martes, 10 de febrero de 2015

Tercer capítulo


Tercer capítulo

Ya habían pasado 4 meses des del incidente del gimnasio y Lourdes sentía que estaba perdiendo a su niñito, y aquello la entristecía. Lourdes se resignaba diciéndose para si misma es un buen chico y solo es una fase. Pero sabía que era una fase que podía durar mucho. Lourdes le había comentado a su exmarido en un par de ocasiones que Valerio estaba cambiando, que cada vez le costaba más hablar con su hijo. Fernando que seguía siendo el padre guay de los fines de semana y vacaciones, lo veía de otra manera. ¨le creía que ahora que su niño se estaba haciendo un hombrecito tendrían muchos más temas de que hablar. Pero lo cierto es que la relación con Valerio no había cambiado nada, Valerio con su padre seguía comportándose igual que siempre. Quizás si que ahora pasaba menos tiempo con ellos, porque solía quedar con sus amigos para jugar o ir al cine y eso lo hacía los fines de semanas. Fernando se sentía un poco dolido, porque quedaba en sus fines de semanas, los fines de semanas eran para ellos. Pero entendía que Lourdes no le dejara quedar con sus amigos los días de escuela, así que tuvo que resignarse también. No sin poner la norma de a cenar y desayunar todos juntos. Pronto fue eso solo el rato que veía a su hijo. Lourdes tenía razón el chico se estaba haciendo mayor y era como si le molestar pasar tiempo con su familia.

  Por su parte Valerio, vivía en su propio mundo, y ni pensaba en lo que podían pensar o sentir sus padres. Él ni siquiera se daba cuenta de que había cambiado, sabía que era mayor, que ya no era un niño y reclamaba ser tratado como un igual. Pero por lo demás vivía en su nube de sueños y fantasías.

  Pero no fue hasta que llegaron las vacaciones de Navidad que el cambio en Valerio quedó patente de forma irrefutable. Aquellas Navidades Fernando les había prometido a Genève y a Carlitos que irían a esquiar incluso cuando unos meses antes se lo había comentado a Valerio este pareció estar ilusionado, quería probar eso del snowboard. Fernando le había comprado secretamente una tabla y pensaba regalársela la noche de navidad. Estaba deseando ver la cara de su hijo cuando le diera la tabla. Pero a dos días de que a los muchachos les dieran las vacaciones escolares. Fernando lo llamó para decirle que esas navidades habría un espectáculo de motos acrobáticas en el palacio de deportes y que sus amigos y él habían comprado las entradas para los tres días (Valerio omitió que entre esos amigos estaba Silvia la chica más cañón de la escuela). En ese momento fue Fernando el que se puso como una moto, eran las vacaciones de Navidad, era para pasarlas en familia. Además ya se había comprometido con ellos, no solo eso, le había prometido a Carlitos que le enseñaría a esquiar.   Sabía que Carlitos idolatraba  a su hermano y se llevaría el disgusto de su vida. Que narices, Fernando se llevaría el disgusto de su vida. ¡Las Navidades eran suyas! Ya se perdía un montón de cosas de la vida de su hijo mayor y las Navidades no iban a ser una de esas. Fernando no entendía como su hijo podía preferir quedarse en la ciudad para ver unas carreras a ir a la montaña con su familia.

  Tras la negativa rotunda de Fernando, Valerio hizo algo que Fernando había temido toda su vida, dijo que no tenía porque pasar las navidades con él. Ya pasaría las vacaciones de primavera, que esas Navidades las pasaría con su madre. Y que si le obligaba a ir le pediría el juez que no le obligara a ir los fines de semana con él. Valerio tenía más de 14 años, si quería podía decidir con cual de sus padres iba a pasar las vacaciones y los fines de semana. Valerio no lo dijo con intención de hacer daño a su padre, él solo pensaba en ir  a ver esas motos con sus amigos, ni siquiera se planteó como se podría sentir su padre. Al fin y al cabo los padres siempre dicen a sus hijos eso de “yo soy feliz mientras tu seas feliz”, Valerio lo había oído tantas veces que lo tenía mimetizado, ni pensaba en que su padre no se sintiera feliz si él se pasaba las navidades pasándoselo bien con sus amigos.

  Fernando luchaba entre las ganas de darle unos buenos azotes a ese mocoso por hablarle así y por amenazarle ¿Pero quién se había creído ese cagoncete? Y el miedo de que si le forzaba lo acabaría perdiendo para siempre. Además Fernando debía empezar a comprender que Valerio ya no era un niño pequeño y que ya empezaba a tener sus propios planes. Pero aún así era NAVIDAD, las NAVIDADES son para pasarlas en familia y el coraje volvía a apoderarse de él. Fernando empezó a darse cuenta que las quejas de Lourdes de los últimos meses no eran paranoias de madre gallina. Es cierto eso que uno ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio ojo. Así que decidió quedar con su exmujer para hablar sobre Valerio, era una cosa que hacía años que no hacían, al principio de divorciarse lo hacían bastante, por miedo de que el chico lo pasara mal, pero Valerio siempre había sido un chico muy fácil de llevar y pronto se malacostumbraron  a que todo iba bien entre ellos. Lourdes no pudo evitar sentir cierta alegría al ver que al fin le tocaba a Fernando lidiar con los desplantes de su hijo y convencerse que no eran chaladuras de ella. Fernando, Genève y Lourdes estuvieron hablando toda la tarde. Cuando Valerio llegó a su casa y vio a su padre y su madrastra hablando con su madre dio una especio de resoplo y puso mala cara. Pero se sentó en el sofá con ellos, par ver que tripas se les había roto ahora, aunque algo le decía que esa repentina vista tenía mucho que ver lo que le había dicho a su  padre por teléfono la noche anterior. Pero aquella era su casa, y allí Valerio se sentía a salvo y seguro, así que no tenía nada que temer.

  -         Valerio, hijo (mal asunto cuando su madre le decía “Valerio, hijo” eso siempre era cuando le quería pedir que hiciera algo) tu padre me ha comentado vuestra charla de ayer.

  -         ¿Si? (dijo con cara de póker, Fernando apretó fuerte los puños ¿a caso les estaba chuleando, ese cagón? Genève tomó ambas manos de su marido para que se calmara, no había ido allí en son de guerra sino para hablar)

  -         Sí, y ¿qué es eso que vas a pasar las Navidades aquí, en vez de con tu padre como haces siempre?

  -         ¿qué pasa? No me quieres por aquí? (le preguntó con mala fé a su madre. Lourdes respiró hondo sabía a que estaba jugando su hijo y no iba a caer en la provocación)

  -         Por supuesto mi amor, que nada me haría más feliz que tenerte aquí en Navidades. Y si eso es lo que quieres ahora mismo llamo a tus abuelos y a tus tíos  y les digo que estas Navidades vienes, ya verás que felices les haces.

  -         ¿qué? No, no, yo decía de pasarlas aquí los dos juntos.

  -         ¿aquí? Hijo, no tiene sentido, si no las vas a pasar con tu padre, las puedes pasar con tus abuelos, no sabes cuantas veces me han dicho que es una pena que…

  -         No, mamá, no pienso ir a pasar las Navidades a casa de los abuelos, es un coñazo, allí no hay nada que hacer, ¡Los abuelos no tiene ni internet! (Valerio dijo en pánico)

  -         ¡Valerio! Plass (su padre le dio una palmada lo más fuerte que pudo Fernando estaba estupefacto con la actitud de su hijo)

  -         ¿qué? (Dijo apartándose prudencialmente de su padre) ¿Esto ha sido idea tuya? (Le dijo enfadado a su padre) Como no quiero pasar las navidades contigo me castigas yendo a casa de los abuelos sabiendo que allí no tiene ni internet, ni ordenador, ni consolas ni nada, es un pueblucho de

  -         ¡Valerio, ya está bien! (fue el turno de Lourdes de alzar la voz) no es idea de tu padre, y no es un castigo, son tus abuelos y tus tíos y tus primos, antes te encantaba ir a casa de los abuelos ¿qué ha pasado?

  -         ¿Antes? Estás hablando de cuando era un niño, mamá, hace años que cuando voy me aburro por un tubo. Les quiero mucho pero todo el día allí es aburrido.

  -         Pues eso es lo que ahí: a esquiar con tu padre o a casa de los abuelos conmigo. Tu decides.

  -         No, no es justo. Solo lo hacéis porque soy unos amargados y queréis amargarme a mi también la existencia (Valerio les alzó la voz y de un bote se levantó haciendo tambalear la mesita de café y todo lo que había encima. Fernando se levantó de nuevo dispuesto a darle algo más que una advertencia).

  -         Valerio, por favor no digas eso, no ves que tus padres están intentando (empezó a decir Genève en tono conciliador al ver que su marido hacía ya rato que había rebasado su umbral de tolerancia y que se iba a quitar el cinturón de in momento a otro).

  -         Tú cállate, nadie te ha dado vela en este entierro, maldita metiche (para cuando Valerio se dio cuenta de lo que acababa de decirle a ya era demasiado tarde) lo siento, lo siento Genève  (dijo en pánico Valerio, que nada más lejos de su intención estaba faltarle al respeto a Genève. Genève siempre era amable con él y solía ser agradable habar con ella, porque era adulta pero no era sus padres y a diferencia de sus padres ella no solía tratarlo como si fuera un bebé de pañales).

  -         Vete a tu cuarto Valerio (dijo su madre muy enfadada. Ella no había educado a su hijo para que se comportara de esa manera) he dicho a tu cuarto (al ver que el chico no le hacía caso y seguía disculpándose con su madrastra).

  -         ¡Valerio Fernando Carmona! ¿Aparte de mal educado eres sordo? ¿No has oído a tu madre? ¡A tu cuarto! (Fernando lo agarró por al brazo y le propinó tres cuerazo en el trasero. Nadie se percató en que momento se quitó em cinto Fernando) Zwas  zwas  zwas ¡AHORA! (Valerio desorientado aún por lo que acababa de pasar obedeció de inmediato)

  -         Lo siento mucho, Genève  (se disculpó Lourdes por el comportamiento de su hijo). Te juro que no lo hizo intencionadamente, esta pasando por una época de muchos cambios y…

  -         No lo disculpes Lourdes, ese es el problema tú siempre lo disculpas

  -         ¿perdone usted? (dijo ofendida Lourdes) no me digas como crio a MI hijo porque tú no estás aquí para verlo. Y  si crees por un solo segundo que yo le consiento que le hable así a la gente es que ni me conoces a mí ni conoces a tu hijo. Valerio es un buen chico, de un gran corazón, es educado, pero tú siempre logras esto, sacas lo peor de todos.

  -         Yo a penas he abierto la boca, él fue el que ha llegado con toda esa actitud de gallito de corral. Es él que va con amenazas y el que le da pataletas cuando ve que no se va a salir con al suya. Ni cuando tenía 3 años era tan malcriado Lourdes. Y no estoy diciendo  que sea culpa tuya. Solo digo que siempre lo disculpas, y yo siempre intento no enfadarme con él porque últimamente solo está conmigo unas horas. Ese mocoso se cree que puede hacer y deshacer a sus anchas, que nosotros no diremos nada.

  -         ¿Y qué piensas ponerlo sobre tus rodillas y darle una paliza? (le recriminó por primera vez Lourdes) No todo se arregla a golpes, Fernando. Pero eso si es mucho más sencillo y cómodo que sentarse a hablarlo.

  -         Si te muerdes la lengua te envenenas, mujer (dijo entre dientes Fernando)

  -         ¡Basta  ya! ¡Vosotros dos! (gritó Genève) ¿No veis lo qué está pasando aquí? (ambos respiraron hondo y se volvieron a sentar) ambos sois los padres de Valerio, ambos lo queréis con locura y sé que tenéis los mismos valores, lo sé porque nunca antes habíais discutido por como educarlo (Genève les estaba regañando y con razón). Valerio es un adolescente y está buscando quien es y su papel en este mundo (Lourdes tuvo que aguantarse las ganas de poner una mueca, pero Genève  llevaba razón), Valerio solo está  probándonos que ahora ya no es un niño y quiere saber hasta donde puede llegar.

  -         Pues yo le voy a dejar clarito hasta donde va a llegar (dijo arremangándose las mangas del suéter).  Ese mocoso se viene con nosotros a esquiar o se va con Lourdes a casa de sus padres (dijo en voz alta para que Valerio lo pudiera oír bien des de esa habitación).

  -         Noooooo (gritó des de su habitación) ¡Yo no voy a ninguna parte, yo me quedo aquí!

  -         Yo lo mato (dijo y Lourdes y Genève se tuvieron que interponer en su camino porque Fernando iba a matarlo literalmente).

  -         Yo hablaré con Valerio (dijo Lourdes) tranquilo, pasará las Navidades con vosotros. Sé que a Carlitos le hace ilusión pasarlas con ese cenutrio de ahí dentro. Te lo llevaré mañana al salir de clase, aunque lo tenga que llevar atado y amordazado.

  -         Si lo prefieres puedo pasar yo a recogerlo (dijo Fernando) y después nos pasamos  a por la maleta y ya salimos des de aquí.

  -         No, no, no quiero escenitas en la escuela, y tu hijo últimamente es una bomba de relojería, ya lo has visto (dijo Lourdes y Fernando puso una mueca de disgusto).

  -         ¿Crees que podrás con él? A mi no me cuesta nada…

  -         Por dios, Fernando. Lidio a diario con él, tú no preocupes el viernes estará preparado para pasar las vacaciones con vosotros.

  -         Grrr ni que lo fuéramos a llevar a un campo de concentración, si estoy seguro que una vez allí no habrá quien lo saque de las pistas, como siempre.

  -         Fernando hazte la idea que para tu hijo cualquier cosa que decidamos nosotros estará mal. Nunca llevamos la razón, no tenemos idea de nada y somos aburridos y molestos (dijo Lourdes respirando hondo, Genève sonrió, Lourdes estaba describiendo un adolescente de manual).

  -         Ya (dijo en un tono irónico, él tenía una idea muy exacta de cómo acabar con todas esas tonterías)

  -         Venga Fernando, ya has oído a Lourdes (dijo Genève agarrándole las manos cariñosamente), no te preocupes, mañana lo trae y pasaremos las navidades. Y como tu has bien dicho en cuanto ponga le píe en al nieve se le olvidará todo y lo pasaremos bien.

  -         Ok, pero cualquier cosa, sabes que estoy aquí en 20 minutos (le dijo a su exmujer. Lourdes asintió pero sabía que no tendría que llamarlo, que su hijo por muchos estirones que hubiera dado seguía siendo su hijo y haría lo que ella le dijera, otra cosa es que lo hiciera gustosamente como esperaba su padre que hiciera).

  -         Muy bien (Lourdes sonrió).¡Valerio, nos vamos, sal a despedirte! (gritó Fernando, esa era una de las cosas de Fernando que Lourdes jamás echaría de menos. Como era de esperar Valerio no salió) ¡Valerio! Como vaya yo te vas a acordar del día de hoy el resto de tu vida! (tanto Lourdes como Genève le echaron una mirada de reprobación. Pero funcionó Valerio salió de su habitación, y desde el quicio de la puerta del salón miró con odio a su padre).

  -         Adiós (dijo muy seco y se volvió para su habitación. Fernando iba a ir tras él, pero Genève le agarró por el brazo y tiró hacía él para sacarlo de allí).

  -         Nos vemos mañana (dijo Genève arrastrando a su marido).

  -         Hasta mañana (dijo Lourdes respirando hondo, en ocasiones como esas su ex solo lograba crispar más a su hijo).

  -         Hasta mañana (dijo el cascarrabias aún no del todo convencido dejarlo estar así de fácil)

  Lourdes dejó que su hijo se enfriara un poco y hasta la hora de la cena no fue a hablar con él. Mientras cenaban en un silencio más incómodo de lo normal, Lourdes intentó hacerle entender a su hijo que su padre y su hermano solo tenían las vacaciones y los fines de semana para pasarlo con él. Y que era normal que quisieran pasar las Navidades con él, ya que las Navidades eran para pasarlas con la gente que se quiere. Valerio la oía pero no la escuchaba, solo pensaba que su padre como siempre solo quería imponerse a él y que su madre lo había traicionado, poniéndose de lado de su padre, en vez de apoyarlo a él, su único hijo.

  Lourdes sabía que era como hablar con una pared, Valerio en eso era igualito a su padre, aunque ninguno de los dos quisieran reconocerlo. Lo cierto es que los tres eran iguales. Cabezotas hasta la extenuación. Aún así lo intentó, y cuando vio que su hijo no iba a entrar en razón por mucho que ella le dijera, optó por lo de siempre “harás lo que te diga y punto”. Lo detestaba, pero a veces Valerio, por muy buen chico que fuese, no le dejaba más remedio que hacer de mala.

  Al día siguiente cuando Valerio se fue a la escuela, Lourdes entró en la habitación de su hijo y comprobó aliviada que el chico había hecho la maleta. Sabía que Valerio les daría el viaje de ida a su padre y a su madrastra pero también confiaba que en cuanto llegará allí cambiaría el chip, y empezaría a pasárselo bien. Al fin y al cabo a Valerio le encantaba ir a esquiar, y su negativa a ir era solo por ese campeonato de acrobacias sobre motos. Lourdes, agarró las llaves y se fue a trabajar, como Valerio se iba a pasar las vacaciones con su padre, ella le había cambiado el turno a una compañera y trabajaría las fiestas, como llevaba haciendo las últimas navidades.

  Valerio salió a las dos de la escuela, y en enfrente de la escuela, estaba su madre con la maleta en el asiento de atrás esperándolo. Valerio se despidió de sus amigos y se metió en el coche sin decir ni una palabra, se puso los auriculares y le dio la espalda a su madre. Iría a esa estúpida salida familiar, pero nadie le iba a obligar a pasárselo bien. Un razonamiento bastante estúpido, pero Valerio estaba tan enfadado con sus padres que no se paró a autoanalizarse. Al llegar a casa de su exmarido, Lourdes le recomendó a su hijo que se portara bien y que no les diera las vacaciones a su padre, a Genève y  a Carlitos, que no tenían la culpa y que para ellos era Navidad y eran unas fiestas muy importantes sobre todo para su hermano, que con 7 años aún le hacía ilusión eso de santa Claus y las fiestas. Valerio salió del coche sin ni darle un beso, Lourdes echaba de menos cuando su hijo la abrazaba, le daba un beso y le decía que la quería más millones que estrellas hay en el firmamento.

  Nada más entrar en casa de su padre, su padre le advirtió que no le iba  a pasar ninguna tontería y que no le iba a permitir que les arruinara las Navidades. Genève no podía creer lo obtuso que podía ser su marido a veces, lo peor que podía hacer en ese momento era provocar a su hijo y ahí estaba atibando el fuego. Sorprendentemente Valerio no respondió, solo le echó una mirada de odio a su padre y dejó su maleta en el maletero del monovolumen de su padre. Carlitos saltó sobre su hermano, estaba tan emocionado porque iban a ir a esquiar y esta vez, no tendría que pasársela en la zona de niños, ya tenía siete años y ya podría ir a pistas. Además Valerio le había prometido que le enseñaría a hacer una par de piruetas superchulas y a frenas y llenar de nieve a la gente cuando lo haces. Valerio pareció animarse un poco con Carlitos, pero cada vez que su padre le decía algo hacía como si soplara el viento y cuando veía que su padre empezaba a perder los nervios le contestaba con meros monosílabos. Genève esperaba que el disgusto se le pasara en cuanto se pusiera los esquís y que cuando viera el regalo que le había hecho su padre para navidades diera saltos de alegría y que aquellas acabarían siendo unas grandes Navidades como todas las anteriores.


3 comentarios:

  1. Me encanto continúala pronto por favor.

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  2. MM este padre es muy estricto y si bien se lo a ganado el chico, también tiene que hacerlo entrar en razón sin tantas amenazas :( pero esta interesante la historia :)

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  3. Fernando me encanta ese nombre!!!
    Una muy buena historia!! De padres separados y un hijode pormedio!!
    Otra de tus grandes creaciones Little!!

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