domingo, 24 de diciembre de 2017

Drea a ti te regalo Dream





MATÍAS

Feliz Navidad, Drea. Espero que te guste y que pases unos días increíbles. ¡Muak!

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-         ¡Yo quiero poner la estrella, mamá! – protestó Matías. – Siempre lo hago yo.

-         Por eso mismo podrías dejar que este año lo hiciera tu hermanita -  sugirió James, intentando por todos los medios que sus pequeña Fernanda no se pusiera a llorar.

-         ¿Por qué no la coges tú en brazos para que llegue? Así la ponéis los dos – sugirió Antonia.

Matías lo pensó unos segundos y llegó a la conclusión de que era la mejor solución, así que cogió a su hermanita en brazos y la levantó para que colocara la estrella en lo alto del enorme árbol de Navidad que estaban montando. Habían decidido tener uno solo, al igual que un solo belén, como símbolo de que eran una sola familia. Amanda, Antonia y James hicieron varias fotos de aquel momento tan especial, que se rompió únicamente cuando Martín comenzó a llorar pidiendo su biberón.

-         ¡Yo se lo doy! – se ofreció Matías. Se había tomado su tarea como hermano mayor muy en serio. No es que no quisiera a Fernanda, adoraba a la enana con toda su alma, pero Martín había llegado en circunstancias muy especiales, como presagio de la muerte de su madre biológica el día de la boda de sus padres del corazón.  Había desarrollado un fuerte instinto de protección hacia ese bebé, porque además Amanda y James ya tenían mucho trabajo con Fernanda y Antonia estaba embarazadísima del pequeño Mateo, así que las manos extras les venían muy bien.

-         ¡Lo único que le vas a dar son las buenas noches! ¡A tu cuarto ahora mismo, Matías Javier! – gritó Eric, apareciendo en el salón en ese instante. Había ido al garaje a buscar una caja con más adornos y había encontrado algo que no le había gustado nada: el boletín de notas de su hijo, con su firma falsificada. Ya le había extrañado que no le dieran las notas antes de las vacaciones, pero Matías le había insistido en que ese año lo iban a hacer diferente.

-         ¿Papi? – preguntó el chico, confundido, sin entender el repentino enfado de su padre.

-         Pensabas que no me iba a enterar, ¿no? ¡Si guardabas las notas en el trastero no las iba a ver porque es el único lugar de la casa que no limpiamos a conciencia! ¡Y no te molestes en decir que se te olvidó porque las has firmado! ¡Mi firma, Matías! ¡Falsificaste mi firma!

Matías se puso blanco. Era niño muerto. No iba a vivir para abrir los regalos de la Navidad. Voló hasta su cuarto, sabiendo que era mejor para él no estar en la misma habitación que su padre cuando estaba así de enfadado.

-         Eric, cálmate antes de hablar con él… - le sugirió James.

-         No puedo calmarme. ¿Cómo ha podido hacer algo así? Se está buscando que me saque el cinturón.

-         Eso no lo dices en serio – intervino Antonia. – Jamás le harías eso a tu niño.

-         Mi niño ha suspendido tres asignaturas, me ha mentido y ha falsificado mi firma. Se acaba de quedar sin regalos de Navidad.

-         ¡Esho ño! – se horrorizó Fernanda. - ¡Papá Noel no haría eso!

-         No, cariño, Papá Noel no hará eso – le aseguró James y taladró a Eric con la mirada, en un claro mensaje de “te vas calmando antes de hacer ninguna tontería”.

Eric gruñó. Matías tenía demasiados abogados defensores, dos de ellos encima con licencia. Resoplando, subió a hablar con su hijo, pasando primero por el baño para coger el cepillo. Cuando vio que no estaba en su sitio sintió que se volvía a encender. ¿Acaso había tenido la osadía de hacerlo desaparecer, como había dicho alguna vez después de que lo castigara con él? Entró al cuarto de su hijo mayor dispuesto a dar un par de gritos, pero se quedó en silencio cuando vio que el cepillo estaba encima de la mesa. Matías debía de haberlo cogido. Por lo menos era consciente de que estaba en muchos problemas.

-         Papi, puedo explicarlo.

- Lo dudo mucho, pero si tienes algo que decir este es el momento.

-         Sabía que te ibas a enfadar mucho… me pegaste por no hacer los deberes y cuando suspendí la otra vez… pensé que ahora igual me matabas…- puchereó Matías. Sabía que su padre no podía resistirse a su puchero, pero esa vez no parecía estar haciendo efecto.

-         ¿Así que la solución era engañarme y falsificar mi firma? ¡Seguramente esto es lo peor que has hecho nunca! Y yo como un tonto confiado de verdad me pensé que no te habían dado las notas.

-         Fue una mentirita pequeña, papi…

-         Tan pequeña como el castigo que te vas a llevar – le dijo y rápidamente se sentó en su cama y le agarró antes de que pudiera escapar. Forcejeó con él para bajarle la ropa y le tumbó encima de sus rodillas.  – Tu única obligación es el colegio – le recordó y sin más preámbulos cogió el cepillo y lo dejó caer con fuerza sobre su piel desnuda.

CRACK CRACK CRACK CRACK CRACK

-         ¡Ay!  No, papi, primero con la mano… No tan fuerte…

CRACK CRACK CRACK CRACK CRACK

-         La última vez que suspendes alguna asignatura, Matías.

CRACK CRACK CRACK CRACK CRACK

-         ¡No, nunca más, lo prometo! Snif… BWAAAA

CRACK CRACK CRACK CRACK CRACK

-         ¡No más mentiras!  ¡Ni falsificar mi firma!

CRACK CRACK CRACK CRACK CRACK

-         ¡No! Papá, nunca, nunca, de verdad

CRACK CRACK CRACK CRACK CRACK
CRACK CRACK CRACK CRACK CRACK

Eric dejó el cepillo, pero todavía estaba bastante molesto. No tuvo fuerzas para seguir castigándolo, sin embargo, cuando le escuchó llorar con sollozos entrecortados.

-         Me duele, papi – lloriqueó Matías, tapándose con la mano por si acaso iba a ver más ataques en contra de su traserito.

-         Para eso fue – respondió Eric, pero le ayudó a levantarse y a colocarse la ropa. Le dio un abrazo como siempre hacía, pero Matías sintió que no era como otras veces. Su padre aún estaba tenso y no le estaba consolando como él quería, así que se enfadó y se apartó para echarse sobre la cama.

Eric optó por dejarle solo. El único con motivos para estar enfadado era él. Cuando salió al pasillo, sin embargo, se encontró con tres personas que parecían pensar lo contrario.

-         Fuiste demasiado duro con él – afirmó Antonia.

-         Todavía está llorando, nunca llora después de que termines – le acusó James. – Suelta algún comentario descarado y viene con nosotros a que le defendamos.

-         Llora de puro berrinche – replicó Eric. – Se merecía más. ¡Tres suspensos me trajo!

-         Ha sido un año muy difícil para él – le recordó Amanda.

-         Sí, mi amor. Acostumbrarse a tener dos papás, la adopción, la boda, los nuevos hermanitos, la enfermedad de Margaret…. – enumeró Antonia. – Es normal que sus notas bajen un poco y aún así nunca ha sido muy buen estudiante.

-         Sí es un gran chef, en cambio – dijo James, con orgullo. – Y un gran niño.

Eric notó que poco a poco le iban ablandando e intentó a duras penas resistirse.

-         Falsificó mi firma – insistió.

-         Y eso estuvo muy mal. Pero ya le castigaste por eso, así que ya no puedes estar enfadado. No puedes más que hacerle mimos.

-         Humpf – gruñó Eric, haciéndose el duro, pero su fachada se rompió cuando Matías asomó la cabecita desde su cuarto.

-         No peleéis – susurró muy bajito. Ya había perdido una madre. No soportaría perder otra por una pelea tonta.

-         No estamos peleando – le tranquilizó Eric y abrió los brazos para estrecharle contra sí. No podía enfadarse con ese mocoso. - ¿Fui muy duro contigo?

Matías negó con la cabeza, o tal vez solo se restregó en su camisa, era difícil decirlo, pero apretó el abrazo y respiró hondo, relajado entre los brazos de su padre.

-         En realidad debería darte más palmadas – replicó Eric, dándole un pellizquito cariñoso. Matías le miró algo preocupado, pero ya no parecía enfadado, sino que más bien estaba sonriendo. – Un pajarito me dijo que pusiste la estrella sin mí.

-         Es que tardabas demasiado, papi. Además, la puso Fernandita. Tendrías que castigarla a ella y no puedes, porque James no te deja y yo tampoco.

Eric sonrió ampliamente y le despeinó con cariño. Su familia seguía aumentando de tamaño y él seguía sintiéndose privilegiado por ser el padre de ese muchachito. ¿Qué eran unas malas notas al lado del privilegio de pasar sus primeras Navidades todos juntos?









1 comentario:

  1. Esta historia me gusta!! Es una pena que ya no haya más capis
    Te quedó lindo el regalo Dream!!
    jajaja pero como se le ocurre esconder las notas ahí!!
    Las hubiera quemado (para la otra que me pida consejos jajaja)

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