viernes, 2 de septiembre de 2016

Capítulo 26



Capítulo 26
-      Chicos, sentaros (dijo Julio a sus tres hijos. Aunque Max y Sebastian ya sabían de que iba a ir la conversación y no estaban nada contentos obedecieron).
-      ¿Reunión familiar? (dijo Marcos sorprendido y preocupado porque pensaba que su padre iba a ponerse en plan “poli malo” por como se había comportado mientras ellos estuvieron fuera)
-      Si (dijo Julio y agarró una silla de la mesa y la puso frente al sofá donde sus chicos se habían sentado. Alejandro se sentó en que ya era su sofá y César sobre le brazo de éste). Después de lo que hemos vivido los últimos meses y lo que está pasando recientemente. Creo que es hora que hablemos de vuestra madre
-      ¿Mamá? (preguntó extrañado Marcos que apenas sabía nada de su madre)
-      Sí, hijo. Sé que siempre os he dicho que vuestra madre murió de una embolia. Pero no fue así. Estaba en una misión de reconocimiento y ella y otros dos hombres lobos fueron atacaros por unos vampiros.
-      ¿La mataron unos vampiros? (el único que parecía estar alucinando era Marcos, puesto que era el único que aún no sabía nada)
-      Sí, hijo (le dijo serenamente Julio)
-      Habían habido varias desapariciones de ganado. Pensamos que era algún hombre lobo hasta que vimos las primeras vacas muertas. Aquello no era obra del ataque de un hombre lobo (empezó a hablar Alejandro). Era cosa de vampiros. Como sabéis en Quickwater había un armisticio entre vampiros y hombres lobos. Así que fui a preguntar al sire de los Warcold (Max se puso tenso al oír el apellido de Coral). Él nos aseguró que había sido el ataque de un vampiro solitario y que ya se habían encargado ellos. Así que lo dimos por solucionado. Aquella noche vuestra madre, Greg y Justin estaban patrullando cerca de la granja de los Ferguson cuando el viejo Ferguson empezó a gritar y acudieron a ver que pasaba. Eran 4, no uno, y también acabaron con la familia del viejo al completo. Después torturaron, mataron y desmembraron a vuestra madre y  a Greg y Justin. Y dejaron los restos en abrevadero. No encontramos su restos hasta pasado 3 días (Marcos lo miraba horrorizado)
-      Como había que el amnistió en Quickwater y con tal de evitar una guerra el sire de los Warcold nos entregó aquellos 4 vampiros, que no eran precisamente forasteros, tu padre y yo acabamos con ellos (julio prosiguió) No os quise decir nada antes porque erais aún muy pequeños y no quería que supierais que vuestra madre tuvo un final tan violento. Pero tras lo que habéis vivido, sé que sois lo suficientemente maduros como para saber la verdad (dijo Julio observando de cerca a sus hijos, sobre todo a Marcos, el pequeño y él único que no sabía nada)
-      ¿Algún secreto más que debamos saber? (dijo muy seco Max y levantándose. Alejandro le lanzó una mirada que hizo que el muchacho se volviera a sentar de inmediato)
-      No, hijo. Ese era el único…y solo os lo oculté porque no quería traumatizaros (dijo Julio justificándose. Julio miró un instante a Sebastian que solo puso cara de aburrimiento. Respiró hondo y volvió a mirar al pequeño de la familia ¿12 años serían suficientes para asimilar lo que acababa de decirles?).¿Marcos, hijo? ¿Estás bien?
-      Cuando vayáis a por esos vampiros, yo quiero ir también (dijo con rabia)
-      No, hijo. Ni Max irá. Es muy peligroso y sois aún muy jóvenes. Pero no tienes que sufrir, estaremos preparados (y le sonrió dulcemente)
-      ¿Cambio de planes? (le susurró Antonia al oído tras quedarse a solas después de la reunión “familiar”)
-      No (dijo muy seco). Seguimos adelante.
-      ¿Seguro? Des de que volviste con tu padre que estás raro (dijo acariciándole el pelo) ¿De qué hablasteis?
-      ¿Hablar? Hablamos poco (dijo levantándose un poco la camisa para que viera las marcas de la correa de su padre).
-      ¿Y te dejaste hacer eso? (dijo extrañada)
-      (dijo secamente). Tenía que hacerlo si quería ganarme su confianza. Tiene que creer que aún puede controlarme (dijo forzando una sonrisa. No podía permitir que Antonia supiera que había pasado realmente con su padre aquella tarde.  Antonia le devolvió la sonrisa y lo besó).
-      Mi dulce pastelito (le dijo cariñosamente) pronto acabará todo. El viaje fue como esperábamos. Marcos ya está de nuestro lado. Tu tío está dispuesto a empezar una guerra con los vampiros del este y ambos sabemos que eso será su fin. Tu hermano le quitará el anillo él ya no será inmortal y entonces tu obtendrás tu venganza y yo recuperaré mi anillo (dijo feliz Antonia mientras acariciaba a Sebastian. Sebastian no dijo nada más solo la besó y le devolvió las caricias. Sebastian y Antonia no estaban muy acostumbrados a tener sexo del silencioso, pero hicieron todo lo que pudieron para ser lo más discretos posibles. Aunque a la mañana siguiente el comentario que les hizo Marcos en el desayuno les dejó claro que no lo había logrado del todo).
Tras regresar al fin Max pudo volver a sus clases. Así que a la mañana siguiente tras llevar a Max al instituto y en la escuela a Marcos, Julio decidió que lo mejor era empezar con lo que se había autoimpuesto como tarea especial. Lograr que Sebastian y Alejandro volvieran a acercarse y perdonasen todos los agravios pasados.
Alejandro era su hermano mayor y si seguía a su lado no era solo por ser el jefe de los Bocha. Era porque Alejandro Bocha era su hermano y lo quería. Sebastian era su hijo primogénito, el mayor, el que durante mucho tiempo fue su mayor orgullo. También de sus tres hijos él que más enfrentamientos había tenido y quizás por eso el que mejor conocía. Max era obediente, inteligente y responsable Julio las pocas veces que discutía con Max era porque le encendía la poca iniciativa que tenía le chico. Marcos era muy vivo, siempre alegre y tenía un gran instinto pero también era muy caprichoso y bastante egocéntrico pero al menos no era para nada del tipo rebelde como lo era Sebastian a su edad. Sebastian era rebelde y testarudo pero también tenía un gran sentido de la justicia y de la lealtad. O al menos lo tenía. Julio se sentía orgulloso de sus tres hijos, aunque jamás se lo dijera. Sabía que comparado con la mayoría de chicos, los suyos estaban bien educados. Julio simplemente quería mantener a su familia unida como lo estaba antes de que su esposa muriera. Allí fue cuando empezó todo a torcerse. Todo empezó entre él y Alejandro. Aunque siempre se querrían porque eran hermanos. Alejandro no dejó de culparse nunca de la muerte de su cuñada y Julio había enterrado muy muy profundamente cualquier tipo de sentimiento de recriminación hacia su hermano por la muerte de su esposa. Julio no dejó que nadie viera el dolor que sufrió tras la perdida de su esposa, nadie, ni sus hijos. Por lo que todos asumieron que Julio solo era un perrito fiel de Alejandro. Sebastian tenía entonces 15 años, estaba en plena adolescencia y ya se sentía abandonado por sus padres mucho antes de que su madre muriera. Pero tras la muerte de su madre, su padre se volcó en los pequeños y como él decía le cedió por completo a Alejandro. Alejandro era bueno con él, no podía quejarse, pero vivir bajo el mismo techo que tu padre y que sea tu tío (y no tu padre) el que se preocupe si esa noche pasaste mala noche, acaban haciendo meya.
-      Mueve el culo, nos vamos (dijo Alejandro tirándole la cazadora a Sebastian)
-      ¿Nos vamos? ¿Dónde? (preguntó Sebastian tras agarrar la cazadora. Antonia quitó las piernas de encima de Sebastian para que pudiera levantarse)
-      Necesito un sparring, y cómo le cortaste el brazo a mi sparring habitual, te toca (dijo Alejandro muy serio aunque la frase que acababa de decir tenía su gracia).
-      Llévate a papá (dijo mirándolo sin entender nada)
-      Tu padre está viejo
-      Te recuerdo que tu eres aún más viejo que yo, Alejandro (dijo Julián rodando los ojos)
-      ¿Tú también vienes? (Sebastian dijo al ver que su padre ya llevaba puesta su chaqueta)
-      Sí, tú tío, cree que estoy algo oxidado…y más vale que nos preparemos para cuando la verbena esté lista y vayamos tras esos vampiros
-      ¿Seguís con eso? (dijo resoplando)
-      Si, seguimos con eso (dijo molesto Alejandro) Y como tú vendrás con nosotros, más vale que te prepares también
-      Alejandro. Tengo 27 años, no tengo porque prepararme además, no me necesitáis para vuestra estúpida cruzada (Antonia intentó avisar a Sebastian que cerrara la boca pero Sebastian estaba de espaldas y no la vio).
-      ¿Qué acabas de decir, muchacho? (dijo Alejandro acercándose más a su sobrino y fulminándolo con la mirada. Sebastian se dio cuenta que aquel comentario había caído bastante mal, pero ya lo había soltado).
-      Nada (dijo poniéndose la cazadora, no quería peleas)
-      ¿Nada qué? (dijo Alejandro apretando la mandíbula. Sebastian lo miró fijamente y al ver que su tío no se movía ni un milímetro se dio por vencido. Realmente estaba deseando que todo eso se acabara)
-      Nada, señor (dijo como si le sacaran una muela)
-      Mejor vamos tirando, se trata de aprovechar el día la máximo ¿no? (dijo Julio viendo que las cosas se estaban poniendo tensas entre Alejandro y Sebastian. Y la idea de ir los tres juntos era precisamente lo contrario. Recordar cuando los 3 eran felices) Venga, Sebastian (dijo dándole las llaves) conduce tú. A la vuelta ya conduciré yo (sin dejar de estar a la defensiva Alejandro y Sebastian siguieron a Julio hasta el coche).

-      Hola (dijo César a los pocos minutos que Julio, Sebastian y Alejandro se fueran)
-      Hola (dijo secamente Antonia)
-      ¿Estamos solos? (preguntó César)
-      Eso parece (dijo Antonia sonriendo).
-      ¿Cómo va con Sebastian? (preguntó sirviéndose una copa del mueble de bar)
-      Bien.
-      ¿y con Max?
-      También bien (dijo sonriendo maliciosamente)
-      ¿Cuándo crees que podréis haceros con el anillo?
-      Solo un par de semanas…aún hay que dar las últimas pinceladas.
-      Cuando todo esto haya acabado ¿No olvidarás nuestro trato, verdad? (dijo alargándole una copa)
-      No sufras, César. Tendrás tu cura (y le dio un sorbo a su bebida)
-      Más vale, porque no he perdido un brazo para nada
-      ¿Me estás amenazando, César? (le preguntó molesta Antonia) ¿He de recordarte que Sebastian quiere matarte? Un brazo y la cura, me parecen un trato buenísimo. ¿Seguro que quieres ir de Alpha conmigo?
-      No (dijo dando un paso hacia a tras). Solo te recuerdo nuestro pacto.
-      No tengo problemas de memoria César. Te dije que si hechizabas a Alejandro como lo hiciste con Sebastian la otra vez, yo te daría la cura. Y no he visto ningún cambio en Alejandro.
-      Me ha costado encontrar a mi brujo. Des de que llegáramos no he tenido ocasión, sino fuera por los días que pasé para recuperarme del “apurado” que dio tu noviecito aún no habría podido contactar con él sin que Alejandro se percatara.
-      Siento mucho que hayas tenido dificultades (dijo con sarcasmo) ¿Cuándo vendrá ese brujo tuyo?
-      Está en camino (dijo César muy misterioso)
-      ¿Cuándo, César? (repitió de nuevo Antonia pero esta vez más seria).
-      El próximo viernes.
-      Muy bien. En cuanto llegue, avísame, me las apañaré para que Alejandro nos haga salir a los dos juntos
-      ¿Los dos?
-      No me mal interpretes, es simplemente que no confío en los traidores (dijo Antonia forzando una sonrisa).
-      ¿Y qué eres tú sino? (César podría ser una comadreja pero no le gustaba que se lo señalaran).
-      ¿La que tiene tu cura? (dijo Antonia haciéndose la listilla y César la miró con odio).
-      Estoy deseando que esto se acabe y perder de vista a todo lo que huela a Bocha.

-      Brindo por eso (dijo Antonia alzando su copa. César aunque no le caía bien Antonia lazó su copa y también bebió)

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