viernes, 2 de septiembre de 2016

Capítulo 28


Capítulo 28
-      Maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaax (gritó Alejandro des de la puerta) si he de llamarte una vez más no te va a resultar cómodo el viaje en coche.
-      Ya va, ya va, ya va (dijo corriendo con una tostada en la boca, la chaqueta a medio poner y agarrando la mochila con la mano libre).¿Y Marcos? (le preguntó parándose en la entrada para acabar de ponerse todo bien)
-      Ya está abajo en el coche con tu padre (dijo Alejandro retorciendo el hocico). ¿No sé que te pasa esta mañana? Pero parece que vas a cámara lenta, chico.
-      Lo siento, tío (dijo disculpándose intentando parecer lo suficientemente compungido como para que su tío lo dejara pasar con una simple regañina)
-      ¡SEBASTIAN!
-      ¿Si? (dijo solo asomando la cabeza)
-      Tú también te vienes
-      ¿Yo? ¿Por qué? (preguntó sin entender nada)
-      Por que es una orden (dijo muy serio).
-      ¿No los vas a dejar en la escuela? (preguntó caminando hacia la percha donde estaba su cazadora colgada)
-      Sí, tus hermanos van a la escuela, tu padre, tú y yo vamos a casa de Leopold. Me envió un mensaje esta mañana (Sebastian  se miró el reloj a penas eran las siete y medía de la mañana)
-      ¿Tan pronto? ¿Y qué quería?
-      ¿Tu que narices piensas que quería? Venga, déjate de tantas preguntitas y tira para delante, entre tu hermano y tu parece que vivo en una casa llena de ancianos en vez de críos.
-      Eyyy que yo tengo 27…(protesto haciéndose el ofendido Sebastian)
-      Pues empieza a comportarte como tal (dijo Alejandro dejando pasar a Max y a Sebastian antes de dar un portazo tras de él)

-       (Antonia salió del dormitorio que compartía con Sebastian al cabo de un rato y se fue hasta el dormitorio de Alejandro para hablar con César) ¿Los has oído?
-      (dijo dejando los papeles que estaba revisando)
-      Tu brujo ya tiene preparado el hechizo ¿verdad?
-      (dijo nervioso César)
-      Pues vamos (dijo Antonia poniéndose la chaqueta), algo me dice que esta noche será la gran noche.
-      ¿Tienes mi cura?
-      Si, siempre la he tenido. Y en cuanto tu brujito haga su trabajo y yo haya recuperado mi anillo, será toda tuya. Se acabó ser un hombre lobo para ti. Aunque sinceramente César no te entiendo
-      A ti como a ellos os encanta esto, pero yo lo detesto con todas mis fuerzas, no puedo soportar llevar esta bestia dentro de mí (dijo con rabia César).
-      Lo que tu digas (dijo rodando los ojos Antonia) Venga, movámonos, hay que ser rápidos, no sabemos cuanto tiempo estarán con Leopold.
-      ¿Podrías llamarle? ¿No sois amigos? Dile que los entretenga todo lo que pueda
-      Cuanto menos sepa Leopold de nuestro “planecito” mejor ¿créeme? (dijo con la mirada sombría y César respiró hondo y le dio las llaves del coche de Sebastian).
Antonia siguió las indicaciones de César hasta el hotelito donde se estaba Taz, el brujo que hacía 5 años había hechizado a Sebastian y que iba a hacer ahora lo mismo con Alejandro. Lo que no sabía Antonia es que Julio había puesto un localizador en todos los coches de la casa. Sobre todo en el de Sebastian. Y Julio, Alejandro y Sebastian pudieron localizar el paradero del brujo sol con mirar la pantalla de sus teléfonos. Al cabo de unos minutos llegaron los Bocha, aparcaron un par de calles más arriba, no querían que ni Antonia no César los viera. Alejandro que aún esperaba que aquello no fuera verdad, parecía más desolado que enfadado.
-      Ha llegado momento (anunció Sebastian)
-      Hazlo (dijo muy seco Alejandro y le entregó el anillo, que se apresuró a guardar en el bolsillo de la chaqueta. Sacó una replica de la guantera y Alejandro se la puso) Más vale que no me defraudes (le dijo Alejandro a Sebastian y Sebastian solo resopló y rodó los ojos).
-      Por amor de dios, Alejandro ¿Cuándo empezarás a confiar en mí?
-      Cuando dejes de llamarme por mi nombre (Sebastian cerró los ojos y respiró varias veces profundamente antes de continuar) Cuando todo esto acabe, vamos a tratar unos cuantos asuntos, y ese va a ser uno de ellos.
-      Vale, lo que tu quieras (dijo molesto Sebastian y sacó un estuche del bolsillo interior de la chaqueta. Había un vial y una jeringuilla) Acónito (dijo Sebastian preparando la dosis)
-      No te pases de la dosis (le dijo su padre) solo 20 ml.
-      Ya lo sé, papá. lo he hecho cientos de veces (dijo cansado. Y julio lo miró bien feo porque a menso que se dedicara a torturar hombres lobo eso significaba que había sido o era adicto)
-      Venga, acabemos ya (dijo Alejandro remangándose la manga para que Sebastian le inyectara el acónito). No olvidéis en atarme bien. No quisiera despertar y escaparme y que pudiera matar a quien no debiera (dijo preocupado Alejandro)
-       Tranquilo no te soltarás (dijo Sebastian con una sonrisa malévola)
-      Disfrútalo, muchacho, porque puede que sea la única ocasión en que me puedas
-      Sabes perfectamente que soy más ágil, más rápido y más fuerte que tú. Y ahora que no llevas el anillo podría acabar fácilmente contigo. Así que “tío” (dijo de una forma muy artificial) corta el rollo (por un segundo tanto Julio como Alejandro dudaron de las intenciones de Sebastian pero que a Sebastian se le escapara la risa, como cuando era pequeño y hacía una travesura y lo pillaban en el acto hizo que se relajaran). Dulces sueños, princesita (dijo Sebastian y le inyectó la dosis, al cabo de un minuto Alejandro ya estaba en el mundo de los sueños. Julio y Sebastian lo ataron a conciencia y lo metieron en el maletero del coche y cerraron con llave)
-      Eso debería de ser suficiente
-      Eso y que al final  le he puesto 40 ml
-      ¡Qué le has dado cuanto! Plack (le dio un collejón que casi le hace saltar los ojos de las órbitas)
-      Auuuuu no es letal, solo quería asegurarme (dijo llevándose la mano al cogote)
-      ¡Con 20 había más que suficiente! (dijo furioso su padre) Cuando despierte te va a, a, a, .grrrrrr ¿Así quieres ganarte nuestra confianza?
-      Venga papá, solo dormirá unas horas más… (dijo Sebastian intentando aguantarse la risa pero a duras penas podía. Julio gustosamente hubiera colocado a su hijo sobre su regazo y le hubiera dado una buena azotaina, pero ni era el momento ni el lugar)
-      Es un brujo muy poderoso (dijo su padre cambiando de tema para no matar a su hijo).
-      Lo sé y por eso (dijo dándole una piedrecita a su padre) llevaremos esto
-      ¿piedras?
-      Si (dijo sonriente. Julio le echó una de esas miradas de padre, par que dejara las bufonadas. Lo cierto que en parte se alegraba de ver a Sebastian de tan buen humor. Ese Sebastian le recordaba a su Sebastian). Son un suvenir de la isla de pascua, estuve hace un par de años y conocí a unos “hombres santos” estás piedras anulan todo tipo de magia. No podrá atacarnos
-      ¿Y no podía darle una de esas piedras a tu tío? (dijo mirándolo muy tensamente)
-      Pero solo tenía dos (protestó como lo haría un niño pequeño)
-      Solo necesitabas una, la de tu tío (le dijo enfadado su padre).
-      Eso hubiera hecho que no pudiera hechizarlo, pero tu y yo estaríamos indefensos y no podríamos acercarnos lo suficiente como para acabar con él (le dijo poniéndose al fin serio. Antonia y César estuvieron casi dos horas con el brujo. Espera aún un poco después que salieran Antonia Y César para entrar en el hotel y encargarse de Taz) ¿Preparado? (dijo sonriéndole, sin darse cuenta Julio le sonrió también).
-      Preparado (dijo poniéndose serio de nuevo y picaron a la puerta de la habitación de Taz).
-      ¿si? (preguntó el brujo tras la puerta mientras miraba por la mirilla)
-      Soy de la habitación de al lado, podría hablar con usted un segundo (dijo Julio que era el que tenía la pinta menos sospechosa de los dos.)
Sin poder utilizar su magia Taz no tuvo mucho que hacer contra dos hombres lobos, y aunque Sebastian hubiera deseado prolongar la agonía de Taz un poco más por todo lo que había perdido por aquel hechizo que lanzó contra él cinco años atrás. No tenían tiempo que perder. Así que tras deshacerse del cadáver del brujo, fueron a por Max al instituto. Era la hora que el chico jugara su parte en aquella partida. Julio seguía sin estar muy conforme con esa parte del plan, pero ahora que tanto el muchacho como él sabían donde se metían estaba un poco más tranquilo. Aún así Julio, también guardaba un as en la manga por si acaso Max pudiera correr algún peligro en algún momento.
-      ¡Hey Max! (dijo sonriente Sebastian, abriéndole la puerta de atrás para que subiera)
-      Hola ¿ya está? (preguntó algo nervioso)
-      Sí, brujo bye-bye. Ahora es tu turno…y ya sabes…lúcete (dijo Sebastian que de tan exultante que estaba daba miedo).
-      Hijo, cualquier cosa, nosotros estaremos solo a unos metros…si por cualquier motivo sospecharan de ti, no lo dudes llama (le dio alargándole un teléfono). Está preparado solo darle al botón del volumen y estaremos ahí en menos de un segundo. Igualmente nosotros estaremos escuchando (dijo su padre preocupado).
-      No te preocupes papá, irá bien (dijo tranquilizando a su padre). Ellos piensan que soy una mosquita muerta, no sospecharán nada (dijo mirando furtivamente a su hermano. No le había sentado nada bien que Sebastian y Antonia lo hubieran estado manipulando como quisieron. Pero agradecía que finalmente le hubieran contado lo que pasaba. Y no solo eso sino que contaran con él para acabar de una vez con César. Le hacía sentirse mayor).
-      Muy bien, hijo (dijo dándole un beso en la frente) hazlo lo mejor que puedas y no te hagas el héroe, al más mínimo indicio de que
-      Si, si, papá, lo sé, no soy un suicida…si sospecho que me han descubierto os llamo (dijo intentado parecer muy seguro de si mismo. Tardaron bien poco a llegar al barrio donde vivían, Sebastian aparcó justo en el bloque de detrás de donde estaba su casa. Y Max respiró hondo y salió del coche. Era su gran momento. No iba a defraudarlos)
-      Eyyyy canijo (dijo Sebas saliendo un segundo tras su hermano y le dio un abrazo. Max se quedó parado al principio per después le devolvió el abrazo) ten cuidado (le dijo y le sonrió tiernamente. Max asintió y siguió su paso)
-      Lo he visto (en cuanto Sebastian regresó al coche su padre le dijo muy serio y lo miró de arriba a abajo como si fuera un Terminator).
-      Mejor él que yo ¿no? (dijo pero más bien parecía un pensamiento que una respuesta)
-      No me gusta nada de esto. Y mucho menos todas esas improvisaciones que estás haciendo. Ni lo de la sobredosis de tu tío, ni lo de las piedras ni que le deslizaras el anillo en el bolsillo a tu hermano, formaban parte del plan.
-      Si, si que lo formaba… ¿no lo mencioné?
-      No (dijo muy serio y se dio cuenta que aún estando bajo el poder del patria-potestas Sebastian se las había ingeniado para mantener algunas cosas en secreto. Y eso le dio miedo y a Julio no le gustaba sentir miedo de sus propios hijos y se puso de muy mal humor).
-      No te enfurruñes, papá. Todo saldrá bien (dijo sonriendo pero hablaba muy en serio).

-      Estaría más tranquilo si siguieras el plan y te dejarás de sorpresitas y sobre todo si no estuvieras tan…”estimulado” (dijo Julio fulminándolo con la mirada)

6 comentarios:

  1. Hooo estaba tan emocionada leyendo y veo que no hay mas. Esto esta mas intrigante que una de alan poe ya quiero saber que pasa

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  3. Cierto, no tenía ni la menor idea que Cesar es un traicionero, ojala perdiera su tro brazo y sienta el dolor hasta volverse loco, y viva eternamente sintiendo dolor.

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  4. Que interesante historia, espero no le pase nada a Max :)

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  5. Que bien saber que Sebastian si era bueno!!...
    Ya quiero saber más de esta historia!!..
    Felicidades Little por tan increíbles historias!!

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  6. Esta buena la historia que buenos q Sebastiano no es malo, pero queda en mi duda q esta guardando secretos y cambios de planes, cada vez esta mas interesante

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