miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿CELOS?



¿CELOS?


N.A.:  Aunque lo he repasado varias veces intentando que todo cuadre, es posible que encontréis algún fallo temporal del tipo “se supone que se llevan x años” o “en un capítulo dijiste que les tuvo en casa con x meses”.   Me hago un lío enorme con estas cosas, y eso que tengo un croquis con los cumpleaños de cada Whitemore xD


Nadie dijo que pasar de hijo único a hermano mayor fuera fácil.  Yo no había tenido exactamente esa experiencia, porque en realidad pasé de hijo único a padre. Pero Ted había vivido sólo conmigo durante varios años años, y de pronto tuvo que compartirme con Alejandro, que a sus tres años y con un espíritu inquieto absorbía gran parte de mi atención.  Ted pareció aceptar aquello bastante bien, pero luego vinieron dos bebés cuya presencia le molestó un poco más. Ya antes de que Alejandro viniera con nosotros yo me enteré de que Zach y Harry existían en el vientre de alguna mujer. De una mujer con SIDA. Ted estuvo delante cuando me peleé con Andrew al respecto, y aunque nunca me preguntó “¿ese es mi papá?”, algo me decía que lo sabía. Sus preguntas en cambio se centraron entorno a sus hermanos aún no nacidos. Creo que le confundía lo de tener hermanos si no tenía madre.

Al principio no estuvo muy claro si Harry y Zach iban a venir con nosotros. Tuve que sobornar a esa…. mujer… para que no abortara, así que supuse que no se iba a quedar a los niños. Como Andrew tampoco les quería, siendo yo su hermano y por tanto familia directa, era de esperar que las autoridades pertinentes decidieran entregármelos a mí, si estaba dispuesto a hacerme cargo. Pero por lo visto la madre tenía algunos parientes y les buscaron a ellos primero. Todo aquello alargó innecesariamente el proceso legal. Como consecuencia de ello, la venida de Harry y Zach fue una de las pocas que pude preparar. Traté de implicar a Ted en la decoración del cuarto de los bebés precisamente para que no se sintiera excluido.  

Alejandro llevaba dos meses con nosotros cuando traje a los gemelos a casa. Ted sintió mucha curiosidad por los bebés, y quería estar delante cuando les daba el biberón, cuando les acostaba y con cada pequeña cosa que hacía. Me parecía muy tierno, pero no supe qué hacer cuando, tras meses viviendo todos juntos, Ted quiso cogerles en brazos. Por aquél entonces Ted acababa de hacer seis años, y me parecía pequeño para sostener a un bebé que ni siquiera había cumplido los dos. ¿Y si se le caía?  Le dije que no podía, pero él lo hizo igual así que se ganó un tiempo en la esquina. Creo que fue en ese momento, cuando según su punto de vista le castigué “por culpa de sus hermanos” cuando empezó a pensar que las cosas le iban mucho mejor cuando sólo éramos él y yo. Después de todo Alejandro siempre le estaba metiendo en líos, y los bebés no le valían para jugar, así que debía de verlos a todos ellos como algo molesto y problemático.

En poco tiempo me vi en la complicada situación de no poder dejarles solos ni un segundo. Las peleas con Alejandro eran continuas y los juguetes de los bebés “desaparecían misteriosamente”.  Traté de tener paciencia con Ted, y de explicarle que no podía esconder las cosas de sus hermanitos. Él solía hacerme caso, así que no repetía una travesura después de que yo le regañara por ella, pero encontraba siempre una variante. Finalmente se me agotó la paciencia, y cuando encontré el chupete de Harry escondido en uno de los zapatos de Ted requisé sus cromos.

-         Te los devolveré dentro de dos días si te portas bien. Y a la próxima te daré en el culo ¿eh?

Ted se echó a llorar y comenzó a evitarme. En  ese entonces pensé que lo hacía de rabia, por estar enfadado conmigo, pero más adelante entendí que más bien era de tristeza. Esconder las cosas de sus hermanos era su forma de jugar con ellos. No lo hacía con ninguna maldad, pese a lo que yo pensara. No supe entenderle, y por eso su comportamiento no mejoró, sino que más bien empeoró notablemente.

El día después de aquél pequeño incidente Zach tuvo mucha fiebre. Tenía una neumonía y cuando le llevé al médico le dejaron ingresado. Yo no sabía qué hacer. No tenía dinero para pagar su ingreso en el hospital. Me pasé horas enteras frente a la puerta de Andrew suplicándole por su ayuda. No para pedirle dinero, sino que se quedara con los demás mientras yo estaba con el pequeño. Tenía tanto, tanto miedo. ¿Y si le pasaba algo?  Ya una vez había tenido un bebé en el hospital, y odiaba esa sensación de impotencia. Casi había perdido a Ted….

Por suerte Zach salió del hospital a los pocos días. No me había separado de él, dejando a los demás al cuidado de amigos y canguros.  Ted tenía bastante mimitis como consecuencia de mis días fuera pero seguía molestando a los bebés y haciéndoles llorar. Creí que tal vez culpaba a Zach por mi ausencia, y aquella situación empezaba a preocuparme de verdad. Me había llevado un gran susto con Zach, así que me volví sobreprotector con él, y poco tolerante con las travesuras de Ted. En una ocasión le quitó el zapato y se dedicó a chinchar a Zach, sin devolvérselo. Les observé un rato y cuando Zach empezó a lloriquear me enfurecí.

-         ¡Ted, ya vale! ¡Devuélveselo, caray!

Mi niño me dedicó una mirada húmeda que poco a poco se transformó en pura rabia.

-         ¡No me dejas hacer nada! ¡Yo sólo quiero jugar con mi “manito”! – protestó. Vino hasta la mesa donde estaba yo contando algunos billetes para ver cómo le hacía para pagar todas las facturas, y entonces cogió un puñado y los rompió. Rompió trescientos dólares por una rabieta. Creo que en ese momento le habría matado.

Seguramente mi niño no tenía ni idea del valor del dinero, pero si subo apreciar bastante bien  el valor de mi enfado, así que se esfumó. Le busqué por toda la casa y no aparecía, y eso sólo me enfadó más, hasta que el enfado se convirtió en preocupación. Comencé a analizar mis reacciones. Ninguna de las cosas que Ted había hecho con sus hermanos pequeños eran realmente malas, y yo le había regañado por todo.  Desde que habían llegado Ted había intentado jugar con ellos, sin entender del todo que los bebés no podían seguirle el ritmo. Que no eran grandes como Alejandro.

Ted no estaba enfadado con los bebés, estaba enfadado conmigo. Terminé de entenderlo cuando finalmente le encontré agazapado en la cuna del pequeño Zach. Era una cuna grande, porque al fin y al cabo Zach tenía ya dos años, pero aun así Ted no cabía del todo. Me miró a través de los barrotes y me puso un puchero. Cosa tierna e indefensa. Era tan mono escondiéndose ahí… Le ayudé a salir y le sostuve en mis brazos, paseando con él un ratito.

-         ¡Papá malo! – gimoteó, pero no hizo ningún intento por bajarse de ahí. Más bien se apretó a mí con fuerza.

-         No soy malo, campeón, es que tus hermanitos aún son pequeños ¿entiendes?  Ya crecerán, y podrás jugar con ellos…

-         ¡Pero yo quería jugar ahora!  ¡No le hice nada! ¡Nunca le hago nada y te fadas conmigo!

-         Bueno, bueno… Papá va a tratar de preocuparse un poco menos ¿sí?  Anda, no estés triste. Y no te enfades.

Le tuve así un poco más reflexionando sobre la mezcla extraña de celos y cariño que se producía dentro del cuerpecito de mi niño.  Tenía la sensación de que cuando escondía las cosas de los gemelos a quien quería castigar era a mí, y no a ellos.

-         Papi… ¿me vas a regañar por romper tus papelitos? – preguntó, con más inocencia aún de la que ya tenía.

-         ¿Papelitos?  Tu sabes que ese papel es dinero ¿mm? Que sirve para comprarte cosas. – le dije. Ted manejaba mejor las monedas, que era lo que yo le daba, pero sabía perfectamente lo que eran los dólares y no me iba a engañar con esa carita de niño bueno.

-         Perdón… - susurró, y se tapó con las manitas.

-         Ah, ah, ah, campeón. Aunque te tapes voy a castigarte igual. – repliqué, y le quité las manitas. Le di un beso porque empezó a lloriquear, y luego le di cuatro palmadas sobre su pantaloncito vaquero.


PLAS PLAS PLAS PLAS

-         Ay….

-         Aunque nos enfademos, no rompemos las cosas ¿entendido?

Traté de no sonar muy enfadado, pero no lo debí conseguir porque escondió la cabeza sobre mí y se largó a llorar muy fuerte.

-         Do shento papi….snif…..

-         No pasa nada, pequeño.  Perdóname tú por ser un cascarrabias ¿mm? No quiero que nada malo le pase a tu hermanito, pero sé que contigo no le pasará nada, porque eres la mayor protección que se podría pedir ¿verdad?

-         ¡Ti!

-         Ya lo sabía. – sonreí y le di un beso. Le llevé de vuelta con los demás. Harry caminó hacia nosotros con esos pasitos de bebé tan vacilantes. Andaba ya desde hacía casi un año, pero Zach era más ágil. Dejé a Ted en el suelo y me agaché a su lado. - ¿Le quieres coger?  Ven, nos sentamos en el sofá.

Senté a Ted a mi lado y a su hermano encima de él. Ted me miró con los ojos muy abiertos, como sorprendido.  Harry agitó su sonajero y se rió y entonces Ted me dedicó una sonrisa plena, como diciendo “mira, ¿has visto lo que hace?”.

-         ¡Tete! – exclamó Harry.

-         Tete no, Ted  - corrigió mi niño.

-         ¡Tete!

Ted se encogió de hombros. Antes se enfadaba cuando le llamaba así pero en ese momento no pareció importarle.

Zach nos miró con curiosidad y se acercó a ver qué estábamos haciendo de interesante. Le cogí yo, y le senté encima de mí. En cuanto vino Alejandro sentí que aquél momento era tan bueno como cualquier otro.

-         Chicos… vais a tener un nuevo hermanito. – les anuncié. En realidad ya lo tenían. Me habían llamado esa misma mañana para anunciar que había una preciosa Whitemore en el Orfanato de Oakland.








¡FELIZ CUMPLEAÑOS AYE! [con retraso xD] 
Este costo es tanto para celebrar tu cumple como el aniversario de Once  :3   Un añito y tan pocos capítulos…definitivamente tengo que escribir más rápido xD

10 comentarios:

  1. GRACIAS OTRA VES, DREAM SOS LA UNICA QUE ME REGALO CON MUCHISIMA TERNURA, MI POBRE TEDDY, QUE TERNURITA X3.
    Aye

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  2. Hermoso relato me comio el corazon, es que pbre Aidan nadie le dijo que los hijos mayores sienten unos celos terrible de los menores y a veces pueden incluso ser peligrosos

    un bravo amiga, genial

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  3. Ayyyy, Dream!!!! Qué ternura que son esos niños. Me los puedo comer?!! Por faaaa... aunque sea un dedito, ejejje!!!

    Eres genial... Mil felicidades por el aniversario de tu adorada familia!!!! Ojalá siga creciendo... ejejje! Aidan me mata si llega a leer esto!!! =P

    Camila

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  4. Son un amor... Dreamgirl, tienes unos hijos hermosos y feliz cumpleaños por tu familia :)
    Mary

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  5. un años escribiendo wouuuuuu felicidades dream por cumplir un año de once historias y un hermano que hoy son 12 :)

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  6. muy tiernaaaaa!!! me encantó leer los comienzos!

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  7. que lindo me ha gustado mucho que ternura

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  8. Me encanta irme enterando de los sentimientos de los chicos, así como van sintiendo de que llegan sus hermanitos!!!
    me encanta tu familia y la dinamica con la que escribes

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  9. Me los como si desaparecen es porque me los comi :D

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