ayudaré en casa, haré lo que sea, puedes pegarme cada día por el resto de mi vida si quieres, pero Mario por favor perdóname (Juan lloraba a mares).
-  Juan (lo abrazó fuertemente y lo estuvo consolando hasta que el chico se calmó) Juan eres mi hermano pequeño, te adoro, te quiero con locura, no importa que no haya estado mucho por casa estos últimos años. No puedo hacerme a la idea de perderte. He perdido demasiada gente en esta vida. Y no pienso perder a nadie más. Y tienes razón debería pegarte cada día para asegurarme que nunca jamás se te pasa por la cabeza poner tu vida así en peligro. Pero es estúpido, no tenemos tantas zapatillas en casa (dijo intentando hacer reír a su hermano)
-  No ha tenido gracias Mario (dijo cruzándose de brazos poniendo morritos).
-  Venga vamos a tu habitación, todos estamos muy cansados y creo que vamos a dormir por una semana.
-  ¿me vas a pegar, no?
-  No te voy a leer un cuento, anda y tira para tu habitación (Juan se levantó del sofá y caminó hacía su habitación) JUAAAAAAAAN la muleta (dijo cansado alargándole la muleta)
-  Si, ahora iba a por ella (dijo con una media sonrisa)
-  Yayaya (Mario le siguió despacio hasta la habitación)
Una vez en la habitación Mario puso todos los almohadones sobre la cama. Juan lo miraba extrañado.
-  Es para no lastimarte ni el pie ni la muñeca. Bájate los pantalones y calzoncillos. Túmbate en la cama y pon tus caderas sobre los almohadones. Voy a por la correa y ahora vengo (las temidas palabras fueron al fin pronunciadas. Cuando Mario entró en la habitación Juan estaba tumbado esperando a su verdugo. Pero estuvo apunto se salir corriendo viendo que aparte de la correa de colono llevaba la regla de madera de Camilo).
-  ¿Qué vas a hacer con eso?
-  Tomarte las medidas. (Juan no lo encontró gracioso) van a ser 100 tu eliges cuantos con la regla, cuentos con el cinto y cuantos con la zapatilla.
-  ¿qué? No me puedes hacer decidir a mí.
-  Fuiste tú el que te pusiste en peligro, es lo justo, ¿no? (Juan pensó que su hermano estaba rozando el sadismo) tú decides cuantos yo decido la intensidad, no te vayas a pasar de listo. ¿Cuantos?
-  50 con la zapatilla
-  Me parece bien
-  20 con el cinto.
-  De acuerdo
-  Y 30 con la regla.
-  Que así sea. Pero antes quiero asegurarme que sabes el porqué de esta zurra.
-  Porque puse en peligro mi vida (dijo tragando saliva)
-   Empecemos pues (Y Mario no dijo ni una palabra más agarró la regla y empezó a descargarla sobre el trasero del muchacho) PLACKA PLACKAPLACKA PACKA PLACKAPLACKAPLACKAPLACKA PACKA PLACKA
-  AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH (eso si que no se lo esperaba la regla dolía más que la pala) AAAAAAAAAAAAY AAAAAAAAAAAAAAAAAAY AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGG GRRRRRRRRRRRRRRRRR NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-  PLACKA PLACKAPLACKA PACKA PLACKA PLACKAPLACKAPLACKA PACKA PLACKA
-  AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH AU AUA AU AU AYYYYYYYYYY ARGGGG NOOOO NOOO YA YA PARA AAAAH
-  PLACKA PLACKAPLACKA PACKA PLACKA PLACKAPLACKAPLACKA PACKA PLACKA
-  NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO YAAAAAAAAAAAAAA PARAAAAAAAAAAAAAAAAA DUELE DUELE AY AYAY NO AHÍ NO NO OTRA VEZ NOOOOOOO AAAAAAAAAAAAAAAHH
-  Estos fueron los 30 de la regla. Ahora tocan los 20 con el cinto, allá voy.
-  ZWASS ZWASSZWASSZWASSZWASS
-  NOOOOOOOOOOOOO AYYYYYYYYYYY EN EL MUSLO NOOOOO AAAAAAAAAAAAAAH MARIOOOOOOOOOOOOOOOOOOO PARAAAAAAAAAAAAA AUUUUUUUUUUU
-  ZWASS ZWASSZWASSZWASSZWASS
-  MARIO YA NO MÁS AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH NO PUEDO, TE LO JURO AHHHHHHHHHHHHHHHH ME ESTÁS MATANDOOOOOOOOOOOOOO SOCORROOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-  ZWASS ZWASSZWASSZWASSZWASS
-  CAMILOOOOOOOOOOOOOOOOO SOCORROOOOOOOOOOOOOOOOO AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU AY AYAYAY ARGGGGG
-  ZWASS ZWASSZWASSZWASSZWASS
-  BWUAAAAAAAAAAAAAA BWUAAAAAAAAAAAAAAAAA
-  De acuerdo solo quedan los 50 que pediste con la zapatilla
-  Yo no los pedí bwuaaaaaaaaaaaaaa
-  Como sea, quedan los 50 de la zapatilla, te doy 10 minutos para recuperarte, yo ahora vengo.
-  Nooooo Mario acabemos ahora (dijo intentando recuperar el aliento)
-  Es que he de ir al lavabo
-  ¿ahora? ¿en un momento así?
-  Iba a ir cuando llegué a casa pero me interceptaste en el camino. Juan en serio, tengo que ir (y salió corriendo. Juan se quedó llorando en la cama mientras se sobaba el pobre trasero iba echando miradas furtivas para ver si tenía sangre, pero solo las marcas rojizas de la regle y del cinturón. Mario no tenía ganas de ir al lavabo, se fue con Camilo)

-  ¿acabasteis? (preguntó Camilo al ver asomar la cabecita de su marido por la puerta)
-  Un receso (dijo entrando en la oficina)
-  ¿un receso?
-  Mi padre lo hacia, sirve para que al segunda tanda duela el triple
-  ¿el triple? (preguntó Camilo)
-  Si, una vez pasan unos 10 minutos la piel se enfría y vuelve a su sitio, pero no el suficiente como para que la zona ya no esté adolorida.
-  Me alegra no haber conocido mejor a tu padre.
-  Ja jajaja
-  Veo que estás de mejor humor, deberíamos pegarle todos los días tres o cuatro veces al día.
-  Idiota (dándole un beso apasionado) gracias
-  ¿Gracias por qué?
-  Porque sea lo que sea que has hablado con él. Sea lo que sea le ha llegado aquí (señalándole al cerebro) y le ha llegado aquí (señalando el al corazón).
-  Espera, que lo adivino. Ahora tu charla le está llegando aquí (señalándole al trasero).
-  Ja jajaja (guardándole el rotulador que tenía en la mano y besándolo apasionadamente mientras lo abrazaba fuerte) no sé que haríamos sin ti.
-  Mataros y vivir en una casa con muebles de ikea. Y eso si que no lo puedo permitir jajaja
-  ¡No por dios! Ja jajaja.
-  ¿y cómo ha quedado la penitencia del amigo spiderman?
-  Jajaja (riéndose de lo de spiderman) 100 ahora y 14 cada mañana las próximas 3 semanas, por cierto te he tomado prestada aquella vieja regla de madera que…
-  Mario, sabes que no me gusta que me agarres las cosas del trabajo
-  Ey tranquilo, esa regla no la utilizas para el trabajo, jamás te he visto usarla.
-  No, jamás me has visto usarla, porque le tengo mucho aprecio, es una regla que utilizaba Mackintosh.
-  Está bien, no se ha roto.
-  ¡Debería darte yo con ella! ¡A veces, eres peor que el niño!
-  Quizás luego a la noche te tome la palabra (desabrochándole un par de botones la camisa)
-  No, Mario, no. No estoy de humor para tus jueguecitos (dijo apartándose)
-  Lo sientooooo Camilo (hablando como un niño pequeño). No, ahora en serio, la tomé porque ni siquiera la tienes aquí en tu despacho, ¡está en el ropero!.
-  La guardo allí, porque me gusta tenerla cerca, es muy valiosa para mi.
-  Mira que eres rarito tú (levantando las manos al cielo), más vale que me vaya o Juan pensará que me he caído por el agujero del lavabo.
-  Si, huye cobarde huye, pero esto no se ha acabado aquí (y Mario le cerró la boca con un beso y le devolvió el rotulador)



-  Disculpa, la tardanza. Nos quedaban los 50 con la zapatilla (dijo agarrando la alpargata)
-  Mario, me duele mucho, yo ya no puedo más. La regla dolió mucho
-  Ya puede doler era de Mackintosh.
-  ¿De quién?
-  Que no te oiga Camilo preguntar quien era Mackintosh, yo creo que se empalma solo oír su nombre.
-  ¿Es un actor?
-  Peor. Un arquitecto que lleva chorrocientos mil años muerto.
-  Camilo es muy raro.
-  Y tu muy liante. Anda acabemos con esto…50.
-  PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF
-  AAAAAAAAAAAAAAAAH CABRÓN DUELE DUELEDUELE MUCHO MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS AAAAAAAAAAAU
-  Cuidado Juan, que no tenga que lavarte la boca con jabón después de las 50 con la zapatilla.
-  40, quedan 40, y eres un grrrrr ahora duele muchísimo ¿porqué duele muchísimo?
-  No, lo sé (encogiéndose los hombros y haciéndose el inocente) ¿quizás los calmantes está dejando de hacer efecto?
-  Mariooooooo no me jodas, no es la primera vez que me pegan con la alpargata, y nunca antes había dolido tanto.
-  ¿Puede que sea por que se ha enfriado la zona? PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF (y dejó caer los siguientes 10 a traición)
-  AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO AAAAAAAAAAAAAAAAAAH DUELEEEEEEEEEEEEEEEEE NOOOOOOOOOOOOO
-  PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF
-  AAAAAAAAAAAAAAAAAAAA PARA PAR PARA NO PUEDO NO PUEDO, ME MUEROOOOOOOOOOOOOOOOOOO, ME MATAS AHHHHHHHHHHH ME ESTÁS MATANDO AAAAAAAAAAAHH SOCORROOOOOOOOOOOOOOOOOOOO AUUUUUUUUUU
-  PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF
-  BWUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA BWUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
-  PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF PLAFF
-  BWUAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAU BWUA SNIF NO SNIF NO SNIF NO, no más por favor
-  Shhhhhhhhhhhhhhhhhh ya está, ya está, se acabó, se acabó, ya se acabó shhhhhhhhhhhhh respira monillo respira, tranquilo estoy aquí no te suelto (Juan le había agarrado la mano fuerte) shhhhhhhhhhhhhhhh ya mi monillo ya, te quiero mi monete de feria shhhhhh
-  Lo sientooooosnifff yo sniff perdóname auuuuu
-  Ey, ya está todo perdonado, volvemos a ser colegas, ¿ok?
-  Siiiii no te vayas Mario.
-  No me voy (acariciándole el pelo) me quedaré un ratito, hasta que te duermas
-  Si por faaaaaaaaaaaaa (Pero Juan no tardó ni 10 minutos en quedarse profundamente dormido. Mario lo cubrió con la sabana, apagó la luz , tomó la regla y salió de la habitación)

-  Toma tu regla
-  Mañana si quieres te compro una regla de madera bien regia para que no se parta, pero te lo pido por favor, que no vuelvas a agarrar esta.
-  Tranquilo, no la voy a necesitar más (ambos se quedaron mirándose un rato). Pero sobretodo que no se parta (dijo derrotado Mario)

Una semana más tarde…

-  Camilo ¿has visto el dossier verde? El que llevo un par de días leyendo (dijo Mario mirando debajo del montón de correspondencia)
-  ¿has mirado en la mesita? (dijo Camilo rodando los ojos)
-  Si, no está (Mario buscaba el dossier con cara de no entender nada, deben de haber duendecillos cabroncetes en esta casa que se divierten escondiéndome las cosas, pensaba Mario)
-  ¿en el cajón? (con voz cansada)
-  Tampoco (contestó Mario claramente irritado. Claro que había mirado en el cajón)
-  ¿dentro de tu maletín? (preguntó Camilo una vez más, ahora un poco enojado también)
-  Si estuviera dentro de mi maletín, no te lo preguntaría (dijo irritado, Camilo solo rodó los ojos)
-  A ver ¿Dónde recuerdas haberlo cogido la última vez? (dijo Camilo armándose de paciencia. Mario se detuvo a pensar y se el iluminó la cara. Camilo empezó a reírse) ¿Dónde esta vez?
-  Lo estaba leyendo ayer después de cenar, en la terraza mientras me fumaba el último cigarrillo.
-  Espero que le pusieras algo encima, sino habrá volado (pero Mario ya entraba de nuevo al salón con el mentado dossier en mano, triunfante como Napoleón). Si no la tuvieras tan bien anclada, un día te dejarías la cabeza (dijo riéndose y dándole el beso de los buenos días) ¿Queda café?
-  Nop (dijo sonriente)
-  Perfecto (dijo un poco molesto)
-  CAMILOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO (Juan gritó desde su habitación)
-  ¿QUÉ? (dijo sorprendido, Juan normalmente no estaba tan despierto por las mañanas)
-  ¿DONDE HAS PUESTO MI LIBRO DE BIO? (aun chillando desde la habitación)
-   (Camilo miró a Mario con cara de resignación y le dijo flojito)¡Dónde he puesto YO, SU libro de mates! ¿En serio que no erais trillizos? (Mario se rio) Me apiado de vuestra pobre abuela.
-  Ey! Que yo a su edad era perfecto. Me estropee después, jajaja
-  ¡Vaya! ¡Qué suerte he tenido, de conocerte después! (dijo riéndose)
-  JUAN, ¿HAS MIRADO EN LA MOCHILA? (gritó Mario echándole una ayudita a Camilo).
-  ¡CLARO QUE SI, IDIOTA!
-  ¡EY! SI VAS A INSULTARME NO TE PIENSO AYUDAR!
-  GRRRRR Dejad de gritad de punta a punta de la casa no estamos en un mercado vendiendo el pescado día (dijo Camilo que aquello le recordaba demasiado a su propio hogar).
-  Perdón, tampoco hay leche (dijo dándole un besito)
-  ¿A QUIEN LE TOCABA ESTA SEMANA HACER LA COMPRA? (dijo claramente enfadado. Mario juntó sus manos a forma de suplica para que lo perdonara y le mostró su mayor y mejor sonrisa)
-  MARIOOOO ¿QUÉ ESTÁ EN EL SALÓN? (volvió a gritar Juan desde su habitación)
-  ¿EL QUÉ? (Mario estaba concentrado en la cara de fastidio de Camilo)
-  ¡MI POLLA, NO TE JODE! MI LIBRO DE BIOLOGIA (dijo Juan dándole una patada con el pie enyesado a la mochila)
-  Alguien se ha levantado con el píe izquierdo (le susurró Camilo a su marido).
-  Me tocaba mí, pero ayer salí tarde y ya estaba todo cerrado.
-  No voy a tener esta discusión otra vez contigo. Llama a la cafetería y que nos traigan algo, necesito mi café (dijo Camilo y se fue para la habitación de Juan)
-  A ver Juanillo ¿Dónde pusiste por última vez…? (Camilo iba diciendo a medida que iba para la habitación, pero cuando llegó a la habitación vio el desorden abrió mucho los ojos y la boca y se quedó paralizado en la entrada)
-  Pero…pero…pero… ¿qué demonios ha pasado aquí? ¿ha habido un cataclismo y la zona cero era tu cuarto?
-  Eeeeeeeeeeeeh (sin saber a que se refería Camilo. Juan miró a su alrededor y vio todo el desorden) tranquilo, esta tarde lo arreglo.
-  Y tanto que lo arreglas esta tarde. No me extraña que no encuentres el libro, el milagro es que te encuentres los píes.
-  Si, Camilo si, está un pelín desordenado, pero esta tarde cuando llegue de clase, te prometo que lo primero que hago es ordenarla.
-  Más te vale (apuntándole con el dedo directamente. Camilo respiró hondo) A ver, ¿Dónde estabas cuando lo agarraste por última vez? (Juan puso una mueca y se encogió de hombros) ¿Lo has agarrado alguna vez? (dijo Camilo con un poco de ironía arqueando una ceja)
-  Siiiii (dijo rodando los ojos), déjate de gilipolleces y ayúdame a encontrar el puto libro de los co… (camilo le dio un pescozón) Auuuuuuuuuuuuuu ¿pero?
-  Esas palabras son muy grandes y feas para que salgan de una boca tan pequeñita y bonita (dijo hablándole como si Juan tuviera 3 añitos, Camilo le sonreía todo el rato, pero aquella sonrisa era como la del Jocker, espeluznantemente aterradora).
-  Lo siento (dijo tímidamente) ¿quizás me lo deje en la cocina?
-  Lo dudo, vengo de allá y ni había leche, ni había café ni libros de biología.
-  ¿No hay leche? (dijo escandalizado) ¿A quién le tocaba hacer la compra esta semana? (preguntó Juan. Camilo arqueó aun más la ceja y torció la boca) ¿A mi? (preguntó un poco asustado Juan)
-  No, al otro Macias.
-  Ja jajaja Mario está en problemas (dijo canturreando como un niño de parvulario)
-  Y tú también lo vas a estar si vuelves a perder un libro de la escuela. Así que más te vale que aparezca ese libro ¿Entendido Houdini?
-  Creo que me lo dejé en la taquilla (dijo Juan con una sonrisita y parpadeando como una actriz del cine mudo).
-  Grrrrrrr ponte el uniforme, aun llegarás tarde (dijo saliendo de la habitación de Juan y yendo a la suya a vestirse. Mario se estaba acabando de vestir cuando entró).
-  ¿qué? ¿lo encontró?
-  No, así que, aparte de lo de la lista de la compra, lo más seguro es que tendrás que comprarle otro libro de biología. ¿pero que se cree que somos ricos? (Camilo dejó de abotonarse la camisa y miró a su marido) Tú eres rico. Yo tengo sueldo de profesor de universidad.
-  Un profesor que le han subido el sueldo recientemente. Y que también hace proyectos de viabilidad para constructores (Mario siempre le gustaba decir que era pobre y que el rico era Camilo. Y Camilo, por lo general no lo desmentía. Era estúpido negar que él se ganaba mejor la vida que Mario. Pero, lo cierto es que Mario no sabía lo que era ser pobre de verdad. Solo que cuando con 18 años se fue de casa, pasó de tenerlo todo solo con pedirlo a tener que trabajar para tener cualquier cosa que quería. Y eso aun no lo había superado del todo), estudios para corporaciones, informes para el ayuntamiento…
-  Voy a empezar a descontarle todo el material escolar que pierde o rompe de su asignación (ignorando el comentario de Camilo).
-  ¿es que no lo habías hecho hasta ahora?
-  No lo creí necesario.
-  Así no me extraña que cuide tan poco sus cosas, si cuando las pierde o rompe, viene su hermanito al rescate con unas nuevas y mejores.
-  Es un libro de biología, todos son iguales, no hay mejores.
-  Me has entendido perfectamente, Mario.
-  Si, disculpa. Solo es que…da igual…voy estresado, ya sabes cuanto trabajo se me gira en esta época del año.
-  ¿has llamado a la cafetería? (masajeándole un poquito los hombros. Mario le apartó dulcemente las manos y lo besó larga y apasionadamente)
-  Han dicho cinco minutos.
-  Que pena que sean tan pocos (dijo Camilo devolviéndole el beso).
-  Puedo llamar a anular el pedido (dijo con una sonrisa picarona)
-   (Camilo regresó a la realidad)Tienes clase a primera hora ¿no? (Mario bajó de golpe la cabeza derrotado) mejor desayunamos algo.
-  ¡MIERDA, PUTA, JODER! (Gritó Juan desde su habitación. Camilo y Mario corrieron a ver lo que pasaba)

Juan estaba secándose con una sudadera el zumo de arándanos que se había derramado sobre la escayola del pie. Juan había derramado todo el contenido del vaso de zumo cuando tiró de la libreta que había debajo para meterla en la mochila. Camilo no pudo más, aquella no era una buena mañana. Mario no había comprado el desayuno, Juan había vuelto a perder un libro y ahora todo estaba lleno de salpicaduras de zumo de arándanos. Y lo pero Camilo sabía muy bien que llevaban 2 semanas sin traer zumo de arándanos, así que aquel vaso debía llevar allí semanas. Algo dentro de Camilo estalló. En dos zancadas fue hasta Juan lo tomó de la oreja y empezó a darle nalgadas encima del pantalón del uniforme.

-  Ya estoy muy harto de tu dejadez. PLASS PLASSPLASS Ya estoy muy harto de tu vocabulario PLASS PLASSPLASS. Ya estoy muy harto de que no cuides tus cosas PLASS PLASSPLASSPLASS.
-  Auuuuuuuuuuau (Juan se movía como una culebrilla para intentar esquivar la mano de Camilo) auau lo siento auau perdón, ya lo recojo, ay ay (las 10 nalgadas habían sido fuertes pero nada excesivo, solo que le pillaron por sorpresa).
-  Y Ahora ve por la maldita cepillo, hoy seré yo quien te de esas 14 nalgadas (en ese momento llamaron a la puerta. Juan se quedó quieto)
-  Deben de ser los de la cafetería (dijo Mario y fue a abrir la puerta. Mario al llegar a la habitación de Juan y ver todo el estropicio, estuvo a punto de agarrar al chico y darle el mismo esas nalgadas pero Camilo fue más rápido. Así que, en todo ese rato, se había quedado ahí de pie parado viendo todo el espectáculo pirotécnico)
-  PLASS EL CE-PI-LLO (Camilo le dio una última palmada más fuerte para que fuera al baño a por el cepillo de ducha. Juan ni rechistó, agarró la muleta, no quería enfadar más a Camilo, y al cabo de un minuto regresó con el cepillo. Camilo estaba furioso y Juan lo sabía, la clase de primera hora iba a ser una agonía. Juan le alargó el temido implemento de tortura e intentó ablandarle el corazón con una miradita de cachorrito mojado por la lluvia. Y pareció funcionar, porque Camilo dio un bufido y rodó los ojos) De acuerdo. Ya sabes como va,… pantalones abajo y sobre la cama… si la encuentras (Camilo, no pudo morderse la lengua. Juan obedeció sin rechistar, solo esperaba que Camilo no fuera tan severo como Mario con el maldito cepillo. Camilo se quitó se arremangó la camisa y dejó caer el cepillo)PLACK
-  AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH (Juan aulló, maldito Camilo y su manía de ir al gimnasio dos horas diarias al gimnasio pensó Juan. Ya podría dedicarse hacer calceta. La camarera de la cafetera que había subido el desayuno abrió mucho los ojos al oír el golpe seco y después el aullido de Juan)
-  Ya sabe, la adolescencia no es fácil (dijo Mario todo rojo y con cara de circunstancias)
-  Ja jajaja (se rio la camarera que por un momento se había pensado que ese tipo era un sicópata y que la iban a matar a ella). Espero que tengan un desayuno más tranquilo (dijo tras contar el dinero y se despidió)
-  PLACK NO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
-  GRRRRRRRRRRRRRRRR NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO (Juan agarró un cojín y lo mordió fuerte para ahogar los gritos)
-  PLACKNO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
-  Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm no, no grrrrrrrrrrrr
-  PLACKNO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
-  Aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhbuffbuffbuff (resoplaba como si estuviera con contracciones)
-  PLACK NO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
-  Camilooooooooooooooooooo no tan fuerte por dios, me vas a mataaaaaaaaaaaar
-  PLACK (Camilo le dio un poco más fuerte)¡YO NO TE VOY A MATAR PERO TU SI QUE TE PODÍAS HABER MATADO, ESTÚPIDO! (dándole tres cepillazos más fuertes justo donde las nalgas se juntan con los muslo) PLACK PLACKPLACK
-  Noooooooooooooo ahí no, que tengo que sentarmeeeeeeeeeeeeeeee
-  PLACK NO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA (Camilo alzó un poco más el brazo)
-  Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah que si, que si, que no lo vuelvo a hacer, pero aflojaaaaa Camilo te lo suplico, por favor
-  PLACK NO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
-  AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH AU AUAUAU JODER CAMILO AAAAAAAAAAAH QUE ESE ES MI CULO NO LA PUTA BATERIA DE LOS AC/DC
-  JOVENCITO TE ACABAS DE GANAR TRES MÁS POR DESLENGUADO (dijo Camilo que empezaba a cansarle mucho ese vocabulario del chico)
-  NO NO NO (en pánico) lo siento, lo siento, perdón, no quería decirlo
-  PLACK PLACKPLACK (Camilo volvió a la zona donde se apoya el trasero cuando uno se sienta)
-  AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AU AUAUAUAU DUELEEE DUELEEE
-  PLACKNO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
-  NOOOOOOOOOOOOOO AAAAAAAARGGGGGGGGH snifsnif nunca más, por favor Mario (Juan ahora ye se había rendido por completo, estaba sollozando sobre la almohada)
-  PLACK NO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA
-  Bwuaaaaaaaaaaaaaaaa no, nunca, nunca lo juro bwaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
-  PLACK NO PONDRÁS EN PELIGRO TU VIDA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA (por ser la última Camilo se empleó a fondo. Desde que Juan lo castigara con 14 cepillazos diarios durante 3 semanas, siempre había sido Mario él encargado de dárselos antes de ir a al escuela. Y Juan después de esa mañana realmente esperaba que continuara siendo Mario el encargado de su castigo. Camilo se había cebado a base de bien, se había desquitado en esa zurra por toda la semanita que llevaba soltándole mocos y contestándole mal. Además, Juan tenía que reconocer, que aquella mañana no había sido su mejor mañana. Así que tomo nota mental de no cabrear mucho a Camilo de buena mañana. Juan era duro pero Camilo era implacable. Pobre de su traserito, iba a ser una mañana muy dura para él)
-  BwuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaBwuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
-  Shhhhhhhhhhhhhhhh ya está, ya está, mi niño, yaaaaaaaaaaa (Juan se secó rápidamente las lágrimas e intento respirar con normalidad) shhhh ¿bien? (Juan se levantó y se subió los pantalones y asintió con la cabeza) entonces ve a lavarte la cara y a vamos al fin a desayunar (dándole el cepillo para que lo volviera a colocar en su sitio).
-  Camilooooo (dijo Juan haciendo un mohín)
-  ¿Qué? Juanito.
-  ¿puedo desayunar de píe?
-  Ja jaja. si, puedes (dijo colocándole cariñosamente el pelo bien con la mano). Anda, ve a asearte, antes que tu hermano se haya acabado también nuestro desayuno.

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