lunes, 18 de julio de 2016

Capítulo 2: la canica




La sombra de ojos azules

Capítulo 2: la canica

Carlitos POV
Llegué al límite, mi papá iba a comenzar su discurso
-Seguramente deseáis conocer el motivo de que hoy haga esta fiesta. Bien. El General Díaz, héroe de la patria y presidente de la República Mexicana ha firmado un contrato para que nuestra hacienda provea de los mejores caballos a nuestro glorioso ejército. Nuestros excelentes caballos serán usados por los generales, coroneles y demás oficiales de alto rango.-Un aplauso general rugió entre todos los espectadores. La familia, el administrador, los jornaleros, todos aplaudimos con mucho entusiasmo. Y comenzó la fiesta.
Una fiesta en una hacienda como la nuestra solamente se puede describir en una palabra: locura.
Al cabo de un rato todos estaban borrachos, desde el más humilde mozo hasta mi regio padre. Y naturalmente nosotros los niños aprovechamos para probar un poco de alguna bebida embriagante, más que por gusto porque nos hacía sentir mayores. Después de comer hasta más no poder, busqué a Alfredo, el hijo del administrador, y lo encontré con Silvano y Mateo jugando canicas a lado de la fuente central. Busqué en mi bolsillo, tenía una canica de cristal, coloreada como el vitral de la capilla de la hacienda.
  • La salida es en la fuente
  • Toqué tu canica
  • No, no la tocaste
Estuvimos jugando un rato, primero gané dos canicas, pero luego las volví a perder y seguí arriesgando mi bonita canica de colores.
-¡Sí! - gritó Manuel un hijo de los trabajadores que había entrado al juego con una canica de barro- me gané tu canica
-¡No, claro que no!,  no la tocaste, ni siquiera se movió mi canica.
-No importa, sí la toqué.- agarró mi canica y se hecho a correr.
Era más rápido, pero no quería perder mi canica.
-Devuelvémela Manuel! O le pediré a mi padre que despida al tuyo.
Manuel se detuvo en seco y se giro hacia mí.
-¿La niña no tiene más remedio para solucionar sus problemas que amenazar con el dinero de su familia?
-¿La niña no tiene más remedio que echarse a correr?
Así que ambos nos encaramos apretando los puños y yo le solté el primer golpe en la cara que él trató de desviar con su brazo. Él me golpeó en el estómago y yo me doble de dolor pero le lancé una patada en la espinilla que  lo hizo trastabillar. En eso escuché el chasquido de una cuerda que pasó rozándome y después un grito ahogado de Manuel. Los dos detuvimos la pelea y vimos al caballerango con su cuerda, era evidente que el roce y el golpe fueron intencionales.
-Paren de pelear muchachos, es un día de fiesta.-nos dijo mientras se alejaba en su caballo. Habían regresado de buscar a los ladrones pero parecía que no habían tenido resultados.
-Denme la canica y lo resolvemos en un duelo, al rato que todos estén demasiado borrachos-nos dijo Alfredo – Un duelo no mortal -aclaró

Lo pensé unos instantes y Manuel asintió, así que yo también asentí y le dimos la canica quedando de vernos en un rato para el duelo.

3 comentarios:

  1. ¡Genial! Me gusta como esta narrada esta historia :D Ya espero con ansias el próximo! Por cierto, extraño a los Lacour, a ver cuando nos regalas otro capitulito más!
    Por cierto, mi vista es pesima D: con este color de letra y el fondo del blog me cuesta leer! Ojala el próximo pueda estar en letras blancas!

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    1. Hola Aburiru, gracias por comentar mi historia. ¡Qué bueno que te gusta! Sí, pronto mandaré un nuevo capítulo. Y no te preocupes, también voy a volver a visitar a Miguel Angel para ver que travesuras hacen sus primos latosos y consentidos.

      Respecto a la fuente del blog eso si es cuestión de la editora del blog. Pero puedes seleccionar las palabras para poder leerlas.

      Saludos! Y por favor, continúa tu historia pues me encanta!

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  2. Waaoo los niños ya se van a duelo!!... Jajaja...
    Bueno es una canica, pero debería aprender a perder!!

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