domingo, 29 de septiembre de 2013

LAS NUEVE NO SON LAS ONCE Y DIEZ, PAQUITO


LAS NUEVE NO SON LAS ONCE Y DIEZ, PAQUITO

A Paco le costaba mucho llegar a su hora. Su padre siempre había sido muy claro con su toque de queda. Durante los días de escuela a las nueve en casa, los viernes y sábados a las 12 y los domingos  a las 11. Era un horario que Paco conocía muy bien porque era el menor de 4 hermanos. Precisamente por ser el menor siempre se hacía la vista gorda con él. Y paco lo sabía y se aprovechaba. Así que era normal que llegara a las nueve y cuarto o a las 12 y media los fines de semana.
Su padre siempre le advertía que no se pasara de listo, porque un día se le iba a acabar la paciencia. Pero Paco sabía que su padre era perro ladrador porco mordedor. Así que seguía estirando el reloj lo máximo que podía. Hasta que un día quiso estirarlo más de lo que un padre “paciente” puede tolerar. Era miércoles y eran las 23:10 cuando Paco metía la llave en la cerradura de casa. Ya estaba preparado para comerse una bronca monumental, pero lo que no se esperaba fue encontrarse a su padre en el recibidor con cara de sicópata. Su padre no esperó a que Paco acabara de entrar, se fue directo hacía él y lo agarró de la oreja y a base de nalgadas lo llevó hasta el salón donde estaba la familia viendo la tele. Su padre, le quitó el mismo los pantalones y lo inclinó sobre la mesa del comedor y agarró el matamoscas que tenía por ahí encima y empezó a estamparlo contra el trasero de su hijo. Toda la familia se quedó en silencio mirando el espectáculo casi sin respirar. Cuando el padre de Paco se dio por satisfecho dejo el matamoscas y lo ayudó a enderezarse. Y después de hacerle disculparse ante toda la familia por haberles preocupado de esa manera le comunicó lo que para paco fue lo peor que podía escuchar. El resto del curso su toque de queda sería las 9, siempre, fuera día de escuela, fin de semana, fiesta o día de la Nación. Paco aprendió aquella noche que no era bueno aprovecharse de la beuna fé de la gente, porque llega un momento en que se cansan, y te dan una patada en el culo. Bueno en este caso no fue una patada, pero la idea le quedó muy clara.


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