lunes, 6 de abril de 2015

Chapter 58: Invocaciones



 


Chapter 58: Invocaciones
 


Cuando Chris entró en la cocina seguido de Nick, se llevó la grata sorpresa de ver que Peter y Leo se habían encargado del desayuno. Él estaba hecho polvo, por la noche tan peculiar que había tenido, y había dormido hasta tarde. Caminó hacia Leo y le cogió en brazos para darle un beso.
- Gracias, Peter. – dijo después.
- Por nada. Llegáis a tardar un poco más y me desayuno a Leo – comentó el chico, de buen humor. – Ahora sólo falta Paul, pero me imagino que ya baja. ¿Vas a decirnos como es que amaneció aquí?
- Se enfrentó a su primer demonio. Estoy seguro de que a Nick le encantará contaros los detalles: él fue quien ayudó a derrotarlo.
Nick tomó eso como la señal para empezar a hablar, y ya no se calló en un buen rato, contando y volviendo a contar cada mínimo aspecto de lo que había pasado. Sólo se interrumpió cuando bajó Paul. Le miró, e iba a seguir hablando como si nada cuando Chris carraspeó. Nick se encontró con los ojos de su padre e interpretó correctamente lo que quería decirle, que venía a ser algo así como "ya te estás disculpando por lo de hace un rato". Suspiró, maldiciendo la capacidad de su padre para estar pendiente de todo.
- Siento haber estado tan borde, Paul. Me levanto de mal humor. No me importa que uses mi toalla y puedes acercarte a Ariel todo lo que quieras.
Paul, que había llegado a pensar que Nick por fin reaccionaba como una persona normal y se había enfadado por lo que le había hecho días atrás a la salida del colegio, se sintió muy aliviado. Realmente iba a ser violento si Nick empezaba a odiarle ahora que Chris y él estaban mágicamente vinculados. No estaba acostumbrado a que se disculparan con él, sin embargo, y no sabía cómo responder. Si hubieran estado solos, habría respondido con alguna broma del tipo "usé tu toalla porque huele a ti, baby", pero le daba corte decir eso delante de Chris. Así que optó por cambiar de tema.
- Yo… gracias por dejarme dormir aquí y … bueno, básicamente por salvarme el culo. Ahora debería irme…
- De eso nada – dijo Nick, aunque le costó un poco. El día anterior había podido comprobar empíricamente lo mucho que Chris le quería, al meterse en su cabeza. No quería, NO PODÍA, renunciar a eso por nada. Había tenido miedo de que la reciente cercanía de Paul con su padre hiciera que ese sentimiento tan intenso peligrara: que Paul poco a poco le sustituyera como hijo. En cierta forma aun tenía ese miedo, y por eso le costó decir esas palabras, pero su padre acababa de asegurarle que no tenía nada que temer y Nick quería creerlo. Así que se esforzó por ser razonable. – Primero desayunas y luego ya, si eso, vemos si dejamos que te vayas.
Chris se sintió orgulloso de su hijo. Sabía lo mucho que a Nick le había costado.
- ¿Estoy secuestrado? – preguntó Paul en tono divertido.
- Secuestrado y sin rescate – intervino Leo, muy serio, como si fuera un secuestro de verdad. – Pero la próxima vez que te secuestremos podrías traerte también a Paris, y así juego con él…
Chris dedujo que Paris debía ser uno de los hermanos de Paul, el que iba a la clase de Leo, y eso reavivó su ansia por revelar lo que creía haber descubierto.
- El nombre de tus hermanos también empieza por P ¿verdad?
Paul frunció el ceño, recordando lo que Chris le había dicho el día anterior.
- Sí, los chicos sí. Paris, Pierce y Percival.
- Jason no. ¿Por qué? – preguntó Chris, lamentando tener que nombrar al hermano recién fallecido.
- Ptolomeo Jason. Si tú te llamaras Ptolomeo también renegarías de ese nombre.
Chris asintió, y sonrió un poco. El que el nombre de Jason no empezara por P le había desconcertado un poco.
- ¿Qué tiene eso que ver con nada? – preguntó Nick - ¿Es por lo que nos querías contar?
Chris asintió, con ese entusiasmo desmedido que hacía que pareciera a punto de saltar. Se contuvo.
- Desayunad. Voy a llamar a mi padre. Cuando él esté os lo contaré todo.
Les dejó haciendo conjeturas y fue a avisar a Leo. Le necesitaba por dos motivos: como Leo el Anciano, y como Leo su padre, la persona que más tiempo había dedicado a estudiar las raíces de la familia de Chris. Su padre no se hizo esperar, y orbitó casi al instante. Tras decirle que Paul, su nuevo cargo, estaba abajo, Chris no le contó nada más: quería sorprenderle y, aunque no fuera muy adulto el reconocerlo, que se sintiera orgulloso de él. Estar por delante de Leo en cualquier asunto relacionado con la magia era muy difícil, y Chris quería saborear su triunfo. Entró con él en la cocina, donde todos estaban desayunando. Paul se puso de pie al verles entrar, se acercó a Leo, y extendió la mano en un gesto cortés.
- Encantado de conocerle, señor Haliwell.
- Wyatt. Leo Wyatt. Chris lleva el apellido de su madre.
- Ah. Pues encantado de conocerle, señor Wyatt.
Leo estrechó su mano por automatismo, pero luego frunció el ceño.
- Este chico es demasiado formal para como tú me lo has descrito, Nick – dijo, mirando a su nieto.
- Las apariencias engañan, abuelo.
- Eh, ¿qué has ido diciendo por ahí de mí, sanguijuela? – inquirió Paul, sintiendo de pronto que aquél desconocido sabía más de él que a la inversa. Se sentía incómodo por conocer al abuelo de Nick y Peter y aun no sabía lo que Chris les tenía que decir.
- ¿Lo ves? Lo de "señor" lo reserva para el que todavía no le conoce y puede tomarle por un tipo decente. – chinchó Nick.
- Si habéis acabado de jugar… - intervino Chris, secretamente encantado de esa escena amistosa. No estaba acostumbrado a ver a Nick con sus amigos, pero más allá de la mera satisfacción paternal, aquello era bueno porque a lo mejor Nick tenía que aceptar que Paul pasara algo de tiempo por allí. O a lo mejor no, todo se vería. – Tengo algo importante que deciros. Papá, quiero que tomes nota para luego poder regodearte en mi nombre con los Ancianos. No sé por qué no querían que lo supiera, pero el caso es que ya lo sé.
- ¿Saber qué, papá?
- Que Paul también desciende de Melinda Warren.
El primero en entender las posibles implicaciones de esa frase fue Nick, que se había estudiado el Libro de las Sombras a conciencia.
- O sea, que es….¿de nuestra familia?
- Algo así como tu primo noveno o… mira, yo ya me pierdo en todo el lío del parentesco. Pero en última instancia, compartís tátara, tátara, tátara, tátara, tátara, tátara abuela. – declaró Chris, y se detuvo para tomar aire. Sonaba tan…pagado de sí mismo. Chris no era en exceso prepotente, así que verle tan orgulloso de sus propios éxitos no era habitual. Iba a continuar, pero su padre le interrumpió.
- ¿Qué quieres decir con eso? ¿En qué te basas?
- Paul me preguntó si él también era un Warren. Hasta ese momento yo creía que él era el primer brujo de "su estirpe" por llamarlo así, igual que Melinda fue la primera bruja de la nuestra. Pero entonces se me cruzó una idea por la mente. ¿Por qué los Ancianos se habrían tomado tanta molestia por un brujo menor? ¿Por qué querían que yo precisamente fuera su luz blanca? La Anciana dijo que mi misión era "desvelarle sus poderes", pero Paul ya conocía su habilidad de levitar. No era eso lo que yo tenía que desvelarle. Además, me di cuenta de otra cosa: la levitación es uno de los poderes originales de la dinastía Warren. La tía Phoebe lo tiene. Se supone que todos nosotros tenemos al menos un poder derivado del original. Entonces le pregunté el nombre de su padre, y el de su abuelo, y todos empezaban por P. Era tan evidente…Paul es un nombre tan normal que nunca lo habría asociado con la tendencia de los Haliwell-Warren a las P…
- Pero yo no soy Haliwell… - intervino Paul.
- Ni yo Warren – dijo Chris – El apellido cambió en un determinado momento, y es ahí justo a donde voy. Melinda Warren, Prudence Warren, Cassandra Warren, Beatrice Warren, Brianna Warren, y... llegamos a Pearl Russell. Olvidaros del cambio de apellido: simple cuestión de leyes y matrimonio. Pearl. Con P. Y después Phoebe, Priscilla, Penélope, Patricia y Piper. Y después de Piper va Wyatt, que le dio por nacer hombre porque en él tenía que cumplirse una profecía. Si no hubiera cambiado el apellido sería mucho más fácil, todos seguiríamos siendo Warren y ya está. Haliwell o Anderson, olvídate de eso, Paul. Quédate con lo que te voy a decir: me apuesto el brazo derecho a que tu padre también es brujo.
- ¿Qué? ¿Papá? – preguntó Paul, incrédulo, pero Leo levantó una mano pidiendo silencio.
- Dejemos eso por ahora. Aun no te sigo, Chris. ¿Dónde encaja la familia de Paul en todo esto?
- Nuestra familia ha contado, hasta que nació Wyatt, únicamente con brujas en femenino. Yo digo que hay otra rama de los Warren que sólo tiene brujos, en masculino. Brianna Warren tenía una hermana, de la cual nunca se ha sabido nada. Siempre nos han interesado los ancestros que nos llevan a Melinda, pero no conocemos los "eslabones perdidos". Ni siquiera estamos seguros de quién fue el padre de los hijos de Melinda. Y ahí está el otro gran grupo olvidado en nuestra familia: los hombres. Bueno pues, como hombre, me niego a que siga así. A ninguna Warren le ha ido bien en el amor, salvo a las Embrujadas. Quizá por eso nadie se ha preocupado nunca por recoger nada de los hombres con quienes las brujas contraían matrimonio. Nosotros descendemos de Brianna y no de su hermana, así que nadie se ha preocupado nunca de ella. Y entonces … Mirad lo que encontré en el Libro de las Sombras – dijo Chris, y, aun con su sonrisa triunfal, orbitó el Libro. – Patsy Warren (la hermana de Brianna por si os lo preguntáis) contrajo matrimonio con…redoble por favor…Pippin Anderson*. Si, Paul, sé que el apellido te suena. Aquí no dice más de ellos, peeeeeero, si pasamos las páginas, vemos otro Anderson. Powel Anderson. Vivió hace cien años, más o menos. Aparece aquí porque fue un brujo malvado que se enfrentó a nuestra familia. Y, diablos, sólo hace falta ver el dibujo para saber que es calcadito a ti, Paul. Esa es otra cosa que tiene nuestra familia: las vidas pasadas. Pero eso es otra historia. Algo que además mi madre puede contaros mejor que yo. El caso es que éste tipejo de aquí es tu antepasado, Paul. – concluyó Chris, como quien revela la fórmula secreta de la Coca-cola.
La habitación se sumió en el silencio más absoluto. La cabeza de todos hervía en estado de ebullición, al intentar seguir las deducciones de Chris al ritmo tan rápido al que las había soltado. Chris sólo miraba a su padre, y en la cara de este vio que no lo descartaba como posible. Su padre creía que podía tener razón.
- Pero…eso son sólo conjeturas – dijo Paul por fin, al cabo de un rato. – Deducciones baratas. Puede ser verdad, tiene una base lógica, y ésta claro que el tal Powel Anderson se parece a mí. Desciendo de él, pero no tengo por qué tener que ver con vuestra familia. Pippin Anderson podía ser …cualquiera. No tiene por qué tener que ver conmigo. Y lo de las P no deja de ser una bonita coincidencia. Hay algo que te dejo muy claro: mi padre no es brujo.
- Bueno, vale, vale, la explicación tiene algunas fallas – reconoció Chris – pero hay una manera de saber si estoy en lo cierto, que es la segunda cosa para la que os he reunido aquí. Concretamente, es por lo que estás aquí tú, papá.
- Chris, no creo que los Ancianos estén dispuestos a sacarte de dudas. Si hubieran querido que lo supieras, ya te lo habrían dicho…Por más que yo les pregunte, no me lo dirán.
- No es eso lo que quiero pedirte. Quiero que consigas permiso para traer a un espíritu de vuelta, durante un rato. Lo hemos hecho antes, con la abuela y la bisabuela, pero me temo que nadie ha invocado desde hace mucho a Patsy Warren.
En varias ocasiones, la familia de Chris había invocado a algún antepasado difunto que les había ayudado a resolver algún problema mágico. Pero si iba a ser durante mucho tiempo, el espíritu tenía que adquirir una dimensión corpórea, y para eso se necesitaba la bendición de los Ancianos. Chris pretendía hacer justo eso con Patsy, la fuente directa que podía aclararle si estaba en lo cierto. Leo pareció entenderlo, porque asintió con la cabeza y orbitó, a ese lugar que sólo les estaba permitido a los Ancianos. Chris se quedó a solas con sus tres hijos y con Paul.
Peter no estaba tan puesto en la historia de su familia como para haberse enterado de algo. Había leído el Libro de las Sombras, pero para él había tenido más interés la información que reunía el libro sobre enemigos mágicos que sobre sus antepasados. Total, para él eran sólo nombres.
- Simplificando, ¿Paul es descendiente de la hermana de una de las brujas de las que descendemos nosotros? – preguntó.
- Justo eso, Peter – asintió Chris, contento de que lo hubiera entendido.
- Supuestamente – matizaron Nick y Paul a la vez.
- Supuestamente – admitió Chris, de mala gana – Pero confiad en mí, tengo una corazonada.
- ¿Y…qué más da si es verdad? – preguntó su hijo Leo, que también había leído mucho el Libro y recordaba al igual que Nick los detalles de algunos de sus ancestros - ¿Qué importancia tiene si Paul desciende de esa mujer?
- Bueno campeón, parece que para los Ancianos alguna importancia tiene que tener, y por eso querían que yo fuera su luz blanca.
Varios minutos después, Leo I regresó. Su cara no revelaba nada. Sólo estaba pensativo.
- Me ha costado que den su permiso, ya que no podía decirles el motivo de la invocación. Chris, ¿seguro que quieres hacerlo? Si los Ancianos no han querido contártelo, por algo sería…
- Mira papá, sé que eres uno de ellos, pero estoy harto de que controlen mi vida y me oculten cosas.
Leo asintió, comprendiendo y todos se fueron al desván. Allí, Chris dio algunas instrucciones básicas, mientras iba haciendo un círculo con unas velas y unos cristales.
- Todos fuera del círculo. Distancia de seguridad: dos pasos. No se toca, no se mete la mano, no se mueven las velas.
Los chicos asintieron, algo impresionados.
- Chris, ¿qué vas a hacer exactamente? – preguntó Paul.
- Voy a traer de vuelta a un muerto – dijo Chris, consciente de que esas palabras impactaban. – Por un rato. Vas a conocer a tu antepasada Patsy.
Tras algunas preparaciones previas, Chris leyó el conjuro de invocación:
Escucha estas palabras. Escucha mi plegaria. Espíritu del otro lado. Ven a mí, te invoco, cruza ahora la Gran División.
Jadeó, porque aquél hechizo era potente, pero sintió que merecía la pena cuando el interior del círculo de velas empezó a llenarse de lucecitas…Una mujer, mejor dicho, el espíritu translúcido de una mujer, fue cobrando forma.
- ¿Dónde estoy? – preguntó el espíritu - ¿Qué es éste lugar?
- Patsy – dijo Chris – Patsy, somos los descendientes de tu hermana.
- ¿De Brianna?
Chris asintió. La mujer pareció enfurecerse. Chris no había contado con eso.
- ¿Y qué queréis de mí?
- Queremos respuestas.
- ¿Respuestas? Preguntarle a ella entonces. ¿No sois su familia?
- También la tuya.
- ¡NO SOIS NADA MÍO! – rugió el fantasma, y lo cierto es que dio miedo. Quizá porque estaba muerta, y todo aquello no dejaba de dar un poco de mal rollo, quizá porque tenía un aspecto muy dulce y no le pegaban los gritos, pero dio miedo. El pequeño Leo se abrazó a las piernas de Chris. Al verle, el fantasma pareció aplacarse. – Un niño. Yo también tenía un niño. Un niño hermoso…
De pronto hablaba con nostalgia, y por alguna razón Chris sintió pena.
- ¿Un hijo? – animó Chris. Descendientes. Justo lo que necesitaban saber…
- Powel.
- ¿Era un brujo como tú?
- Sí. – respondió el espíritu de Patsy, y Chris estaba eufórico. Sin embargo Patsy no había terminado… - Pero no pude verle crecer.
Oh. Pobre. Chris se dio cuenta de que la mujer cuyo espíritu tenía delante no sobrepasaba los veinticinco años. Había muerto muy joven.
- ¿Qué pasó? – preguntó con delicadeza.
Patsy les contó su historia. Como todas las brujas Warren, ella y su hermana habían estado muy unidas. En esa unión residía su poder. Pero entonces Patsy conoció a Pippin y se enamoró de él… Pippin Anderson era un hechicero, y su familia ya había tenido malas experiencias con ellos, pues Matthew Tate usó a Melinda para conseguir poder. Brianna, la hermana de Patsy, se opuso a aquella unión, y por ello las dos hermanas se separaron. Patsy tuvo una vida feliz junto a Pippin, tuvieron un hijo, que resultó tener magia también. Y así surgió una nueva generación de brujos, siendo ésta vez hombres todos ellos, quizá porque el propio Pippin era un hechicero. La profecía de Melinda Warren hablaba de tres hermanas brujas, pero no decía nada de ningún brujo. Patsy aprovechó éste desconocimiento para proteger a su hijo. Si nadie sabía que tenía magia, nunca nadie codiciaría su poder, nunca tendría que enfrentarse a ningún demonio y nunca tendría que correr peligro…Se ocupó de que no quedaran registros de su familia, y eso mantuvo a salvo a la rama Anderson - Warren, al contrario de lo que había pasado a lo largo de los años con la rama Haliwell. Todo parecía ir bien, hasta que un día Brianna se vio atacada por un enemigo al que no podía hacer frente. Pese a llevar años sin hablarse, Patsy acudió en su ayuda, y…falleció en una pelea mágica contra los enemigos de Brianna, junto con su esposo. Su última voluntad fue una petición a su hermana, para que protegiera a su hijo, a su familia. Para que nadie supiera nunca que eran brujos.
Chris pensó que esa promesa se seguía manteniendo. Por eso no sabían nada hasta ese día de su parentesco con la familia de Paul ni de la magia de estos, y por eso él era el luz blanca, el protector de aquél chico que era un Anderson. Los Haliwell después de todo, seguían protegiendo a los Anderson. He ahí, por fin, el motivo de que él fuera el luz blanca de Paul. Cuando Patsy acabó su relato, estaba conmovido.
- Ella… ella lo cumplió. No hay… no aparecéis en el Libro de las Sombras, más que nombrados…Ha guardado vuestro secreto…
La expresión del fantasma Patsy se dulcificó, pero parecía triste.
- Brianna quiso honrarme. Mi petición la prohibía contar la verdad de lo que había sucedido, pero ella no quiso que el mundo me olvidara. Mi hijo se llamaba Powel. Mi esposo Pippin. Yo Patsy. …P. Todos sus descendientes con magia, y todos los míos, llevan la letra P en memoria nuestra.
Chris hizo una "o" con los labios. Así que de ahí venía la tradición…Qué…hermoso.
- Me temo que mi madre puso fin a esa costumbre. – dijo al cabo de un rato de silencio. – Pero es tan…bonito…No alcanzo a entender por qué te has enfadado cuando he mencionado su nombre. Tu hermana cumplió con su palabra, y se ocupó de que de alguna forma estuvieras presente en nuestra familia, a lo largo de los años.
- Es evidente que en algún punto olvidó su promesa. No protegió a mi hijo. Powel se entregó a la magia negra.
Él sí aparecía en el libro. No lo relacionaban con ella…si no hubiera tenido los rasgos físicos de Paul, Chris jamás les habría relacionado sólo por el apellido. Era cierto que había sido malvado, y se había enfrentado a "la rama Haliwell". Chris se estremeció. No sabía qué decir.
- Me preguntaba sí… Tal vez quieras… Puedo darte un cuerpo corpóreo, por unas horas. Tenemos…Realmente tenemos muchas preguntas.
- Ya he respondido todo lo que yo sé.
- Pero….todos los eslabones…Desde tu familia, hasta éste chico…- balbuceó Chris, y cogió a Paul, que observaba desde el extremo más alejado de la habitación. Tiró de él un poquito hasta ponerle frente al fantasma. – Él es tu descendiente directo. No de Brianna, sino tuyo.
Patsy se quedó mirándole, toda emoción, toda dulzura. Paul por su parte estaba básicamente alucinado.
- Te pareces tanto a él…
- ¿A Powel? – preguntó Paul, con tacto. Ciertamente se parecía a ese tipo, al que sólo había visto dibujado en aquél libro.
- No. A Pippin. A mi Pippin.
El fantasma extendió la mano, como si quisiera salir del círculo protector donde la habían invocado y acariciar a Paul. Detuvo su mano en el aire.
- Si es verdad que eres el descendiente de Brianna tienes que cuidarle – le dijo Patsy a Chris – Debes hacerlo.
- Lo haré – le prometió.
- Tu rama de la familia no es la única que tiene que cumplir una profecía. Recuérdalo. – dijo el fantasma, y luego desapareció. Los espíritus eran cabezotas y caprichosos. A Chris le hubiera encantado darle un cuerpo, y seguir hablando con ella, pero al parecer Patsy se había cansado de su compañía. O tal vez le resultara emocionalmente demasiado doloroso. Porque los fantasmas, cuando les invocas a éste mundo, también sienten.
Todo se quedó en silencio durante un minuto. Durante dos. Cuando pasaron tres, Leo II le tiró de la manga. Chris bajó la cabeza para mirarle, aun algo aturdido.
- Tenías razón, papá. Eres muy listo.
Chris le sonrió, sin ser capaz de decir nada. Miró entonces a su padre, que no parecía menos impactado que él.
- ¿Papá? – le preguntó a Leo I - ¿Qué opinas?
- ¿Sobre qué? Como dice tu hijo, tenías razón. Paul es un Warren.
Automáticamente todos se giraron para mirar a Paul. El chico aguantó como pudo el largo escrutinio, pero tenía los puños apretados, luchando contra alguna emoción indescifrable. Como no decía nada, fue Chris quien habló primero.
- Paul, convendría preguntarle a tu padre sí…
- ¡MI PADRE NO ES BRUJO! – gritó Paul, como adivinando lo que Chris quería decir, y salió del desván. Todos se quedaron tan impresionados por verle así de enfadado…Esperaban muchas emociones: confusión, quizás miedo, incomprensión… pero no enfado. ¿Por qué habría de estar enfadado?
- Papá, que se va – instó Peter.
Chris reaccionó entonces y salió tras él. Demasiado tarde, se dio cuenta de que la intención de Paul era salir de la casa. Estaba en el piso de abajo. Iba a orbitar para cortarle el paso, pero Nick le había seguido y puso una mano en su hombro.
- Deja que se vaya – le dijo. – Lo necesita.
Tras unos segundos, Chris decidió confiar en su hijo y en sus dones telepáticos, y asintió. Escuchó cómo se cerraba la puerta principal con algo de inquietud. Paul estaba lejos de su casa, aunque seguramente sabría volver en autobús o incluso a pie si se lo tomaba con calma, con mucha calma. Pero…¿por qué se había ido así?
El resto de la mañana la pasaron reajustando ideas y conocimientos. Chris había descubierto algo muy importante en la historia de su familia, y su padre se ofreció a comunicárselo al resto de los Haliwell. Chris por su parte intentaba buscar la respuesta a una pregunta: ¿por qué él precisamente había sido el elegido para volver a la tradición de que los Haliwell protegieran a los Anderson? ¿Tenía algo que ver con la profecía que Patsy había mencionado?
- ¡La magia es tan frustrante! – oyó exclamar a Nick, y eso le hizo salir de sus pensamientos. Reparó entonces en que su hijo estaba buscando algo en internet.
- ¿La magia o la tecnología? – le preguntó.
- ¡Las dos!
- ¿Qué haces?
- Busco información sobre la familia de Paul.
- ¿Y?
- Sobre su madre todo lo que quieras. Sobre su padre apenas nada. Algún trabajo como médico, pero poco más.
- ¿Y eso te sorprende? ¿Qué esperabas encontrar? ¿"Marido de consejera de educación descubierto haciendo brujería"?
- Guárdate el sarcasmo, papá. Esto es importante. Por mucho que Paul lo niegue, ahora sabemos que su padre tiene que ser brujo.
- No tiene por qué. Puede tener sus poderes atados, o haberse saltado una generación. A veces pasa.
- Entonces ¿por qué ha reaccionado así? Yo creo que Paul sabe algo…
- ¿Lo has leído en su mente?
- No. Era muy confuso en ese momento, y yo estaba distraído. Los pensamientos no son frases, sino imágenes e ideas y no siempre son cosas coherentes. En otras ocasiones, son conceptos básicos y muy claros. Ahora mismo tú por ejemplo estás pasando de mí y estás pensando en el móvil que tienes en el bolsillo derecho.
Chris se ruborizó un poco.
- Perdona. Es que… tendría que llamar a Amy.
- ¿Por qué?
- Porque es mi novia, y no está bien que la mantenga al margen como he estado haciendo estos días.
- La viste ayer.
- Tras dos meses de sólo llamarnos. No sé ni cómo quiere saber de mí todavía. Quiero compensarla. E involucrarla en mi vida. La he contado muy por encima todo lo que ha estado pasando, y ahora tengo cosas nuevas por decirle.
Nick dio un respingo sobre el asiento y apartó la mirada de la pantalla del ordenador.
- No le habrás dicho que somos demonios ¿verdad?
- Pues…sí, eso he hecho.
- ¡NO! – chilló Nick.
- Sí, hijo, lo he hecho. ¿Cuál es el problema?
- ¡No podías hacerlo! ¿Con qué derecho?
- Pues, con el que me da ser tu padre, supongo – respondió Chris, totalmente desconcertado. ¿Se acostumbraría algún día a ser el objeto de la furia de sus hijos? Probablemente no.
- ¡No tenías que decírselo!
- ¿Por qué no? Nick, hijo, deja de gritar. Voy a entenderte igual, incluso mejor, si me hablas a un volumen normal.
- ¡No puedo creer que lo hayas hecho! – bufó Nick, al parecer sin entender lo de que no hacía falta elevar la voz. Se levantó de la silla y siguió gritando, pero ésta vez dentro de la cabeza de Chris, lo cual le provocó un inmenso dolor en las sienes.
"¿Qué más le has contado?"
- Nick, no hagas eso. No me hables con…con la mente, y menos si vas a chillar. Vamos, sal de mi cabeza – ordenó, y no esperó a que le hiciera caso, sino que le obligó a salir construyendo una pared mental. – Ahora escucha: le he contado todo lo que creo que, como mi novia, debía saber. ¿Me explicas por qué te molesta tanto?
Chris estaba dispuesto a ser razonable y estaba teniendo paciencia con los gritos de Nick. Pero entonces el chico cruzó los brazos de una forma muy grosera, levantándole el dedo corazón.
- ¿Me has hecho un corte de mangas? – preguntó Chris, más incrédulo que enfadado.
- ¿No lo has visto bien? ¿Quieres que te lo repita? – desafió Nick.
- Nick, a veces creo que realmente buscas la forma más rápida de conseguir que te castigue. ¿Es eso lo que quieres?
- No sé, ¿se lo contarás luego a Amy? – le preguntó, con infinito sarcasmo.
- ¡Nick, vale ya! Mira, no sé qué hacer contigo ahora mismo. Mejor ve a buscar a tus hermanos, que quiero hablar con los tres, y así te despejas un poco y empiezas a pensar con la cabeza.
- Oh, yo pienso con la cabeza, papá. Eres tú el que parece haber empezado a pensar con otra cosa. ¿Tan bien folla que ya estás comiendo de su mano?
Mientras salía de su boca, Nick ya se estaba arrepintiendo. Llevaba varias y su padre se lo estaba pasado por alguna razón. Le había dejado gritarle, había empezado a enfadarse con el corte de mangas, y con aquella frase había sobrepasado el límite pero de una forma exagerada. Nick se dio cuenta sin necesidad de leerle la mente: los ojos de Chris y la mirada que le echó se leían por sí solos. Sin pensarlo, Nick salió corriendo. Eso era una de las pocas cosas capaces de sacar a Chris de su reciente estado de ira en ese momento. Se quedó parpadeando, con la vista fija en el punto donde hacía unos segundos había estado Nick. Luego salió y se puso a buscarle, pero no le encontraba. ¿Dónde podía haberse metido? Se cruzó con Peter, que frunció el ceño al darse cuenta de que algo le pasaba.
- ¿Qué ocurre, papá?
- Nick se está escondiendo de mí, y no le encuentro.
- ¿Por qué? – el asombro en la voz de Peter era palpable.
- Porque se habrá escondido bien, supongo.
- No, que por qué se esconde.
- Porque sospecha, y no sin razón, que se la ha cargado.
Peter le miró en silencio durante varios segundos.
- ¿Has mirado en los armarios? Es su lugar cuando algo le asusta o le preocupa, como mi hueco debajo de las camas.
- Pero ¿qué tenéis vosotros con los escondrijos?
- No todos podemos orbitar a lo alto de un puente.
- Cierto. – reconoció Chris, y luego suspiró. - Se ha pasado tres pueblos.
- Lo imagino. Huir no es su estilo. Debe de pensar que estás realmente enfadado.
- Estoy realmente enfadado.
Peter se encogió de hombros.
- Te enfadas tanto con él que ya tendría que haber perdido su efecto. Si vas a hablar con él hazlo ahora. No le dejes pensar que estás tan enfadado que no quieres verle o dirigirle la palabra.
Chris respiró hondo, y se dio cuenta de que Peter tenía razón. Buscó a Nick armario por armario y le encontró en el de la propia habitación de Chris. El chico le miró, aguantando la respiración.
- Vamos, sal. – le dijo en tono seco. Nick no lo hizo, así que Chris le sacó y luego cerró las puertas del mueble. El chico se alejó de él un poquito.
- ¿Cómo de enfadado estás? – le preguntó muy bajito.
- En una escala del 1 al 10 estoy más o menos en "¿le ahorco o le estrangulo?"
Nick tragó saliva.
- No lo dices en serio ¿verdad?
Chris se ablandó un poco por esa pregunta.
- No, Nick, no lo digo en serio. Pero nada va a librarte de un castigo.
Nick no dijo nada, y Chris se sentó en su cama.
- ¿Por qué en mi cuarto? – tuvo que preguntar - ¿Por qué te has escondido aquí?
- Tú estabas en el mío. Fue el primer lugar que se me ocurrió.
Chris le observó con expresión insondable.
- ¿Qué ha sido lo de hace un rato? ¿Crees que puedes hablar así de lo que hace o deja de hacer mi novia, y que puedes hacerme esos gestos?
Nick negó con la cabeza.
- ¿Estás mudo? – preguntó Chris, irritado.
- No, señor.
- No voy a olvidarme de lo que has dicho y hecho porque ahora me llames "señor". Es papá para ti, Nick. Papá. Y eso implica una forma de hablarme. Sin gritos, sin cortes de manga, y sin malsonancias. Ahora ven aquí – le llamó y en cuanto le tuvo cerca comenzó a desvestirle. Nick le ayudó con el botón del pantalón, demasiado estrecho y difícil de manejar.
- ¿Papá? – le preguntó, llorando ya. Chris tuvo que endurecerse por dentro para no reaccionar a ese tono y a esas lágrimas.
- ¿Sí?
- ¿Me perdonas?
- Voy a castigarte, Nick. Sé que tienes que intentarlo, pero no voy a dejarte pasar lo que has hecho. – respondió Chris, con paciencia, que había interpretado la pregunta en el sentido de "¿me perdonas el castigo?"
- Pero…¿me perdonas? – insistió Nick, y Chris se dio cuenta de que lo preguntaba en otro sentido.
- Sí, Nick. Te perdono, claro que sí.
Cuando Nick se ponía en plan "sé que la he cagado" le resultaba mucho más difícil castigarle. ¿Por qué no podía simplemente pensar antes de actuar? Se respondió a si mismo, y se dijo que su "hombrecito" aun era muy niño. Eso tenía sus cosas buenas, y sus cosas malas. Haría lo posible por reducir las malas. Le puso sobre sus rodillas y le bajó el calzoncillo.
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- No será porque no te he repetido que debes tener cuidado con lo que dices. No vuelvas a dirigirte a mí de esa manera, y mucho menos utilices a Amy para ello.
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- Y que sea la última vez que me haces un gesto como ese. Sobre todo cuando sólo estoy intentando ser paciente y entender por qué me gritas.
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Chris se detuvo, y le levantó. Nick lloraba, pero no empezó a sollozar de verdad hasta que le dio un abrazo.
- Quiero qué me digas cuál es el problema con que Amy lo sepa – le pidió, acariciándole el pelo. Nick no le respondió. – Tenía pensado orbitar el cepillo, y no lo he hecho. No me hagas cambiar de opinión. Respóndeme.
Creyó que Nick continuaría negándose pero entonces, tras unos segundos, Nick se secó las lágrimas con más o menos éxito y trató de hablar con él.
- A ella le caigo bien. Por alguna razón le caigo bien a pesar de que lo primero que hice cuando la conocí fue empujarla. ¿Qué pensará de mí ahora que sabe que soy un demonio? ¿Qué pensará todo el mundo?
Chris le acarició la cara con suavidad. Había llegado a pensar que Nick no quería que Amy lo supiera por no considerara de "su círculo de confianza", pero su negativa iba por lo visto mucho más allá. Nick se avergonzaba de lo que era. Quería mantener en secreto su mitad demoníaca, como quien esconde una enfermedad vergonzosa o un delito.
- Pensarán que eres perfecto tal y como eres, y si no lo piensan el problema es suyo. Por eso mismo quería hablar contigo y tus hermanos. Tenemos que acabar con esto de una vez. No podemos seguir huyendo de "vuestra otra mitad". Hoy ya he hecho una invocación: estoy en racha. ¿Por qué no traer a Vraskor y Adramelech, tal como os dije? Así os demostraré que no es algo que tengáis que rechazar.
Nick asintió. Chris iba a levantarse, pero Nick no le dejó.
- Aún no – musitó el chico. – Quiero que me mimes un poquito más.
Chris se rió, por la forma tan natural y directa de pedirlo. Le dio un beso, y le acarició el pelo.
- Off de record, no sé cómo es Amy o cómo deja de ser en la cama – dijo al cabo de un rato – pero sí es verdad que me tiene comiendo de su mano.
Nick se ruborizó un poquito, recordando lo bestia que había sido.
- ¿A ella no le importa que seamos demonios? ¿Tanto te quiere?
- Me gusta pensar que me quiere, pero eso no tiene nada que ver, Nick. Ser un demonio no es algo de lo que debas avergonzarte ni por lo que debas ser rechazado. Ella ha entendido eso. Me gustaría que lo entendieras tú.
Nick no respondió al principio. Se quedó allí, disfrutando de las atenciones de su padre y Chris ya pensó que no iba a decir nada. Pero Nick había estado cavilando.
- Si puedo llegar a controlarlo, entonces tal vez tengas razón. No puedo dejar que esa cosa me domine.
- Eso no va a pasar, cielo – le aseguró Chris, y apretó un poco el abrazo justo antes de soltarle. – Ahora vamos: no sé cuánto tiempo nos puede llevar. Te confieso que es la primera vez que hago algo como esto.
Mientras iban a buscar a Peter, y a Leo, porque quería que estuviera presente, Chris pensaba interiormente si algún día podría encajar a su novia mortal con su familia de brujos, sus hijos demonios, y su cargo irascible y dotado de poderes delos Warren.
 


*N.A.: Patsy Warren no aparece nunca en la serie, y tampoco aparece ningún Pippin ni ningún Anderson. Es cierto que Brianna tiene una hermana, pero no se sabe nada de ella. Siento ser tan horriblemente rebuscada. Si alguien se pregunta quién narices tiene tanto tiempo como para coger y buscar "eslabones perdidos" de un árbol genealógico ficticio de una familia ficticia de una serie de televisión ficticia, os diré simplemente que fue algo accidental. Me estaba releyendo la historia de Charmed, porque hay cosas que no recuerdo bien, y cuando llegué al trozo de las diferentes generaciones de Haliwell me vino como una revelación, porque lo cierto es que era justo lo que necesitaba para encajar a Paul como yo quería.


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