jueves, 21 de julio de 2016

La sombra de ojos azules Capítulo 3: El duelo mortalmente inmortal



La sombra de ojos azules

Capítulo 3: El duelo mortalmente inmortal

Eran como las 4 de la tarde cuando nos volvimos a juntar en la fuente Alfredo, Manuel, Silvano, Mateo y yo.
Todos los adultos estaban bien borrachos y no fue muy difícil “tomar prestados” dos revólveres de los vigilantes de la hacienda.
Decidimos alejarnos un poco de la hacienda para evitar que oyeran los disparos así que nos dividimos en un par de caballos y cabalgamos por la carretera hasta unas ruinas que había a un kilómetro y medio. Mateo y Silvano venían en calidad de testigos, y Alfredo sería el juez.
Cerramos el tambor de nuestro revólver y dimos un tiro de prueba hacia un árbol cercano, sentí como se me aceleraba el ritmo cardíaco.
-Dan 15 pasos casa uno, se giran y esperan a que yo baje el palo. En cuanto yo deje caer el palo disparan, de los muslos para abajo.- oí la voz de Alfredo, aunque como si fuera algo lejano. Caminé los 15 pasos, me giré y grité.
-¡No creo que sea buena idea Manuel!
-¿Qué pasa Carliíitos, te meas de miedo?
BANG…Aaaahh!
Ni cuenta me di que ya había caído el palo, pero sí oí el disparo de Manuel y el grito de Mateo
Corrí a ayudar a Mateo que estaba tirado en el suelo sangrando, Manuel se quedó pasmado mirando su revólver.
-¡Ay, me voy a morir!- lloraba Mateo.
-BANG BANG BANG
En unos instantes sentí una serie de cosas diferentes, miedo, tristeza, triunfo, pavor, muerte… MUERTE esa es la palabra adecuada. Vi a Manuel caer de espaldas por el impacto de las balas y vi llegar a los jinetes armados. Tenían la insignia del heroico ejército mexicano, pero eso no cuadraba con andar disparando a niños por el camino. Yo y Silvano echamos a correr tratando de cargar a Mateo.
-Atrápenlos-oí que gritó alguien y los caballos no tardaron más de unos momentos en alcanzarnos.
Yo traté de debatirme, pero uno de los soldados me levantó de la camisa como si fuera un saco de patatas.
Nos amarraron de las muñecas y nos llevaron hasta el camino donde iba llegando un contingente más grande. Había muchos soldados a caballo y varios prisioneros. Y al fondo…
Al fondo de los prisioneros iba yo, pero todo demacrado, vestido con harapos y mirándome a mí mismo, pero con unos mortalmente profundos ojos negros. La visión o alucinación era macabra. Supuse que auguraba mi final. Me revolví y caí del caballo, pero mi fantasma de mortales ojos negros-de-odio continuaba mirándome, traté de echar a correr, prefería morir de un balazo rápido como Manuel, que acabar como aquello a lo que mi fantasma me destinaba. Un soldado desenfundó su pistola y me apuntó, pero una voz grave lo detuvo de apretar el gatillo.
-No, atrápenlo vivo.- Dijo serenamente
-Sí, mi general.- respondió con voz marcial el soldado, y después de dar un saludo militar se abalanzó sobre mí.
Esta vez no corrí tanta suerte, mi cara impacto una piedra suelta del camino y comencé a sangrar en una mejilla, pero al soldado no pareció importarle porque me volvió a levantar de la camisa y me zangoloteo.
-Tienes suerte de que nuestro heroico y benevolente general te dé una oportunidad. – me dijo y me arrastró hasta el general que ya había desmontado.
Yo permanecí parado tratando de asimilar mi situación, estaba de frente al mismísimo general destacado en El Bajío, desgarbado y en calidad de prisionero. Pensar en la paliza que me daría mi padre cuando se enterara estaba de sobra.
-Bien, bien. Muchacho ¿Cuál es tu nombre?
-Carli…Carlos, Carlos Garcés de Marcillas, Señor
-El general no es cualquier “señor” chamaco malcriado.- me espetó uno de los soldados
-Disculpe, mi general
-¿Por qué intentaste huir, Carlos? ¿Qué pasó antes de que llegáramos?
Demoré un poco mi respuesta.
-¿Quién es ese prisionero? ¿Por qué es idéntico a mí?- pensé que se burlarían de mí, no importaba, realmente ese fantasma (mi propio espectro) no tardaría mucho en volverme loco de miedo.
-¡Es tu hermano bastardo!-gritó otro de los prisioneros, pero uno de los soldados le dio tal bofetón que le hizo crujir los dientes. El prisionero escupió un poco de sangre antes de continuar gritando. – El mismísimo hacendado Don Carlos Garcés de Marcillas mandó a estos soldados a matar a su propio hijo, ilegítimo, pero a final de cuentas su propio hijo. ¡Pero lo pagarán, muy pronto lo pagarán! Ya se viene la revolución señores.
BANG
Un solo disparo y el hombre cayó del caballo dejando un arroyito de sangre que salía de su cabeza.
En ese momento mi fantasma puso tal expresión de odio acumulado  como la de un animal maltratado durante toda su vida, qué casi vuelvo a echar a correr.
  • Vaya, vaya. – carraspeo el general. – traigan al muchacho para que lo vea de cerca
Un soldado se apresuró a obedecer, y después de arrastrar a mi espectro lo arrojó al suelo delante del general de forma que cayó de rodillas.
  • Cuál es tu nombre, muchacho?
Pero el fantasma se quedó callado mirándolo con sus oscuros ojos.
PLAS
  • Cuando un general te habla, el mínimo respeto que puedes mostrar es responder, muchacho maleducado. – le dijo después de abofetearlo no muy fuerte
  • Jacinto, hijo ilegítimo de Don Carlos Garcés de Marcillas, señor general – respondió entonces mi fantasmal medio hermano con voz destemplada, una mezcla de odio glacial y furor ardiente.
Pasaron algunos instantes en los que el general nos escudriñó con la mirada.
  • No me queda duda que son hermanos, de hecho podrían ser gemelos.
  • Vamos hacia la hacienda – dijo finalmente
Los soldados nos volvieron a subir amarrados a los caballos.
Cuando faltaban unos minutos para llegar el general mandó a unos soldados por delante para que avisaran a mi padre con antelación de la situación.
-Tal vez quiera evitar el escándalo de que llegue su hijo y este otro muchacho amarrados como viles delincuentes. – especuló acertadamente
Mi padre llegó galopando con dos de sus trabajadores de mayor confianza. Todavía estaba borracho pero conservaba su porte regio al presentarse ante el general y disculparse enormemente por los inconvenientes que yo, su hijo, le hubiera causado. Me lanzó una mirada furiosa.
  • No se preocupe Don Carlos, le traigo a su hijo quien estaba jugando en las pirámides con estos otros muchachos y uno de los hijos de los jornaleros le disparó a otro, por eso lo abatimos, pero cuando los demás también intentaron huir los detuvimos y los custodiamos hasta aquí. Además le tengo buenas noticias y una que seguramente le parecerá muy extraña. – continuó señalando a los otros prisioneros – ya detuvimos a los ladrones de su automóvil, son una banda de mugrosos delincuentes que además se vanaglorían en ser traidores a la patria. Pero entre ellos estaba él.
Cuando mi padre vio a Jacinto palideció un poco pero después le sostuvo la mirada más fría que pudo. Si las miradas pudieran matar, la mirada que ambos se sostuvieron sería un duelo mortal para ambos. Incluso me recordó a la muerte de Manuel, lo que me hizo sentir como una auténtica basura.
  • Muchas gracias general – mi padre se compuso de la sorpresa – yo me encargo de mis muchachos. A los demás prisioneros puede fusilarlos. – dijo con la frialdad con la que despedía a un mal jornalero.
  • Por favor transmita mi más sincero agradecimiento a nuestro general y héroe de la patria, Don Porfirio Díaz, por el excelente servicio brindado a los ciudadanos mexicanos por su honorable ejército. Y por favor, acepte estos dos caballos, de lo mejor de las cuadras de nuestra hacienda, como un obsequio personal en agradecimiento por su profesionalismo. Y acepte la petición de discreción respecto a la situación de estos dos muchachos, que yo me encargaré personalmente de que paguen su falta de respeto, ingratitud e imprudencia.
  • No se preocupe Don Carlos, mis labios están sellados al respecto. Respecto al automóvil recuperado se encuentra en una hacienda cercana, pues requiere algunas reparaciones - dijo señalando a uno de los soldados que se encargara de las excelentes monturas.
Esperamos mudos e inmóviles a que se alejaran. Finalmente mi padre habló.
  • ¿No tendré que amarrarlos, verdad? ¿O debí haber dejado que los llevaran a los cuatro al paredón?
  • No Señor – dijeron rápidamente Mateo y Silvano, y yo y Jacinto lo repetimos unos instantes después.
  • Bien, encierra a mis hijos en el granero, yo me encargo después de ellos. Y lleva a estos dos con sus padres y diles que han causado grandes problemas. – le dijo a uno de los trabajadores.
  • Y no quiero que jamás se hablé una sola palabra de lo que pasó o vieron hoy muchachos, o tengan por seguro que despediré a sus padres. – dijo dirigiéndose Silvano que asintió y a Mateo que todavía gemía por la herida mal vendada.
Temblé un poco en pensar lo que me esperaba, pero eché a andar con todos hacia el granero y mi padre se fue galopando para continuar la fiesta.
El trabajador nos encerró a mí y a Jacinto aunque se compadeció y nos dio una vasija con agua.
Me tumbé en la paja del granero y evité la mirada de Jacinto, pero era como evitar la luz del sol, pues no desviaba su mirada de mí.
-Bueno, Jacinto, ¿Qué quieres? ¿Por qué me miras así? – titubee un poco antes de decir la palabra – hermano porque somos hermanos además, ¿no?
Se encogió de hombros
  • Bueno hermano, medio hermano, o lo que seas, déjame de mirar de esa forma que suficiente tengo con la paliza que me va a dar mi padre, y con el tormento de pensar que Manuel murió por mi culpa.
  • Claro, como tú no estuviste a unos pasos del paredón, por eso una paliza se te hace una tragedia ¿no? – rompió con su voz de odio gélido el silencio que había mantenido por media hora.
Recordé la escena en el camino
  • ¿Quién era? ¿Tu tío?
  • Mi padre idiota, era mi padre.
  • ¿Tú padre? Tu padre es mi padre, Don Carlos Garcés de Marcillas, tu mismo se lo dijiste al general.
  • Claro – dijo riendo con sarcasmo – y Don Carlos me crio y tu eres mi hermano. – su voz me ponía los pelos de punta.
  • La sangre es la sangre – dije sin comprender realmente lo que decía.
La noche llego tan gélida como el corazón de mi hermano y como mi miedo a lo que sucedería después. Nos acostamos en la paja y tratamos de mantenernos calientes.

8 comentarios:

  1. Me dejaste marcando ocupada...porfa actualiza mas please

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  2. No se vale que lo dejes así! Tienes que actualizar pronto! Quiero saber más sobre Jacinto!

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    1. Claro que habrá más. Qué bueno que les guste mi historia. Aunque tiene un tinte un poco diferente pero no por eso menos interesante, al contrario, la crudeza de una realidad potencia una historia. Saludos!

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  3. Mm si que la historia es diferente a las demás!!
    Pero como dices eso la hace interesante!!
    Ojalá encuentre más capítulos adelante...

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