viernes, 29 de mayo de 2020

HOMESCHOOLING



HOMESCHOOLING

~ Este corto sobre la familia de Holly se ubica cuatro años en el pasado, de tal manera que las edades son las siguientes ~
Aaron: 24
Sam: 17
Blaine y Leah: 12
Sean: 10
Jeremiah: 9
(Scarlett no estaba con ellos en esta época)
Max: 5
West: 1

-         HOLLY’S POV –

La mañana estaba siendo muy tranquila. Sam se había ido al instituto y los demás habían empezado las clases conmigo en el cuarto de estudio. Max practicaba sumas en una hoja y yo no quería que se acostumbrara a usar los dedos para contar, así que utilizaba un ábaco cuando se atascaba en alguna.  
Ábaco de madera - iwannatoy.com

Jeremiah y Sean leían La isla del tesoro. Les había pedido que apuntaran en un papel las palabras que no entendieran y que al final de cada capítulo las buscaran en el diccionario. Jeremiah usaba una tablet con configuración adaptada para invidentes, la cual podía manejar mediante la voz y eso era casi lo único que se escuchaba en la habitación, ya que West estaba felizmente dormido en el rincón que había reservado para él, en el que había incluido una cuna.

Aaron me estaba echando una mano ese día con los más mayores. Tenía turno de tarde en la universidad y, aunque muchas veces se iba antes a estudiar en la biblioteca, acababa de terminar el periodo de exámenes y no tenía mucho que hacer. Le gustaba hacer de profesor con sus sobrinos, especialmente de dibujo. Estaba con Leah y Blaine en el salón enseñándoles a desarrollar figuras a partir de vistas isométricas. Desde mi punto de vista, los mellizos eran aún muy pequeños para entender algo tan abstracto y complejo, pero, para mi sorpresa y orgullo, habían captado la esencia del asunto en muy poco tiempo.

Como todos mis hijos estaban ocupados y trabajando bien, pensé que era buen momento para ponerme a hacer la comida. Los astros se conjugaron y West se despertó y se puso de pie en la cuna. Le cogí en brazos y le llevé conmigo, para que sus hermanos pudieran seguir tranquilos haciendo sus tareas. Subí a mi habitación para ver si mi marido podía quedarse un rato con el bebé.
Connor llevaba unos días en casa. Había regresado de una misión y estaba de permiso, esperando para reincorporarse a la base militar. Con suerte iba a estar un tiempo sin tener que irse al extranjero. Pensé que las cosas serían más sencillas al contar con su presencia, pero él no estaba siendo de mucha ayuda. Apenas le hacía caso a West, a pesar de que se había pasado meses enteros convenciéndome para que tuviéramos otro hijo. No es que yo no quisiera, pero una parte de mí había sentido que sería como intentar reemplazar a Scarlett. No estaba preparada para traer otro niño al mundo, ni para tener intimidad con mi esposo. No había dejado que Connor me tocara durante dos años, pero él me había hecho ver que eso no iba a devolvernos a nuestra hija y que teníamos que continuar con una vida lo más normal posible por el bien del resto de nuestros pequeños. Cuando me quedé embarazada de West sentí que mi mundo comenzaba a girar de nuevo. Más despacio de lo normal, aún no estaba completo, pero empezaba a repararse. Después llegó Sam, y enterarme de su existencia fue una herida más en el corazón, de la que luego creció una rosa, porque Samuel era una bendición para todo el que tuviera el honor de conocerle.
Cuando supe que mi marido tenía un hijo y que este se había quedado solo tras la muerte de su madre, me indigné. Connor nunca se había ocupado de él. Nunca había ejercido de padre con ese chico. Pero después, al descubrir que la madre de Sam tenía Síndrome de Down y que ella sola había sacado a su niño adelante, sentí la misma admiración hacia ella que asco hacia mi marido. Westley Larsen se convirtió en una inspiración para mí. Ella había cuidado de Sam lo mejor que sus circunstancias le habían permitido y yo tenía que hacer lo mismo, con mis bebés… y con el suyo.
Connor me había decepcionado mucho en aquella ocasión. No sería la primera ni la última vez.
Al final, sin embargo, aceptó al muchacho. Sam era imposible de rechazar. Pero no estaba unido a él. Había una brecha insalvable entre ambos, Sammy le guardaba demasiado rencor y Connor no hacía demasiado por cambiar eso. Le había permitido continuar en su viejo instituto, en lugar de obligarle a estudiar en casa con sus hermanos, y aunque había sido un intento de dejarle conservar algo de su antigua vida, no habían hablado al respecto. Connor casi nunca hablaba con los chicos, no de verdad. Con los años, su capacidad de comunicación había emporado. No sé qué cosas había visto en sus misiones, pero ya era incapaz de mantener una conversación honesta, sincera y cariñosa. Los niños sentían que solo hablaba con ellos para darles órdenes y lo cierto es que no podía culparles por pensar así, porque estaba muy cerca de la verdad.
Sam creía que le dejaba ir al instituto porque quería hacer distinciones entre sus hijos de verdad y su bastardo. Me lo había dicho en confidencia y yo le había asegurado que no era cierto, que Connor solo buscaba hacerle sentir mejor porque él no quería separarse de sus amigos. No quería hacerle cambiar de hábitos tan bruscamente. Pero Sam necesitaba escuchar eso de su padre, no de mí. Y Connor rehuía ese tipo de “charlas inútiles y sentimentaloides”.
El hombre con el que me casé no era así. Ese hombre era atento y dulce y fue capaz de aguantar toda una noche despierto porque yo quería escuchar la discografía completa de ABBA de un tirón, a pesar de que él odiaba esa música. Pero de esa persona quedaba solo el esqueleto.
Sacudí la cabeza para librarme de aquellos pensamientos, y toqué a la puerta de nuestro cuarto antes de entrar con West.
-         Con, necesito que te quedes con el niño mientras hago la comida – le pedí.

-         ¿Qué? Pídeselo a Aaron.
Apreté los dientes. Aaron no era su padre y él no estaba haciendo nada en ese momento, solo estaba sentado viendo la televisión. ¡West era su bebé y era incapaz de tenerlo en brazos! Me esforzaba mucho por no echarle eso en cara, porque se despertaba entre sudores y gritos de madrugada, balbuceando cosas como que “no podía salvar al niño”. Connor había quedado traumatizado por algo que no me quería contar, pero se negaba a ver a un profesional. Necesitaba ayuda y no lo admitía. No se daba cuenta de que me estaba dejando sola con siete niños y de que mi hermano estaba asumiendo cada vez más el papel de padre que le correspondía a él.
-         Aaron está con Blaine y Leah, en clase – le expliqué. – Y tiene que vigilar a los peques ahora que yo voy a la cocina… Aunque también podrías cocinar tú y así me quedo yo con todos.

Connor se levantó de mala gana y sacó su cartera del bolsillo de su pantalón.
-         Podemos pedir pizza – respondió, buscando el dinero.

-         No, nada de eso. Ya comimos pizza el viernes. Los niños tienen que comer sano y además no nos sobra el dinero como para gastarlo.

-         ¿Por qué dices eso? Nos va bien – se quejó, con el orgullo herido, como si hubiera insinuado que no era capaz de mantenernos.

-         Sí, pero no estamos para gastos tontos – insistí. – Sam entrará a la universidad el año que viene, ¿o lo estás olvidando? Confía en que le den la beca, pero aún así necesitará dinero: quiere seguir en el conservatorio.

Connor gruñó, entendiendo la lógica de mis palabras. Suspiré. Estaba tan cansada. No tendría que pedirle que hiciera la comida, joder. ¿Qué había pasado con él “si tú haces la comida yo hago la cena”? Todo recaía sobre mí en aquella casa. Todo.
-         Amor… Los niños deberían ir al colegio – planteé. Él alzó la mirada, sorprendido por el brusco cambio de tema. -  Sé que decidimos que les enseñaríamos en casa y ha sido maravilloso y especial, pero…

-         ¡No! – se negó en rotundo. Él había crecido en el homeschooling y quería lo mismo para sus hijos. A mí me había gustado la idea… cuando estábamos los dos tirando del carro.

-         ¡Tienes que ayudarme en algo, entonces! ¿Sabes cuántas horas he dormido hoy? ¿Sabes todo lo que he hecho en una mañana?

-         Déjame en paz, Holly. No quiero discutir.

Respiré hondo y abracé a West, buscando en mi bebé la calma que necesitaba en ese momento para no soltar alguna burrada.
Unos pasitos se acercaron corriendo y Max entró como un vendaval en la habitación.
-         ¡Mami, mira! ¡Ya terminé! – anunció, agitando la hoja con los ejercicios.

-         Maximilian, te tengo dicho que llames a la puerta – le regañó Connor.
El semblante de mi niño cambió en un segundo, congelando la sonrisa en su hermosa carita. Esperaba felicitaciones por haber terminado rápido y bien su tarea y en su lugar le habían recibido con una recriminación por algo que ni siquiera había hecho con maldad. Los niños entran como torbellinos cuando están entusiasmados. Llamar a las puertas es un paso que desaparece de su memoria cuando buscan a su madre.
-         Y yo te tengo dicho que no me llamo así, mi nombre es Max – protestó, con un puchero. Sonreí ligeramente. Nunca decíamos su nombre completo. En su partida de nacimiento ponía “Maximiliam”, pero absolutamente todo el mundo le llamaba Max, de tal forma que el peque se pensaba que su nombre se acababa ahí. Solo Connor había empezado a usar recientemente su nombre largo, para llamarle la atención.

-         No me contestes – le espetó, con dureza. Fruncí el ceño. Esa no era la forma en la que le hablabas a un niño de cinco años.

Max tenía cierta caradura innata, una picardía que le hacía parecerse a Blaine, y le encantaba parafrasear a los adultos, pero casi nunca lo hacía de forma grosera. 

-         No pretendía ser maleducado, Connor. Es un niño. Entiende la intención de sus palabras, que ha sido gracioso más que nada.

-         ¿Gracioso? No sabe ni su puñetero nombre. Vamos, fuera. Aprende a llamar a la puerta la próxima vez.
Max arrugó la cara y yo me agaché para darle un abrazo, mientras fulminaba a mi esposo con la mirada. Saqué al peque de allí y me ocupé en consolarle y alabar su tarea. Conseguí que se calmara enseguida, pero lloró un poco y a mí me pesaron cada una de sus lágrimas. 
Lamentablemente, no podía echar la culpa de eso también a sus misiones. Connor siempre había sido brusco con los niños. Me había costado darme cuenta, porque mi padre era un animal, así que cualquier ligera mejoría con respecto a eso me parecía aceptable. Pero ya no era una adolescente asustada que quería huir de casa y la severidad y la aspereza no me parecían medios de crianza demasiado efectivos. Yo era quien pasaba más tiempo con ellos. Yo sabía lo que era mejor para mis hijos.
Dejé a West y a Max en el cuarto del bebé por un momento y regresé con Connor echa una furia.
-         Vas a entrar ahí y le vas a pedir perdón a Max por haber dicho una palabrota delante de él. A ver con qué cara vas a reprocharle luego que él suelte un taco. Después le vas a prometer que tendrás más paciencia y que le hablarás mejor.

-         No haré tal cosa, ¿qué te pasa? No le he pegado.

-         No hace falta eso para hacer llorar a un niño.

-         Llora porque tú eres demasiado blanda, Holly. Les estás volviendo niñas a todos, y Leah, que es la única que tienes, es una marimacho, deberías ocuparte de eso.

No le crucé la cara porque me había jurado no ser una histérica que recurre a los golpes cuando está demasiado enfadada como para hablar. En su lugar, le señalé con un dedo.

-         No vuelvas a llamarle eso a tu hija – le advertí. – Y no es la única hija que tenemos, imbécil. Si tú te has olvidado de Scarlett, te aseguro que yo no.
Connor abrió los labios, como si se acabara de acordar de ella.
-         Holly… yo…

-         Hoy duermes en el sofá – le avisé. – Tú verás cómo te las apañas para que los niños no te vean.


1 comentario:

  1. ¡Me encantó este capítulo! He estado leyendo tu historia durante algunas semanas y la disfruto mucho. (Mi favorito es Alejandro, jaja).
    Admito que antes no me gustaba Holly porque parecía que era alguien que dejaba que otros maltrataran y abusaran a sus hijos, y odio a las mujeres que no protegen a sus pekes, pero veo que tal vez estaba equivocado. Holly tiene un alma gentil, pero ama a sus hijos y los defiende. Muy bien. jaja.
    (Utilicé el traductor de Google para hacer mi comentario, ¡espero que tenga sentido! Jaja. Por favor continúa escribiendo)

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