Chapter 32: Cosas que no pueden pasar
Los últimos días de
las vacaciones de Navidad fue un desfile de mimos y atenciones para los
gemelos. Tal y como Chris había dicho, Peter no dormiría sólo en los próximos
días. Al principio había decidido tomar esa medida para asegurarse de que no
volvía a irse a por Derek o a hacer cualquier otra tontería, pero luego se dio
cuenta de que al chico le molestaba por alguna razón, y lo vio como la forma
perfecta de enseñarle a no pasear sólo por la noche. Si quería intimidad, tenía
que ganársela. Claro que con eso le quitaba también parte de su libertad a
Nick, pero a él no pareció importarle. Cuando Chris le preguntó al respecto, le
respondió de ésta forma:
- En realidad, es
Peter el que prefiere que durmamos separados. A mí casi que me da igual. Me
gusta tener un cuarto para mí, pero no me importa dormir con él.
- Será sólo por unos
días – le dijo.
- ¿Hasta que metan a
Derek en la cárcel? – le preguntó.
- O hasta que me
canse. Lo que ocurra antes: el sistema judicial es bastante lento.
Así que llevaron la
cama de Peter al cuarto de Nick. A Peter no le hizo ninguna gracia y estuvo de
mal humor un tiempo, pero como sabía por qué su padre había hecho aquello, y
como por todo lo demás Chris intentaba que todo fuera estupendo, en un intento
de compensar el encuentro con Derek, no pudo enfadarse. Era imposible enfadarse
con una persona que le hacía reír a cada segundo, y que se desvivía porque cada
día fuera especial. Peter lo único que necesitaba era tiempo para hacerse a la
idea de que Derek estaba definitivamente fuera de su vida, y que lo único que
tenía que hacer era echarle también de sus recuerdos. Chris le estaba dando ese
tiempo, y a la vez le estaba demostrando lo diferente que era vivir con uno y
con otro. Peter se dio cuenta de que Chris podría no ser el padre perfecto,
pero era el padre perfecto para él.
El último fin de
semana antes de empezar las clases Chris llevó a sus hijos al cine, a pizzerías
y a todos los sitios que le iban sugiriendo. Fueron a una obra de teatro
infantil que Leo quería ver, y luego dieron un laaaargo paseo. Cuando aquél
sábado llegaron a casa, estaban todos agotados. Leo quería irse a la cama sin
ponerse el pijama ni nada, pero Chris le dijo que la ropa de la calle estaba
sucia, y que se cambiara en un momento.
- Papá, es que tengo
sueñoooo
- Lo sé campeón,
pero no tardas nada.
- Tardo menos si no
me cambio.
- Vamos. Si quieres
voy a ayudarte.
- Joo. Pero ¿qué más
te da que no me cambie?
- Porque no puedes
dormir con la misma ropa que has llevado todo el día.
- ¡Pues yo quiero
hacerlo!
- Leo… - Chris
también estaba cansado. – Tardas más discutiendo conmigo que poniéndote el
pijama. Anda, vamos.
Pero Leo, en vez de
hacerle caso, salió corriendo y se metió en su cuarto. Cuando Chris entró vio
que se había metido en la cama con la ropa. Suspiró. No tenía ninguna gana de
andar regañando a nadie. Había sido un buen día y no quería acabarlo con un
castigo, así que se armó de paciencia y se lo tomó como lo que era: una
niñería. Quitó las mantas y sacó a Leo de la cama.
- No papi espera, ya
me cambio, ya me cambio… - dijo Leo, pensando que le iba a castigar. Pero Chris
se limitó a colgársele del hombro como un saco de patatas y a hacerle
cosquillas en los pies. Leo soltó una risita y se revolvió como una ardilla.
- ¿A que ya no
tienes sueño? - le preguntó, sin dejar de hacerle cosquillas.
- ¡No, no! –
contestó Leo riendo. - ¡Para jajaja!
- ¿Te vas a cambiar?
- Síiiiiiiiiii
Chris le bajó,
sonriendo. Leo siguió riéndose un poco más, y luego fue a por el pijama. Eligió
uno que tenía de una sola pieza, y Chris le ayudó a ponérselo y a abrochárselo
por detrás. Luego le metió en la cama, y le dio un beso. Leo le sonrió y
extendió los brazos para que le abrazara.
- Te quiero, papá. –
le dijo, así, de repente, y a Chris le encantó oírlo.
- Y yo a ti, campeón.
- ¿Por qué me llamas
siempre así? Me lo dices desde pequeño.
- Así me llamaba mi
padre. ¿No te gusta?
- ¡Sí! Sobre todo
porque sueles usarlo sólo para mí. A Peter le llamas "tesoro" y a
Nick le llamas de todo. "Cielo", "cariño" "mi
vida", y otras cosas de niña, jiji.
Chris también
sonrió: era cierto que esos apelativos no eran muy propios para un chico, pero
a Nick no parecía molestarle. Aunque Chris estaba seguro que se enfadaría si
alguna vez los usaba en público. Se dio cuenta de que Leo era muy observador, y
que lo oía absolutamente todo.
- Anda, intenta
dormir – le dijo, acariciándole con cariño – Creo que no ha sido buena idea que
te haga cosquillas: ahora no va a haber forma de que descanses.
Pero Leo estaba
realmente cansado, y para demostrarlo convirtió una sonrisa en un bostezo.
- Me dormiré antes
si me lees un cuento - le dijo con una sonrisa pícara.
- ¿Y no eres ya
mayor para eso? – preguntó Chris, pero fue a coger uno de la estantería. Era
algo que Leo le pedía a menudo, y en realidad a él no le importaba.
- ¡No! – respondió
el niño, muy seguro. – Cuando era pequeño me los leía mamá: ahora te toca a ti.
A Chris le seguía
chocando la naturalidad con la que a veces Leo hablaba de su madre. Sólo tenía
seis años cuando murió, pero entendió en seguida que su madre ya no iba a
volver. Se lo tomó muy mal. Chris tuvo que ser fuerte por él, y en cierta forma
fue gracias a Leo que Chris logró superarlo. Más o menos. Verle reír, verle
disfrutar y ser capaz de hablar de su madre sin sufrir con ello le hacía inmensamente
feliz. Se sentó en la cama y abrió el cuento:
- Había una vez…
Chris no tuvo que
leer el cuento entero para que el niño se durmiera. Cuando aún le faltaba cerca
de la mitad los ojitos de Leo se cerraron. Chris le dio un beso en la frente y
se marchó.
Fue a ver qué hacían
Peter y Nick, y les encontró durmiendo ya, en el cuarto de éste último. En la
puerta había una nota en la que ponía "papá". Chris reconoció la
letra elegante y cursiva de Nick: la de Peter era un poco más redonda. La nota
tenía un dibujo.
"Ey, pues no
dibuja mal"
Era un dibujo
bastante realista. Chris abrió la hoja y leyó lo que ponía:
DESPIÉRTAME A LAS
OCHO, POR FA. SI PONGO EL DESPERTADOR LEVANTARÉ TAMBIÉN A PETER.
BESOS,
NICK.
¿Qué le despertara a
las ocho el último día de vacaciones? Chris se preguntó si su hijo estaba bien
de la cabeza, pero luego se encogió de hombros. Si quería que le despertara, le
despertaría. Se fue a dormir él también, aunque estuvo viendo la tele un rato.
Se despertó de madrugada, con ganas de ir al baño y algo de sed. Cuando estaba
en la cocina llenando el vaso de agua, oyó algo a sus espaldas y se llevó el
susto del siglo. Una figura avanzaba hacia él…Chris encendió la luz y vio que
era Nick, pero tras unos segundos se dio cuenta de que el chico estaba dormido.
- Son sonámbulos…-
susurró Chris, recordándolo. Si se habían levantado alguna otra noche él no se
había dado cuenta. Había oído todo eso de que a los sonámbulos no hay que
despertarlos, así que se limitó a observar, sin saber muy bien que hacer. La
verdad es que aquello daba un poco de impresión, ver a alguien andando sin
estar despierto. Probó a hablarle en voz baja, a ver si el chico mostraba
alguna reacción.
- Nick – dijo, pero
no pasó nada. – Nick, vuelve a la cama. – sugirió, como prueba.
Quién sabe si
habiéndole escuchado, o porque su organismo le decía que ya había que volver,
Nick se dio la vuelta. Chris le siguió.
"Ha bajado las
escaleras pero, ¿las podrá subir?"
Pues iba a ser que
no. Nick se quedó de pie frente a las escaleras y Chris decidió correr el
riesgo de despertarle, pero con mucha suavidad. El chico pestañeó, algo
confundido.
- Papá… - dijo sin
saber bien qué hacía allí.
- Es la noche de los
fantasmas – le dijo Chris, sonriendo. - Te levantaste, y fuiste a la cocina.
Pero no podías subir las escaleras.
- Oh. Creo que nunca
he llegado tan lejos.
- ¿Te has caído
alguna vez, estando dormido? – preguntó Chris con preocupación, planteándose
poner alguna clase de protección en las escaleras por las noches.
- No. Mi cuerpo sabe
a dónde va. Esquiva los obstáculos, o se detiene ante ellos. Hay menos
posibilidades de que me caída dormido a que lo haga despierto. Además, no es
algo que me pase todas las noches. Esto ha debido de ser porque estoy nervioso.
- ¿Por qué? ¿Y por
qué me has pedido que te despierte a las ocho?
- Quiero hacerle el
desayuno a Peter. Aun le debo un regalo de cumpleaños. Y mañana es un día
especial para nosotros.
- ¿Ah, sí? – se
extrañó Chris, tratando de hacer memoria. Buscó en su cabeza todas las fechas
importantes que tenían que ver con los muchachos: su cumpleaños ya había sido y
no se le ocurría mucho más, salvo su santo, que tampoco era.
- Tal día como
mañana hace dieciséis años, nos dejaron en el orfanato. El señor Wright siempre
nos regalaba chocolate ese día. A mí no me caía mal del todo, pero sé que Peter
hasta le quería. Y como él ya no está, pues…
Chris se sorprendió.
Nick podía parecer poco detallista, pero luego hacía cosas como esa y dejaba
claro hasta qué punto cuidaba las pequeñas cosas. Le asombró también enterarse
de que les hacían un regalo en esos días, convirtiendo una fecha triste en un
motivo de celebración. Tuvo una idea y decidió contársela a Nick.
- Ven, vamos a tomar
algo de leche caliente. – le dijo, y caminó a la cocina – Quiero preguntarte algo.
Sacó dos vasos, y
puso a calentar un cazo con leche.
- Tú dirás.
- ¿Te gustaría ir
mañana a visitar el orfanato?
Sugerirlo antes
hubiera sido una mala idea, porque
a) Los chicos podían
pensar que quería devolverles o algo, con esa tontería que les había dado
b) No era
recomendable visitar ese lugar antes de que se acostumbraran a su nueva casa.
Además, Chris no estaba seguro de que los chicos quisieran hacerlo, pero tras
aquella declaración de Nick, pensó que podía gustarles. El orfanato en sí no
había sido una mala experiencia para ellos. Allí no les habían tratado
"mal". Habían hecho lo que habían podido. No era un hogar, pero por
lo visto, sí era un sitio donde habían dejado amigos y gente importante.
Nick se tomó su
tiempo antes de responderle.
- No estoy seguro de
si me gustaría o no – dijo al final – Pero sé que a Peter le encantaría, con
tal de saber algo de Sara.
- Pero, ¿tú no
quieres? – insistió Chris.
- A veces venían
chicos que habían vivido ahí. Gente de veintipocos años cuya infancia había transcurrido
en esas paredes. Yo me decía que jamás volvería ahí. Que me iría y…que les
dieran a todos. Pero ahora creo que no estaría mal del todo. No sé. Lamento ser
tan frío pero es que…realmente no dejé amigos allí. Pero la gente que trabajaba
ahí no me trató mal, pese a todo. Yo me enfadaba mucho con ellos, pero al final
del día siempre estaban ahí. Que era su trabajo, puede ser, pero…nadie les
obligaba a tenerme aprecio además de a cuidarme. Sí, sí que quiero ir. Quiero
que vean que ahora…soy feliz.
Chris le sonrió, y
sirvió la leche en los vasos. Le gustaba la forma de expresarse de Nick: era
sencilla y sincera. No era tan sentimental como Peter, pero aun así lo que
decía no estaba exento de sentimiento. Bebieron la leche y luego volvieron a la
cama.
- ¿Seguro que
quieres levantarte a las ocho? – le dijo a Nick, antes de despedirse en la
puerta de su cuarto.
- Peter se despierta
muy pronto – respondió él. – Sorprenderle es casi imposible.
- Está bien. Qué
descanses.
Chris volvió a la
cama, y tres horas después le despertó la alarma del móvil. Descalzo, para ser
más sigiloso, fue al cuarto de Nick, provisionalmente de los dos gemelos, y
entró muy despacio. La cama de Nick era la de la izquierda. Fue hacia ahí, y le
apretó el dedo del pie con suavidad, como hacía con Leo cuando era un bebé.
Tras hacer eso un par de veces, el chico se despertó.
- Nick, ya son las
ocho – le dijo.
El chico se sentó en
la cama, y se desperezó poco a poco. Salió del cuarto con cuidado de no
despertar a Peter. Suerte que la habitación era grande y era difícil chocarse
con nada que hiciera ruido. Una vez fuera, vio a Chris, que le esperaba.
- ¿Qué tienes
pensado prepararle?
- Un batido de
vainilla, huevos revueltos, cupcakes, pan con mermelada, tortitas con nata y
sirope, y colacao, claro. Como es vegetariano he tenido que descartar algunas
cosas.
- Veo que lo tienes
todo pensado. ¿Y en cuántos días quieres que se coma toda eso? – preguntó Chris
sonriendo.
- Te apuesto cinco
dólares a que se lo come todo.
- ¿Tienes cinco
dólares, acaso? – preguntó Chris, sin dejar de sonreír.
- Sí. No me gasté lo
que me sobró de cuando salí con los de clase. Soy un chico ahorrador.
- Y con suerte para
el juego. Ya le ganaste a Wyatt una vez.
- Pero esto no tiene
nada que ver con las notas.
- Está bien, acepto
la apuesta. ¿Eres buen perdedor? – le preguntó.
- Sí, pero soy mejor
ganador.
Chris se rió.
- Anda, ve a
preparar todo eso. ¿Quieres que te ayude?
- …Quizá con las
tortitas…si no te importa…
- Será un placer.
Fueron a la cocina,
y de pronto a Nick se le ocurrió pensar en algo por primera vez.
- ¿No habrás
madrugado sólo por despertarme a mí? ¡Soy un egoísta! ¡Lo siento!
- Nick, tranquilo.
Suelo levantarme pronto. No me importa.
- ¿Seguro? Jo, lo
siento…
- No hay por qué –
le aseguró Chris, y le revolvió el pelo. Empezó a sacar cucharones, platos,
sartenes y demás útiles de cocina. Pasaron un buen rato cocinando, riendo y
haciendo bromas, y una media hora después todo estaba listo. Como si se
hubieran sincronizado, Nick vio, al subir las escaleras, que Peter se había
despertado.
- ¡Cierra los ojos!
– le dijo
- ¿Qué?
- ¡Tú ciérralos!
- Déjame por lo
menos terminar de bajar las escaleras.
Nick apenas pudo
contener su entusiasmo/impaciencia. Cuando Peter entró en la cocina, y Nick le
dejó ver, se quedó asombrado.
- ¿Has hecho esto
para mí? ¿Por qué?
- Regalo de
cumpleaños atrasado, celebración de nuestra orfandad…llámalo como quieres.
- No he visto a
nadie que celebre su orfandad – intervino Chris, sonriendo.
- Es que somos muy
originales. Además, podemos celebrar que ya no somos huérfanos.
- Eso me gusta más –
dijo Chris.
Se sentaron a
desayunar – Chris decidió dejar que Leo durmiera un poco más – y Nick le contó
a Peter la idea de Chris de hacer una visita al orfanato.
- ¿En serio?
¡Genial! Aunque…me gustaría llevarle algo a Sara.
- Podemos comprarle
algo…
- Me gustaría
llevarle algo más…especial. ¿El abuelo sabe arreglar cajas de música? Nick
intentó hacerlo, pero lo encontró demasiado difícil. Oh…pero claro, ya no hay
tiempo.
- Sí hay tiempo.
Seguro que mi padre puede venir ahora si le aviso. Pero…explícame eso de la
caja de música.
- Es una tontería
que tengo que a ella le gustaba mucho. Pero se me cayó.
Chris llamó a su
padre, decidiendo que aquella era la mejor hora a la que podía pillarle. Leo se
mostró encantado de ayudar, pero esperó a que acabaran de desayunar. Contra
todo pronóstico, Peter se lo comió todo. Chris sacó cinco dólares y se los dio
a Nick, con resignación.
- Es un placer hacer
negocios contigo – dijo Nick, sonriendo, y se los guardó.
Después, Peter fue a
por la caja para que Leo la viera, y Nick se ofreció a lavar los platos. Leo y
Chris se quedaron sólos.
- Chris, no está
bien que apuestes con Nick.
- ¿Por qué? ¿Qué
quieres decir?
- Eres su padre, no
su amigo.
- Lo sé. Pero puedo
ser ambas cosas. Le pongo límites, pero esto me pareció algo inocente…
- Es tu hijo. No voy
a meterme, pero si quieres mi opinión…
- No la quiero –
replicó Chris. Se dio cuenta de que había sido muy brusco, pero no rectificó.
- Está bien. Sólo
era un consejo.
- Y te lo agradezco,
pero no veo nada de malo en mi relación con él. No es muy diferente a la
que…teníamos tú y yo.
- Ya. Y mira cómo me
has salido – replicó Leo, picándole un poco con una sonrisa.
- Te quejarás.
Padre e hijo se
rieron, y en ese momento llegó Peter con la caja. Leo le echó un vistazo, y
dijo que se la llevaba a ver qué podía hacer, y volvía en una hora, más o
menos.
Chris fue a
despertar a Leo, pensando que tampoco era bueno que durmiera demasiado o no
tendría sueño para dormir aquella noche. Entró en el cuarto del pequeño, y le
acarició con suavidad, moviéndole lentamente. Leo despertó y se sentó en la
cama, y Chris se dio cuenta de que tenía las sábanas mojadas. Leo se dio cuenta
también y se puso a llorar.
- Ey, campeón, no
llores.
- Me he hecho pis…
- Bueno. No pasa
nada. – dijo Chris, que consideraba que no tenía sentido enfadarse por eso: no
era algo que el niño hiciera aposta y además le hacía sentir muy avergonzado.
Lo mejor era verlo como algo normal.
- Pero…. Hacía mucho
que no me pasaba.
- Ha sido un
accidente. Acuérdate de ir siempre al baño antes de dormir ¿vale? Y no bebas
mucho antes de acostarte.
Leo sorbió un par de
veces por la nariz y dejó de llorar.
- Gracias por no
enfadarte.
- Sólo me enfadé una
vez y fue porque escondiste las sábanas y no querías decirme dónde.
- No me acuerdo de
eso – dijo Leo extrañado.
- Eras muy pequeño –
explicó Chris con una sonrisa. – Nunca voy a enfadarme por esto Leo, así que si
te pasa otra vez no tengas miedo de decírmelo. Ahora, pon el pijama a lavar,
los calzoncillos los metes directamente en la lavadora, dúchate, vístete, y
baja a desayunar. Luego me ayudas a hacerte la cama ¿de acuerdo?
Leo asintió y se
fue. Chris mientras quitó las sábanas sucias. Estaba en ello, cuando Leo
regresó:
- ¿Qué era lo que
tenía que hacer? – preguntó el niño, y Chris sonrió. Quizá le había mandado
demasiadas cosas para que el niño las recordara todas. Además, Leo aún tenía
carita de dormido.
- Cambiarte de ropa,
poner a lavar la sucia, ducharte, vestirte y desayunar. Y luego hacemos tu
cama.
Leo volvió a
asentir, y cogió su ropa para llevársela al baño. Chris llevó las sábanas a la
lavadora, y se encontró con Nick que acababa de terminar de lavar los
cacharros.
- Ey, gracias por
fregar.
- De nada. Pero
podías pensar en comprar lavavajillas.
- Mi mujer lo odiaba
– explicó. – En realidad, desconfiaba de casi todas las máquinas. Cuando sólo
éramos Leo y yo no había mucho que lavar. Supongo que ahora sí sería buena idea
hacerse con uno.
- Te lo recordaré –
dijo Nick – que tienes muy mala memoria.
- Pues tú también. Y
Leo.
- Es que es
hereditario, y contagioso – dijo Nick riendo. – Peter es la oveja negra de la
familia: se acuerda de todo el maldito. Bueno, más bien se acuerda de lo que
quiere. Pero volviendo a TU mala memoria…¿ya te has olvidado de tu proyecto de
novia?
Chris se sintió un
poco incómodo. No, no sé había olvidado de Amy, aunque sí es cierto que no la
había llamado…
- Papá, esa chica te
gustaba. Te gusta. Así que…¿por qué no quedas con ella?
- No sé…Tal vez no
sea el momento.
Chris no le dijo la
verdad, porque conocía los miedos que Nick había tenido de que al salir con Amy
se olvidara de ellos. Pero lo cierto es que se había dado cuenta de que no
tenía tiempo para una relación: si apenas conseguía sacar tiempo para los tres.
- Pues yo creo que
deberías intentarlo – le dijo Nick. – Podrías empezar por decirla que venga, y
así nos la presentas. O empezaremos a pensar que te avergüenzas de nosotros.
- ¡En absoluto!
- Pues ya sabes. ¿Es
que tengo que ir a por el teléfono?
Chris se rió.
- Vale, vale. ¿Y qué
hay de ti? ¿Vas a intentar ganarte a esa chica?
- Creo que le gusta
otro. Le mando mensajes, pero no me responde como "se supone que debería
responder" de estar interesada en mí.
- No creo que los
mensajes de texto sea la mejor forma de hablar de eso con una chica…
- En mi generación
sí.
- Oye, que tampoco
soy tan anticuado.
Nick se rió.
Estuvieron hablando un poco más, y luego Nick se fue a ver la TV.
Al cabo del rato,
Chris fue a ver cómo iba Leo, y por qué no bajaba. Vio que aún estaba en la
ducha y esperó a que saliera. A veces se inquietaba un poco cuando Leo estaba
en el baño, temiendo que pudiera caerse o algo. Sabía que el niño ya no era tan
pequeño como para necesitar su ayuda para ducharse, pero los accidentes
ocurrían…Por eso cuando le escuchó gritar, se asustó de verdad. Entró en el
baño sin pensarlo, y le vio agarrado de la cortina, subido al borde de la
bañera, intentando mantener el equilibrio.
- ¡Leo! – gritó, y
le cogió. El niño se abrazó a él, y le puso perdido de agua, pero eso era lo
que menos importancia tenía. - ¿Estás bien? ¿Qué hacías ahí subido? Uno se
ducha dentro de la bañera…
- Sólo estaba
jugando…
- Pues determinados
juegos son peligrosos, Leo – dijo Chris, y tras meditarlo un poco, le dio un
par de azotes. Como el niño aún estaba mojado le dolieron más que los que solía
darle. Puso una carita algo triste, pero no lloró. – Podrías haberte caído, y
hacerte mucho daño.
- No quería que
pasara eso…
- Ya me lo imagino,
campeón, pero tienes que tener cuidado ¿vale? Puedes escurrirte. En la ducha no
se juega.
Leo asintió. Chris
cogió una toalla, y le envolvió en ella. Le secó el pelo con suavidad.
- Gracias por
sujetarme, papá – le dijo el niño, cuando Chris le miró a los ojos.
- Eso no tienes que
agradecérmelo, campeón. Tan sólo me alegro de haber estado por aquí para oírte.
Ya que estaba ahí,
Chris le ayudó a vestirse, y luego le peinó.
- Te he mojado, papi
– dijo Leo, dándose cuenta.
- Sólo es agua.
- Deberías ir a
cambiarte – le dijo el niño, en el mismo tono que empleaba él cuando le decía
lo que tenía que hacer. A Chris le hizo gracia.
- Tienes toda la
razón. Ahora vuelvo ¿vale?
Chris fue a ponerse
otra camiseta, y regresó. Se llevó una desagradable sorpresa cuando vio a Leo
colgado de la alcachofa de la ducha. A Leo le gustaba colgarse de las cosas.
Chris le bajó de allí, pensando que agradecía que la bañera fuera antigua y
tuviera los grifos y demás cosas de metal: si fueran de plásticos podían
haberse roto por el peso del niño.
- Leo, ¿no acabo de
decirte que aquí no se juega?
- No era un juego,
papá. Estaba escalando.
- Pues tampoco se
escala. Sabes perfectamente que eso no está bien. ¿Lo sabes o no? – le
preguntó, muy serio.
Leo asintió, y
agachó la cabeza.
- No me castigues,
por fa….No lo volveré a hacer.
Chris le bajó el
pantalón, y le dio dos azotes.
- Esto es un aviso.
Y llevas dos. Si lo haces otra vez me enfadaré mucho ¿entendido?
- Sí…
- Bien. Pues ahora a
desayunar.
Leo se fue, pero le
esperó en las escaleras, como para ver si venía. Chris le alcanzó y bajó con
él. El pequeño desayunó con apetito, y cuando acabó fue él quien recordó solito
que debían hacer su cama. Chris subió con él, y entre los dos hicieron la cama
de Leo con ropa nueva.
- Así no, Leo – dijo
Chris, riendo - ¿No ves que eso es el cubrealmohadas?
- Ah. Ya decía yo
que era una sábana muy pequeña.
Acabaron en seguida
y Chris le dejó sólo para ir a destender la ropa. Cuando acabó, su padre orbitó
tan cerca de él que le dio un susto. Había arreglado la caja.
- Genial. ¿Te quedas
un rato? Puedes venir con nosotros al orfanato, si quieres.
- Me encantaría,
pero estoy ocupado. Tengo cosas que hacer en la escuela de magia. Por cierto…
- No, papá, no
quiero ser profesor. No sé por qué te empeñas en intentarlo una y otra vez.
- Por si entras en
razón.
- ¿No ves que no
tengo tiempo? ¿Sabes lo que es ocuparse de tres hijos siendo uno sólo?
- Podrías dar sólo
una clase…Piénsatelo ¿vale?
- Lo has intentado
con Wyatt y te ha dicho que no ¿verdad?
- Qué bien le
conoces.
- Lo pensaré. Y eso
es todo lo que te prometo.
- Estupendo: eso
quiere decir que acabarás diciendo que sí.
- No, eso quiere
decir que lo pensaré.
Su padre se
despidió, y Chris fue a darle la caja a Peter que la recibió con mucha ilusión.
Les dijo a los chicos que se irían al orfanato en una hora, y fue a decirle a
Leo que él podía ir también, pero que a lo mejor no le dejaban pasar. Si era
así Chris se quedaría fuera con él, aunque realmente esperaba que no pusieran
objeciones. Su hijo no estaba en su cuarto, así que le buscó en el comedor, por
si estaba con la TV, pero tampoco. Con una oscura intuición, miró en el baño. Y
ahí estaba su pequeño Tarzán, haciendo el mono de nuevo.
- Leo – le llamó, y
el niño se asustó y se soltó. Chris fue rápido de reflejos y le cogió antes de
que se cayera. – Leo ¿qué haces? Te lo advertí, te dije que no lo hicieras. ¿No
ves que te podías caer, como acabas de hacer?
Chris estaba
bastante enfadado, porque había avisado al niño dos veces. Leo no era tan
pequeño como para no entender ciertas cosas. Aunque no entendiera por qué no
debía subirse – y dudaba que no lo supiera – sabía perfectamente que no debía
desobedecerle.
- Sólo fue un
segundito…
- Ni un segundo, ni
dos, ni tres. ¡Te dije que no! Qué pasa, que si no te castigo no me haces caso
¿verdad? Pues espero que estés contento, porque te has pasado de la raya. Ve a
tu cuarto, vamos.
- ¡No! ¡No he hecho
nada malo!
- ¿Qué no has hecho
nada malo? Desobedecerme ¿te parece poco? Ponerte en peligro. A tu cuarto,
vamos.
- No, papi, por
favor.
- Eso ya te ha
valido una vez, y me has demostrado que no sabes aprovechar las oportunidades
que te doy. Te vas a tu cuarto ahora mismo o me voy a enfadar.
- Pero si ya estás
enfadado. – dijo Leo, llorando un poco.
- Exacto. Así que
obedece.
- ¡Eres malo!
- Leo, empiezo a
cansarme de que me digas eso cada vez que te castigo. Si te portas mal, te
castigo, ya lo sabes. Si eso me hace ser malo, pues lo soy, pero más te vale
que me obedezcas. A tu habitación. Ya.
- Eres malo y tonto
– decidió Leo – Y ya no te quiero más.
A Chris aquello le
dolió mucho. Sabía que sólo era una estrategia del niño, que sabía que eso eran
palabras mayores y buscaba con eso una forma de chantajearle. Cuando era más
pequeño ya lo hacía, cuando creía que iba a castigarle. La diferencia es que
Chris sabía que en un niño pequeño no hay maldad al decir aquello: sólo prueba
cosas a ver si alguna funciona. Pero Leo ya era lo suficientemente mayor como
para saber que esas palabras dolían. Aunque reconocía el mismo patrón de
"voy a probar todo lo que se me ocurra a ver si algo funciona", Chris
decidió que no podía hacer como si no lo hubiera oído. Sabía que no debía darle
mucha importancia a las palabras en sí mismas, o Leo sabría que le habían
afectado. No podría preguntarle "¿Cómo que no me quieres?" ni nada de
eso.
- Pues yo si te
quiero. Y la verdad, dudo que hayas dejado de quererme de verdad. Pero sí creo
que me has oído perfectamente cuando te he dicho lo que tenías que hacer, y en
cambio no he visto que me hayas hecho caso. Se acabó. No verás la televisión en
dos semanas, y si no te vas a tu cuarto ahora mismo serán tres.
Aquello era mucho
tiempo para un niño tan pequeño, y Chris esperaba que bastara para que le
obedeciera. Obviamente podía coger él mismo y llevarlo a su cuarto, pero quería
que Leo fuera sólo. Quería que aprendiera a obedecer.
- Sí te quiero –
dijo Leo muy bajito como dándose cuenta de lo que había dicho. Pero luego le
miró, y lo empeoró al añadir: - pero si me das unos azotes ya no te voy a
querer.
- Yo voy a quererte
siempre – dijo Chris, intentando que no se notara lo mucho que aquello le había
dolido – y por eso voy a castigarte igual, porque lo que has hecho está muy
mal. Si por eso vas a dejarme de querer, ya puedes ir empezando. Aunque te
advierto que a las personas a las que no se les quiere no se le pueden pedir
besos ni abrazos. Pero aun así me tienes que obedecer. Quiero que te vayas a tu
cuarto.
Leo se giró como
para irse, pero vaciló un momento.
- ¿No me vas a
abrazar nunca más?
- Yo voy a querer
abrazarte siempre. Pero si no me quieres no podré hacerlo.
Al juego de chantaje
podían jugar dos. Leo, finalmente, se fue. Chris esperó a que se fuera para
suspirar. Qué difícil era aquello. Cogió el cepillo del armario y dedicó un
rato a pensar en lo que iba a hacer. No iba a regañarle por haberle dicho
"no te quiero", porque con eso sólo estaría dándole armas a Leo,
haciéndole ver que aquellas palabras le importaban. Pero sí iba a regañarle por
todo lo demás. Entró en el cuarto de su hijo, y se sentó en su cama. Leo le miró
de una forma que Chris no pudo describir.
- Leo, ven aquí – le
dijo, y el niño obedeció. Chris decidió probar si Leo estaba dispuesto a
obedecerle entonces, ya que antes no. – Bájate el pantalón. – pidió, y Leo lo
hizo. Chris le colocó entonces sobre sus rodillas y le bajó el calzoncillo.
Aquella vez tomó directamente el cepillo.
CRACK CRACK CRACK
Aiiiiii CRACK CRACK
A Chris se le rompió
en corazón cuando le oyó gritar, pero después de aquella protesta Leo guardó
silencio, y se limitó a llorar.
- No puedes jugar en
el baño. Es peligroso.
CRACK CRACK CRACK
CRACK CRACK
- No puedes
desobedecerme, y menos si te he avisado dos veces, cuando sólo debería decirte
las cosas una vez.
CRACK CRACK Ya no
más, papá. CRACK CRACK CRACK
- Cuando te mando a
tu cuarto, vas a tu cuarto.
CRACK CRACK Aiiii
CRACK CRACK CRACK
Papá, eres idiota
Chris dejó el
cepillo, consciente de que Leo tenía sólo ocho años, pero lamentó mucho que
hubiera dicho aquello. Ya había sido muy duro con él, pero no podía dejar pasar
ese insulto.
SMACK SMACK SMACK
SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK
- Puedes llorar,
puedes protestar un poco, puedes moverte y no puedes evitar patalear, pero no
puedes insultarme aunque te esté castigando.
SMACK SMACK SMACK
SMACK SMACK
- Lo sientooo
Chris se detuvo, con
un suspiro. Dejó la mano sobre la espalda de Leo, oyendo el llanto del pequeño
como quien escucha el sonido más triste del universo. Lo más que le había
pegado con el cepillo hasta aquél día era quince veces, pero aquella vez había
sido más duro por el peligro que había corrido, la actitud del niño, y el hecho
de que ya le hubiera advertido varias veces con anterioridad. Había tenido
motivos para hacerlo, pero eso no evitaba que oírle llorar así fuera
desgarrador. Le hizo mimos, y le incorporó, abrazándole.
- Ya está, Leo. Lo
has hecho muy bien. Ssh, vamos campeón. Ya está.
Como toda respuesta,
Leo siguió llorando.
- Sabes que te
avisé. Sabes que podías haberte hecho mucho daño. Y sabes que cuando te digo
algo tienes que obedecerme. Sé que te duele, campeón, y por eso espero que
recuerdes siempre que no puedes jugar, ni subirte, ni hacer otra cosa que no
sea ducharte en la bañera.
Le acarició el pelo
y le sostuvo apoyado contra su pecho hasta que el niño comenzó a calmarse.
Chris notó que quería decirle algo, así que le dejó hablar.
- Sí que te quiero –
le dijo. – Sí que te quiero, así que puedes darme un abrazo.
- Ya te estoy
abrazando, campeón. Ya sabía que me querías. Yo también te quiero.
- Siento habértelo
dicho.
- Está bien. Te
perdono. Sé que no lo decías en serio.
- Y siento no
haberte hecho caso. Y haberme colgado. Y…y haberte insultado…
Leo volvió a
aumentar la intensidad de sus sollozos.
- Eh eh, ya está.
Todo perdonado, campeón. No pasa nada. Sólo recuerda que tienes que obedecerme
¿vale? Lo que te digo es por tu bien. No puedes desobedecerme nunca, pero mucho
menos cuando se trata de algo peligroso. Esto no es como cuando te niegas a
recoger los juguetes, Leo. Quiero que entiendas que te podía haber pasado algo.
Podías haberte golpeado la cabeza, o haberte roto un brazo. Y eso duele mucho.
- ¿Más que unos
azotes?
- Muchísimo más.
¿Recuerdas cuando te hiciste la brecha? Pues más que eso todavía.
- Ay – dijo el niño
al imaginárselo. – No quiero que me pase eso.
- Ni yo tampoco,
Leo. Por eso te he dicho que no te subieras. No lo he hecho porque me guste
prohibirte cosas, ni porque sea malo.
- No eres malo –
dijo Leo, abrazándole más – No te has enfadado cuando me he hecho pis. Sólo te
enfadas cuando yo hago algo malo. Lo siento.
- Ya me has pedido
disculpas. Lo que tienes que hacer es no volver a hacerlo ¿vale?
- Nunca más – le
prometió. – No quiero caerme y hacerme daño. Y no quiero que te vuelvas a
enfadar conmigo.
- No estoy enfadado,
campeón. Ya no.
Le estuvo mimando un
poco más, e intentó animarle contándole lo de la visita al orfanato con sus
hermanos. Leo quería ir, por supuesto, y Chris le dijo que iría, pero que si le
decían que no podía pasar, tenía que ser un niño mayor y aceptarlo. Y también
le dijo que a lo mejor conocía a Sara. Le interesaba mucho la reacción del
pequeño, teniendo en cuenta sus celos. Pero el niño se lo tomó bastante bien.
Cuando Chris le preguntó si ya no tenía celos de ella, Leo le respondió:
- Peter me dijo que
yo era su hermano de verdad, y ella su hermana de mentira. Y le creí.
- Me alegro de que
lo entendieras – dijo Chris, y le dio un beso. – ¿Estás mejor? – le preguntó.
- Sí. Ya no me
duele.
A Chris le alivió
mucho escuchar aquello.
- Tenemos que irnos,
campeón. Lávate la carita, anda.
Leo lo hizo.
- ¿Has visto que ya
llego al lavabo "del todo"?
- Sí, has crecido
mucho. Dentro de poco serás más alto que yo.
- ¿Tú no vas a
crecer más?
- No Leo – dijo
Chris riendo un poco – La gente no crece más cuando se hace adulta.
- ¿Y Nick y Peter
van a crecer más?
- Puede que un poquito.
Hasta los veinte años pueden crecer, pero también puede que se queden así.
- A mí aún me quedan
muchos para los veinte – dijo Leo, e hizo la resta, orgulloso de haber
aprendido a restar – Doce. Me quedan doce. ¡Ala! Jo, es mucho.
- ¿Y para qué quieres
crecer tan rápido?
- Me gusta estar
alto. Por eso me gusta escalar o que Peter me lleve a hombros. De mayor voy a
ser piloto.
- Me parece muy
bien, campeón. Pero para eso tienes que estudiar mucho.
- Papá…¿por qué tú
no seguiste estudiando? Después del colegio está la universidad, que es a dónde
irán Nick y Peter dentro de poco. ¿Por qué tú no fuiste ahí?
- Porque me quedé
con el P3 junto con el tío Wyatt.
- Pero…¿es eso lo
que "quieres ser"? ¿Es el trabajo que te gusta?. Peter me ha enseñado
a preguntarte estás cosas. Dice que si eres mi papá, tengo que saber cosas de
ti, y tiene razón. Quiero saberlo.
- Bueno campeón, es
un buen trabajo. El P3 es un lugar que me gusta mucho. También me gusta la
escuela de magia.
Chris recordó la
conversación con su padre.
- ¿Te gustaría
trabajar ahí?
- Quizá.
- Pues cuando yo sea
lo suficiente mayor para ir a la escuela de magia, te puedes venir conmigo.
Chris sonrió.
- Me parece una idea
estupenda. Ahora vámonos, que se nos hace tarde.
Los cuatro fueron en
el coche. Le dieron una sorpresa muy grande al señor Wright, que se alegró
mucho de verles. Y Peter pudo ver a Sara, y darle su regalo. La niña se alegró
mucho de verle, y ella y Leo hicieron buenas migas. Costó bastante irse de
allí. Al que menos le costó fue a Nick. Peter lamentó despedirse, pero sabía
que su lugar no estaba ahí. Leo, en cambio dijo algo que hizo que Christopher
se quedara helado.
- Cualquier día yo
puedo terminar aquí – le dijo. – Si un demonio te mata, yo vendría aquí porque
no tengo mamá. Y estaría sólo, como Sara.
Chris no sabía qué
responderle. Fue Nick el que trivializó la situación.
- Eso ni soñarlo,
enano – le dijo Nick. – En primer lugar, está el tío Wyatt, la tía Melinda, y
los abuelos. Y luego estamos nosotros. A ver si te vas a creer que voy a
dejarte tirado. Además, papá está bien, no le quieras enterrar tan pronto. Si
no hemos acabado nosotros con él no veo por qué va a poder hacerlo un demonio.
- Papá está
perfectamente, y es muy joven, muchas gracias – dijo Chris, incómodo por que se
hablara así de su posible muerte. – Me quedan muchos muchos años, así que no
hay por qué preocuparse.
- Pero….prométeme
que no va a pasarte nada – le dijo Leo.
- Te lo prometo. –
dijo Chris, aunque sabía que no era algo que pudiera elegir.- Y ahora hablemos
de algo más alegre. Cómo qué queréis hacer en vuestra última tarde de
vacaciones.
- ¡Retroceder en el
tiempo para que no haya clase mañana!
- Buen intento, pero
no cuela.
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