lunes, 6 de abril de 2015

Chapter 16: Confesiones



  


Chapter 16: Confesiones
 


La semana de expulsión de los chicos terminó antes de lo que habían pensado. El día en el que se incorporaron les repitieron el examen, y esa misma tarde el profesor de matemáticas llamó por teléfono, pues sabía lo impacientes que estaban por saber la nota, y además deseaba hablar con Chris. La llamada tuvo lugar a media tarde, y cuando colgó el teléfono Chris se vio avasallado por los dos gemelos.
- ¿Y bien? – preguntó Peter.
- ¿Qué ha dicho? – insistió Nick
- ¿He aprobado?
- ¿He sacado un 10?
Chris se rió.
- Caray Nick, pero qué repelente eres. Sí, sí, has sacado un 10. Y sí, Peter, has aprobado. Enhorabuena, hijo.
Peter no se lo podía creer. Le dedicó la más ancha de las sonrisas y de pronto pareció mucho más relajado, como si los hombros le pesaran menos. Nick también estaba contento.
- Tienes que llamar al tío Wyatt, y contárselo – le dijo.
- Veo que te llevas muy bien con el tío. – comentó Chris, complacido.
- No es sólo eso: hicimos una apuesta. Me dijo que si sacaba un diez me llevaría a…
Pero a Nick le daba mucha vergüenza decir a dónde le llevaría. Chris sintió curiosidad.
- ¿Te llevaría a….?
- Disney Land. No he ido nunca – explicó. Uno no se ponía tan contento porque le llevaran a Disney Land con 16 años, pero para Nick era un sueño sin cumplir y le hacía mucha ilusión. Chris se alegró de verle tan contento, pero disimuló:
- ¿Y no deberías haberme consultado primero? Para estas cosas tienes que pedirme permiso.
- Pero…
La cara de Nick mostró tal desilusión que Chris no pudo seguir torturándole.
- Es broma. Wyatt puede llevarte a donde quiera, para eso es tu tío. Pero le advertiré que si quiere que su cartera no se resienta, no debería de apostar contigo con el tema de las notas.
Nick estaba tan impaciente que acabó por llamarle él. Chris aprovechó y fue a hablar con Peter.
- El señor Higues quiere que te felicite. Dice que se nota que te has esforzado mucho.
El señor Higues era el profesor de matemáticas.
- Pero… - le animó Peter. Sabía que había un pero, por el tono que empleaba Chris y porque el profesor no habría llamado sólo para decir sus notas.
- Pero quiere ponerte en clases de refuerzo, dos horas a la semana.
- Está bien. Supongo que…podrán ayudarme.
Chris no sabía cómo iba a reaccionar Peter, pero había algo más.
- El horario coincide con el de las clases de piano que has estado mirando.
Chris no se había olvidado de que había prometido apuntar a Nick a Judo y a Peter a piano. Se habían informado y los chicos estaban bastante ilusionados.
- Entiendo.
Y no dijo nada más. Sólo "entiendo". Chris notó que aquello le entristecía mucho, pero el chico no estaba dispuesto a reconocerlo.
- No te preocupes, buscaremos otras clases, fuera del colegio. Habrá muchos sitios que oferten clases de piano. Lo buscaré, de verdad.
- Gracias, Chris. – dijo Peter, que volvió a animarse. Quizá tardarían un poco, pero encontrarían alguna clase a la que Peter pudiera ir. Peter estuvo reflexionando un rato sobre la cantidad de "pequeñas cosas" que Chris hacía por él. Había cosas que ni siquiera estaba obligado a hacer como padre, como el hecho de apuntarle a aquellas clases extracurriculares que suponían más dinero, más tiempo y más esfuerzo. Chris no estaba obligado a hacerlo, pero lo hacía porque le quería. Peter pensó que tenía que corresponderle de alguna forma, y creía saber cómo. Dejó que la idea diera vueltas en su cabeza, sin atreverse a sacarla de ahí.
Nick terminó de hablar por teléfono con una cara de triunfador total, aunque no soltó prenda sobre lo que había dicho Wyatt. Aún era pronto, quedaban dos o tres horas para cenar, y Chris pensó que podrían ir al cine.
-¿En Lunes?
- ¿Tienes algo mejor que hacer esta tarde?
Los chicos no tenían deberes, así que el plan era perfecto. Y a Leo le iba a encantar la idea.
Sin embargo, cuando fue a buscar a Leo estaba metido en la cama. Nada más echarle un vistazo, Chris se dio cuenta que estaba enfermo. Le puso el termómetro y tenía algo de fiebre. Los catarros era algo que los luces blancas no podían curar. Su poder sólo tenía efecto con las heridas, y aquello era frustrante.
- Tendréis que ir vosotros solos. Leo está malo.
- ¿Qué le pasa?
- No es más que un catarro, creo. Quizá mañana le lleve al médico.
- Puedo quedarme yo con él – se ofreció Peter.
- No, ve y diviértete. – rechazó Chris, con una sonrisa. No sería un buen padre si se fuera al cine estando su hijo enfermo. Les dio dinero suficiente para la película y las palomitas. Habían pensado en ver una película algo infantil por Leo, pero como iban los dos solos podrían ver lo que quisieran.
- Pero no la de los zombies – dijo Chris, acordándose de un anuncio – Esa es para mayores de dieciocho. Probablemente ni os dejarán pasar a vosotros solos.
Pero esa era justo la que Nick quería ver. En la taquilla, dieron el pego como mayores de dieciocho y les dejaron pasar. No llevaban ni quince minutos de película cuando Peter se tuvo que salir: ese tipo de cine gore no era para él. Además, no conseguía concentrarse en la película: tal vez porque ésta no tenía mucho argumento, o quizá porque aun le estaba dando vueltas a lo que había estado pensando sobre Chris, los pequeños detalles, y la forma de corresponderle. Nick se quedó en el cine, así que Peter decidió volver a casa. Chris se sorprendió de verle.
- Sangre, vísceras, puaj. – esquematizó el chico. Estaba algo cansado, aunque no sabía por qué, dado que no había hecho nada agotador.
- Habéis ido a ver la de los zombies – acusó Chris.
- Sí. – admitió Peter.
- Yo debo de hablar en chino. Digo que no y automáticamente entendéis que sí.
- El hombre de las entradas nos las vendió….
- ¿Sin pediros el carnet? ¡Pues qué bien! Aun así, os dije que no la vierais – dijo Chris, molesto pero no enfadado.
Había dejado a Leo en el piso de arriba, y había bajado a hacerle un zumo y una sopa caliente. Lo puso en una bandeja y subió las escaleras. Peter le siguió.
- Y ahora entiendo por qué. No sé como Nick tiene estómago para ver eso.
- Nick no tiene estómago ¿es que no ves cómo come?
Peter sonrió, pero Chris estaba serio, pese a su propio chiste. Peter le cortó el paso, antes de que entrara en la habitación de Leo.
- ¿Estás molesto porque hemos visto esa película o estás preocupado por Leo?
- En realidad, un poco de las dos cosas.
- ¿El peque está bien? – preguntó Peter.
- Sí, sí. Pero han llamado del P3. Parece que ha habido algún tipo de problema y yo debería ir, como copropietario…
- Pues ve. Yo me quedo con él.
- No sé si es buena idea…
- Oye, no voy a dejar que le ocurra nada. Si empeora o cualquier cosa, te llamo.
- No es eso. Es que ese no es tu trabajo…
- No es un trabajo. Es mi hermano pequeño, papá. No me cuesta nada cuidar de él.
"Papá"
Chris estaba tan pensativo que tardó en asimilar lo que Peter había dicho. El chico había encontrado por fin la forma de soltar esa palabra, que era su modo de expresar agradecimiento. De expresar lo que Chris le hacía sentir con sus pequeños gestos de cada día: que era su padre, y ya iba siendo hora de que empezara a llamarle como a tal. Cuando Chris cayó en la cuenta de cómo le había llamado, trató de abrazarle, pero casi se le cae la bandeja en el proceso.
- Cuidado – dijo Peter, riendo. – Vamos, ve a ver a Leo. Yo voy a seguir aquí cuando salgas.
Chris entró al cuarto del pequeño, dejó la bandeja, y le dio un beso, porque se había quedado dormido. Cuando salió, tuvo que contenerse para no tirar a Peter al suelo de un abrazo. Le había llamado "papá". Había costado un mes y una semana de convivencia, pero le había llamado "papá". Wyatt tenía razón. Se había vuelto un ñoño, porque de pronto tenía ganas de llorar.
- La verdad es que suena bien – comentó Peter – Pero ¿crees que podrías dejarme respirar?
Chris aflojó automáticamente, pero no llegó a soltarle del todo. Peter apoyó la cabeza en su hombro, y supo que tenía que ir más lejos. Que con la palabra "papá" no bastaba. Que Chris quería y siempre había querido su confianza, y tal vez aquél fuera el momento para demostrarle que la tenía.
- Hay algo que quiero decirte – dijo Peter. – Yo…Cuando estamos en el colegio, y tenemos que poner nuestro nombre, no me cuesta nada poner "Peter Adam Haliwell". Suena bien, es como si siempre hubiese sido mi nombre. Pero cuando estoy contigo, pienso en ti como "Chris" y no como "papá". Y no es porque no sienta que eres mi padre. Es…supongo que es porque…. Siempre he asociado "padre" a una idea negativa ¿sabes? Primero, un tipo al que no conozco, y que tal vez no sepa que tiene dos hijos. Después, un tipo que me separa de mi hermano, me trata bien, pero luego me abandona. Más adelante, un hombre al que nunca le di una oportunidad, porque me pasé toda la adopción intentando que me devolvieran con mi hermano. Y por último…Nunca te he contado cómo fue mi último padre ¿verdad?
Chris negó con la cabeza, prestando mucha atención a todo lo que Peter le decía. De su último padre sabía dos cosas: que era psicólogo, y un monstruo. ¿Qué más necesitaba saber?
- Derek tuvo que ser un buen tipo, en algún momento de su vida. Lo tenía todo para serlo: era atractivo, tenía un empelo, una mujer, y era empático. Por algo era psicólogo. Cuando le conocí…me cayó incluso mejor que tú. No te ofendas, pero es que él se fijó en mí, y no en Nick. A él ni le miró. Me miró directamente a mí, y supo que me quería consigo. No me preguntes por qué, pero a aquella adopción no me opuse. Quizás estaba cansado de estar sólo; quizás había asumido que tenía que elegir entre Nick o unos padres, o quizás pensaba que, si era un buen hijo, podría convencerle para adoptar a Nick en un futuro. No lo sé. Pero me fui con él, y estaba dispuesto a que saliera bien. Luego conocí a su mujer, y ella me no me cayó tan bien. Me dio la sensación de que no me quería con ellos, y me pregunté entonces por qué me habrían adoptado.
/El primer mes en su casa no fue muy diferente a lo que ha sido éste mes contigo. No te sorprendas: si me hubieran tratado mal desde el principio quizás yo me hubiera escapado o no hubiera durado tanto tiempo junto a ellos. Pero a Derek…a Derek nunca le dije papá. Eso te lo he dicho sólo a ti. Para él inventé una nueva palabra. Como no le gustaba que le llamara Derek, y yo no era capaz de llamarle papá, le llamé Dedé. A él le hacía mucha gracia.
/Con Morla, su mujer, era diferente. Ella no era mamá, pero tampoco era Momó ni nada parecido. Ella era simplemente la mujer de Dedé. Nos tolerábamos mutuamente. Ella me preparaba el desayuno y lavaba mi ropa, pero ahí se acaban sus funciones de "madre". Entonces, empecé el colegio, después del verano. Suspendí…ya no me acuerdo lo que suspendí, pero creo que fue francés, o algo de eso. Yo no le di importancia. Tenía trece años y la vida me acaba de regalar unos padres. Sentía que nada tenía importancia, ni el colegio, ni las notas, ni nada. ¿Qué había de malo en que me fuera mal en la escuela, si tenía a Dedé para protegerme? Sin embargo, a Dedé no le gustó nada que suspendiera. Aquella….aquella fue la primera vez que me pegó, y puedo asegurarte que tú no podrías hacerme tanto daño aunque quisieras. No te estoy llamando débil, es sólo que…Dedé era algo así como el doble de grande que Wyatt, o eso me parece a mí desde mi difuso recuerdo, y no tenía reparos en utilizar cualquier cosa que tuviera a su alrededor.
/Estuve en la cama, sin poder moverme, cerca de tres días. Aquello me bajó de mi burbuja, y pude entender que los estudios eran importantes, pero aun así no creía merecerme aquello. Hubiera sido normal que me castigaran, pero ¿así? Tenía heridas por todo el cuerpo. Una persona normal me habría llevado al hospital. Sin embargo, el único tratamiento que tuve fueron las visitas de Morla. Al principio, la eché la culpa a ella. Yo nunca le había caído bien: seguro que había sido ella la que le había dicho a Dedé que me hiciera aquello. Pero luego comprobé que Morla me compadecía. En una de aquellas visitas, cuando terminó de curarme unas heridas, me dedicó las primeras palabras amables desde que llegué a su casa:
/" Eres un chico muy valiente" me dijo. Y se fue. Cuando volvió, vi que estaba llorando. Yo no había visto a Morla llorar. A decir verdad, nunca había visto llorar a una mujer, salvo a alguna niña del orfanato. La pregunté qué la pasaba, pero no me respondió. Se puso a curarme, como hacía cada seis horas, pero pude ver que tenía cardenales en el brazo. Entonces entendí que Morla no era el problema. No me quería allí porque quería mantenerme a salvo de Dedé.
/Aun así, y aunque nunca me he considerado tonto, yo seguía pensando que podía arreglar las cosas con Dedé. Sólo tendría que ser bueno y no provocar que volviera a enfadarse. Durante un tiempo me funcionó. Pero yo era un niño….soy un niño…. Y a veces me equivoco. Y cuando me equivocaba, Derek se ensañaba conmigo. Sólo me pegaba cuando yo hacía algo mal ¿entiendes? Por eso llegué a pensar que me merecía aquél trato. Pero el miedo me hizo aprender, y dejé de hacer cosas mal. Y él me seguía pegando. En una ocasión, Morla intentó defenderme, pero Dedé la pegó delante de mí. Desde entonces no me defendió nunca más. Era ella la que me ataba a la cama o me hacía dormir en la alfombra. A veces aun pienso que hacía eso para que Dedé no me pegara. Debía de pensar que era mejor atarme a la cama que enfrentarme a una paliza. Pero a veces me enfrentaba a las dos cosas. Y aquello, cada vez iba a más….
Peter dejó de hablar, fijándose en algún punto de la pared con la mirada perdida. Chris no sabía qué decir. Intentaba….trataba de asimilar todo lo que había escuchado, porque en ese momento no había estado preparado para oírlo. No se podía imaginar que iban a hablar de aquello. Buscó las palabras que su cerebro era incapaz de ordenar , pero antes de poder decir nada, Peter continuó hablando.
- Lo que pone en mi expediente médico es que soy una persona violenta, o más bien, que puede sufrir ataques de ira cercanos a la locura. – confesó Peter. Una vez que abrió la puerta, no la pudo cerrar. No podía seguir callándoselo. – Intenté matar a Derek, una vez. Intenté tirarle por las escaleras, pero él ni siquiera trastabilló por mi empujón, y me tiró él a mí. Tuve suerte en la caída; podía haberme roto el cuello. Volví a intentar matarle en una ocasión, pero lo único que hice fue dejarle unos pocos cardenales. Intenté matarle de verdad. Quería...quería que él se muriera, cuando no quería morirme yo. No quería que lo supieras y te arrepintieras de haberme adoptado.
Más silencio. Chris no le contempló con miedo, ni con asco, sino con un profundo interés, como si quisiera sondear su alma. Entendió que Peter consideraba que aquella confesión iba a provocar en él algún rechazo, como si tuviera miedo de que volviera a intentar matar a alguien. Chris supo en ese momento que Peter era capaz de hacerlo. Que si volvía a verse en una situación semejante, intentaría matar a su agresor. Y que ya no tenía trece años, así que probablemente lo conseguiría.
- Ya no tengo secretos, Chr…papá. Te lo he contado todo – le aseguró Peter, con lágrimas en los ojos, pero eran de alivio. – Desde que me conoces dices que soy una buena persona. Y Dios, no sabes cuánto quiero creerlo, porque te juro que si hubiera tenido dieciséis años por aquél entonces, si hubiera tenido la fuerza que tengo ahora, le habría matado, aquél día en el que vi cómo pegaba a Morla.
Esa era la primera vez que Peter hablaba con verdadera ira, como si las propias palabras fueran espadas. Y Chris entendió aquello que Nick quiso decir una vez, al decir que Peter enfadado era peor que él. Se preguntó si Nick sabría lo que Peter le acaba de contar, pero no tuvo que preguntarlo en voz alta.
- No sé lo que Nick cree que pone en ese expediente, pero yo nunca le he contado nada. Supongo que pensará que hay informes de los…ataques…que sufrí, lo cual también es cierto.
Chris por fin recuperó la capacidad de movimiento, y abrazó a Peter.
- Te quiero – fue lo primero que pudo decir. – Te quiero. – repitió. – Y te entiendo. Gracias por contarme …esto. No ha cambiado ni un ápice lo que pienso de ti, salvo que ahora te admiro más. Claro que no eres una mala persona, Peter. Sólo eres humano. No me arrepiento de haberte adoptado. No te considero peligroso, y aunque así fuera, trataría de ayudarte, no de echarte de mi lado. Te prometo que a partir de ahora "padre" va a ser una buena palabra. Te quiero.
Chris odió su dificultad para encontrar la manera de expresarse, pero en realidad dijo lo que tenía que decir. Dijo lo que Peter necesitaba oír. El chico supo que había hecho lo correcto al contárselo. Ya no era un secreto. Ya no tenía que llevar eso en el corazón, tratando de no pensar en ello.
Durante mucho, mucho tiempo, Peter había tenido un dilema interno. Si lo que le habían hecho era por su culpa, entonces él era una mala persona. Si lo que le habían hecho no era por su culpa, Derek merecía morir, y entonces también era una mala persona, por desear aquello.
- Peter, no hay nada de lo que seas culpable. Lo que hicieras…lo que pensaras….Sólo querías defenderte. En estas cosas no puedo decirte lo que tienes que hacer, Peter. Sólo puedo hablarte como lo haría con un adulto. La ira que sentiste, no es sólo normal, es sana. Es el instinto de preservación, es la reacción natural. Pero si realmente hace que te sientas mal, quizá….quizá deberías encontrar la forma de….de perdonarle – A Chris le costó horrores decir aquello. – Ni por un segundo pienses que le estoy defendiendo. No es por él por quien le tienes que perdonar, sino por ti. No dejes que te siga haciendo daño, aun desde la distancia. No le concedas el poder de destruirte, porque te veas envenenado por el rencor. Peter, si le hubieras matado el mundo no hubiera perdido a Derek, te hubiera perdido a ti. Con tu inocencia, tu bondad, y tus buenas intenciones. No eres un asesino, Peter. Y no creo que tengas ningún problema con la ira, ponga lo que ponga en ese papel.
Peter respiró hondo mientras dejaba que las palabras de su padre calaran en él. Intentó hacer lo que le pedía. Buscó la forma de perdonar a Derek, y de perdonarse a sí mismo. Y creyó encontrarla, en los buenos momentos que, aunque escasos, había pasado junto a él. Dedé y Derek eran dos personas distintas. El enfermo era él, y no Peter. Y a los enfermos no hay que guardarles rencor, hay que tenerles compasión. Aun no estaba preparado, y no lo estaría nunca, para compadecer a Dedé. Pero se creyó capaz de dejar de odiarle, sin tener para ello que odiarse a sí mismo.
Se apoyó en Chris deseando no crecer nunca, porque esa era la altura justa para poner la cabeza en su hombro. No supo cuánto tiempo pasó así, pero cuando se separó, sentía que acaba de atarse a Chris de una forma irrompible. Chris era su padre, y él le había admitido como tal. No había vuelta atrás para aquello, porque además le había hecho partícipe de su secreto. Había confiado en Chris, y él no había fallado a esa confianza. Todo lo demás dejó de tener importancia.
- Tienes que ir al P3 – le recordó.
- No voy a irme ahora.
- Vete, no pasa nada. En realidad, me hará bien estar sólo. Acabo de abrirte mi alma. Déjame algo de tiempo para cerrarla.
Chris insistió en quedarse, y Peter insistió en que se fuera. Al final, una nueva llamada de uno de los camareros del P3 puso a Chris en una verdadera encrucijada. Él también necesitaba tiempo para asimilar todo lo que había oído, pero no le parecía propio irse después de una confesión semejante. Se hubiera llevado a Peter consigo, pero Leo seguía enfermo y alguien tenía que quedarse con él. Finalmente, accedió a irse, pero prometió no estar fuera más de treinta minutos. Aunque aquello parecía imposible, Chris podía orbitar, y no dudó en hacerlo cuando cerró la puerta de su casa, por lo que no tenía que preocuparse por el viaje de ida ni el de vuelta.
Mientras Chris se ocupaba de aquellos asuntos laborales, Peter se quedó con Leo, haciendo de enfermero. El niño se despertó, así que le leyó un cuento y le dio de comer la sopa, como si fuera un bebé que no pudiera hacerlo sólo.
- Me parece que a ti lo que te pasa es que estás mimoso – le dijo, bromeando en tono cariñoso – Yo te veo muy sano, vamos a ver.
No lo decía en serio, el niño no tenía nada importante, pero sí que estaba malo. De hecho, justo después de que dijera aquello tuvo que ir al baño a vomitar, y Peter le acompañó. Leo se puso a llorar: siempre lloraba cuando vomitaba, no lo podía evitar. Peter le cogió en brazos y le acunó, para llevarle de vuelta a la cama. En el camino Leo volvió a vomitar, ésta vez encima de la camiseta de Peter, que no pudo contener una mueca de asco. Le dejó en su cama, y le dio un poco de agua. Después fue al baño a intentar limpiarse. Así le encontró Nick cuando regresó del cine.
- Te has perdido la mejor parte – le dijo - ¿Por qué te has ido?
- No me estaba gustando.
- ¿Qué tienes en la camiseta?
- Leo ha empezado a devolver.
- Ah. ¿Dónde está Chris?
- Ha tenido que irse al P3. Estoy cuidando del peque.
- ¿Niñera?
- Hermano.
A Peter le molestó un poco que Nick mostrara tanto desinterés, aunque se recordó que después de todo no tenía la culpa de haber estado en el cine mientras él cuidaba del niño.
- ¿Puedes ir a ver si necesita algo? Yo voy a cambiarme de camiseta. Y tal vez a darme un baño.
- Eh…en realidad iba a ver la tele.
- Pues ahora vas a cuidar de Leo. Además, creo recordar que Chris aun no te deja ver la televisión. Te aumentó el castigo ¿recuerdas?
- Sí, pero Chris no está por aquí ¿verdad?
- Pero estoy yo.
- ¿Ahora eres mi padre?
- No, pero Chris sí. Y Leo es tu hermano. Vamos Nick, que no te estoy pidiendo gran cosa.
- Tú eres mi hermano. Leo es el hijo de Chris.
Escucharon unos pasitos corriendo, y el inconfundible sonido del llanto.
- Genial, Nick, creo que te ha oído.
Peter fue a buscarle y llegó a tiempo de impedir que Leo se cayera por las escaleras. Tenía fiebre, estaba algo mareado, y al bajar corriendo se había tropezado. Peter le sujetó, con el corazón a mil por hora.
- ¿Estás bien? – trató de abrazarle, pero Leo no se dejó.
- ¡Soy tu hermano! – gritó el niño - ¡Y el de Nick! ¡Yo no os quería en casa y tuve que compartir a papá!
- Lo siento, enano – intervino Nick, que les había seguido con más calma – No lo decía en serio ¿vale?
Leo le miró con ojos llorosos.
- Pues no vuelvas a decirlo. Nunca.
- Nunca. – Nick le abrazó. – Ahora vamos a la cama, que Peter tiene que ducharse.
- No, a la cama no. Es muy aburrido.
- Yo me quedaré contigo – le dijo Nick. – Pero si tienes fiebre, estás en la cama. Son las reglas.
- ¿Qué reglas?
- Las que me acabo de inventar.
- Eso no es justo.
- Soy mayor que tú, y te aguantas – respondió Nick, pero lo hizo con una sonrisa. Se echó al pequeño al hombro al estilo "saco de patatas", y le subió a la habitación.
Peter se metió en la ducha, y Nick se quedó con Leo en su habitación, hablando de tonterías porque el niño no se dormía. En esto regresó Chris, y cuando subió al cuarto de Leo, como no tenía noticia de que Nick hubiera regresado, le confundió con Peter.
- Hola, hijos.
- Hola, papá – saludó Leo.
- ¿Qué tal está?
- Ha vomitado un poco, pero está bien. Está cansado de estar en la cama.
- Eso es buena señal. Oye Peter…de lo que hemos hablado antes…
Nick se puso en guardia. Él no era Peter, pero por alguna razón no sacó a Chris de su error. Sentía curiosidad por lo que fuera a decirle.
- …hay algo que quiero decirte. ¿Vienes conmigo un momento?
Nick se levantó, y se fue con él. Chris se apoyó en la barandilla de la escalera, sin llegar a bajar. Nick le imitó.
- Me equivoqué contigo, Peter. Desde el principio. Siempre he pensado que Nick es….tan peculiar…por todo lo que habéis vivido. Que él reaccionó a vuestras separaciones con rabia y rencor. Me parecía que tú en cambio estabas sólo lleno de tristeza. Pero me he dado cuenta de que tú también estás enfadado con el mundo. Sé….sé que me vas a decir que esto no es necesario, pero quiero que sepas que yo no soy como Derek. Esto no es como el primer mes que pasaste con él. Hijo, mi único objetivo en la vida va a ser hacerte feliz.
- Yo… no sé qué decir – respondió Nick, que en verdad no lo sabía porque no terminaba de entender de qué estaban hablando.
- Creo que…creo que realmente necesitas pasar página en esto. Nunca vas a poder olvidarlo sí al levantarte o al desnudarte ves las marcas de lo que te hicieron. Pero no voy a volver a tomar ninguna decisión por ti, Peter. Creo que sobre este tema tú eres el único que tiene derecho a opinar, así que te lo pregunto. ¿Quieres que vayamos al médico, por si es posible quitarte las cicatrices de la espalda?
Nick se quedó mudo. Él no tendría que estar escuchando aquella conversación.
- Sé que te lo tendría que haber preguntado antes – prosiguió Chris, ante su mutismo. – Si te soy sincero, no caí en la cuenta. Pero ahora hay métodos para eso, y quizá te sientas más cómodo si….No estoy diciendo que sean algo malo – se apresuró a añadir – Yo…lo que tú prefieras.
Nick supo que tenía que decir algo, pero aquello le superaba. ¿Por qué diantres no le había dicho que él no era Peter? Iba a decir algo, pero no fue necesario.
- ¿Peter, qué te pasa? Estás blanco…¡Oh! Perdóname, tú vértigo. Lo había olvidado. Ven, apartémonos de las escaleras.
Peter salió de la ducha y caminó, secándose el pelo con una toalla. Le había parecido escuchar voces. Tal vez Chris habría regresado ya. Entonces pasó por las escaleras, y les vio.
- Hola Ch…papá. Perdona, me va a costar un tiempo acostumbrarme.
- Hola. – saludó Chris, y al tenerles a los dos juntos se dio cuenta - ¿Peter?
- Sí, claro. ¿Quién voy a ser si no?
Chris miró al otro "Peter", que estaba aun más blanco.
- Yo….yo….- Nick balbuceó.
- Tenéis que dejar de vestiros igual – dijo Chris solamente, pero mirando a Nick de una forma extraña. No era enfado, sino más bien tristeza. Nick se sintió fatal. Había escuchado una conversación privada. Observó que Chris se alejaba, que volvía al cuarto de Leo, y se quedó mirando a Peter, que no entendía nada.
- ¿Qué ha pasado? – le preguntó.
- Me…me ha confundido contigo. Y yo… no se lo he dicho. Creo que he escuchado algo que no debería haber escuchado. Lo siento.
- ¿Qué te ha dicho? – preguntó Peter, que aun no había decidido si enfadarse o no. Todo dependía de lo que Nick hubiera escuchado.
- Algo sobre Derek, el rencor, y hacerte feliz. Y…y…te ha preguntado…"me" ha preguntado, si quieres operarte las cicatrices de la espalda. ¿Me he perdido algo?
- ¿Qué te ha dicho sobre Derek? – preguntó Peter, con cierta alarma.
- No gran cosa, o nada que tenga mucho sentido.
Peter le observó durante unos segundos, y se dio cuenta de que su hermano no había averiguado nada de lo que había estado hablando con Chris. Aquello le alivió.
- Oye, ¿qué me escondéis vosotros dos? ¿A qué viene ahora lo de Derek? ¿Ha pasado algo?
- Papá tiene razón: deberíamos dejar de vestirnos igual.
- Ah, sí. ¿Ahora es papá? Pensé que no estabas preparado para decir esa palabra.
- Pues… ya sí.
- Qué bien – dijo Nick, pero sonó como una palabrota, casi como si deseara decir "qué mal".
- ¿Qué quieres decir con eso? ¿Te supone algún problema?
- Yo le llamo papá, y semanas después tú haces lo mismo.
- Sí bueno, verás, creo que es lo lógico que al ser hermanos, llamemos papá al mismo hombre. Tal vez esperabas que le llamara pipí, o algo de eso.
El sarcasmo de Peter le escoció, porque no solía hablarle de esa forma.
- Llámale como se te antoje, pero deja de intentar ganártelo.
- ¿Qué?
- ¡Por favor! Vas dando pena por las esquinas. Que si "voy a ser perfecto", que si el cuaderno, que si yo me ofrezco para hacer la compra, para cuidar a Leo y para ser tu maldito lameculos, que si "ahora le llamo papá"….¿Quieres un premio al hijo del año o sólo intentas dejarme mal?
A Nick le había dolido esa mirada de Chris….esa mirada como de decepción, que nunca le dedicaba a Peter. A Peter siempre le miraba con orgullo….¿y quién no, si el jodido lo hacía todo bien, y más que bien? Peter parecía no tener defectos, al menos a ojos de Nick. Incluso a veces se permitía hablarle como si no tuvieran la misma edad, como si Nick fuera más pequeño y le pudiera regañar, tal como había hecho momentos antes con lo de la tele.
- Oye, ¿a qué viene esto? Yo no quiero nada. Todo lo que hago y digo… soy sincero. Lamento si no te gusta, o si te doy la impresión de ….de todo eso que has dicho, pero no intento dejarte mal, en absoluto. No eres el ombligo del mundo.
- No, ese puesto lo ocupas tú. El pobre y maltratado Peter, al que todos tienen que querer y hacer caso, porque no está bien de la cabeza.
Peter apartó a Nick de un empujón, y bajó las escaleras. Sin pensarlo, con el pelo aun mojado, la ropa recién puesta y la toalla aun mojada, salió de la casa. Las palabras de Nick habían sido un golpe muy muy bajo, y además no tenían ningún sentido. Así era como él se sentía en ocasiones, como que Nick era el centro de todas las miradas, porque tenía el encanto que él no poseía. No sabía que Nick pensara que toda la atención se la llevaba él.
Y todo lo demás que había dicho… simplemente dolía. Peter odiaba que le tuvieran lástima, y Nick lo sabía. No era esa la impresión que quería dar, y menos a Chris. En cuanto a la insinuación de que estaba loco…no es como si nunca se lo hubiera planteado. Peter caminó, necesitaba alejarse de allí. Necesitaba pensar en su pasado, en su futuro, en Derek, en Chris, en Nick. Nick era el nexo que unía sus dos vidas. El infierno y el cielo. Pero, si Nick pensaba eso de él, ¿cómo reaccionaría si un día se enteraba de lo que era capaz de hacer? Nick tenía un sentido de la justicia bastante desarrollado, y para él nada justificaba el asesinato. Peter no quería que su hermano le juzgara por lo que había tratado de hacerle a Derek. Si Nick pensaba que era perfecto, se equivocaba. Tenía muchos, muchos fallos. Y tal vez fuera cierto que no estaba bien de la cabeza.
Mientras tanto, en la casa, Nick tardó un poco en asimilar que su hermano se había ido, dolido por sus palabras. Fue a buscar a Chris, y entró sin llamar al cuarto de Leo. Chris estaba poniéndole el pijama a su hijo.
- Nick, ¿qué ocurre? – preguntó Chris, con voz cansada. Estaba molesto con el chico pero se esforzó por ser amable.
- Peter se ha ido.
- ¿Qué?
- Nos hemos peleado, y se ha ido.
Chris se alarmó, pero se obligó a tranquilizarse.
- Tiene dieciséis años. Habrá salido a despejarse, y cuando se calme volverá. ¿Qué ha pasado?
- No estoy tan seguro de que vuelva.
Era la culpabilidad lo que hacía que Nick se sintiera tan preocupado.
- ¿Qué ha pasado? – volvió a preguntar Chris, negándose todavía a asustarse. Peter se había escapado en una ocasión, pero dejó una nota, y sus motivos, aunque erróneos, eran comprensibles. Su hijo no se iría por una simple pelea. Uno se marcha en caliente, y vuelve en frío, cuando se ha calmado.
- Le he hecho daño – confesó Nick, y le contó todo lo que se habían dicho. – En el pasado le he dicho cosas peores, pero nunca había aludido a….ya sabes.
No dijo "maltrato", porque Leo estaba delante.
- Sé que el anterior papá de Peter le hacía daño – dijo Leo. - No soy tonto. Pero tú sí, porque papá te quiere lo mismo que a Peter, así que no tienes que pelearte con él porque tengas celos.
- No ha sido por celos – replicó Nick. Lo que Leo sugería era muy infantil. "Papá te hace más caso a ti, ahora me enfado y no respiro".
- Sí, si son celos – replicó Leo – Y lo sé porque a mí me pasa todo el rato. Antes éramos dos ¿sabes? Y ahora somos cuatro. Uno piensa cosas muy malas cuando tiene celos. Pero no lo piensa en serio.
Chris se sorprendió de la madurez de su pequeño, y se dio cuenta de que tenía razón. Aquella pelea había sido una discusión de hermanos celosos, pero llevada a un nivel superior.
- Leo dice la verdad, Nick. Os quiero lo mismo a los dos. A los tres. Así que no hay por qué estar celoso.
- Pero Peter es…
- ¿Qué? ¿Más obediente? ¿Más comprensivo? ¿Más agradable? Pues tú eres más confiado, más sincero, y más valiente. Cada uno tiene sus virtudes y sus defectos, Nick. Y a mí me da igual cómo seáis. Como si tenéis antenas, o cinco ojos. Sois mis hijos, y os quiero. A todos.
Nick no dijo nada. Se sentía ridículo, porque quizá, en el fondo fondo, sí que fueran celos lo que tenía.
- Peter ha pasado por cosas muy difíciles que le han hecho mucho daño. Habrá momentos en que le dedique más atención, porque lo necesite, igual que estaré más contigo, si algún día me necesitas.
- Todo eso ya lo sé, pero…
- Pero aun así te gustaría tenerle para ti sólo – terminó Leo por él, con una risa cómplice que terminó por convertirse en una tos.
- Vamos Leo, métete en la cama. – dijo Chris, y le arropó – Esa tos no me gusta nada. Mañana iremos al médico, a que te vea.
Le dio un beso, y salió de la habitación, indicando a Nick que hiciera lo mismo. Apagó la luz, pero no cerró la puerta: a Leo le daba miedo dormir con la puerta cerrada, y a Chris también, en realidad. Hay una especie de instinto básico en contra de cerrar la puerta cuando estás dormido, o al menos ellos lo tenían.
- Siento haberme hecho pasar por Peter. – le dijo Nick, ya en el pasillo. – Me confundiste con él, y pensé en decírtelo, pero sentí curiosidad por ver qué le decías a él, que tuviera que ser en privado.
- Todo el mundo tiene derecho a su intimidad. Si quieres le cuento a Peter alguna de tus inseguridades, como esa tontería de que creías que te iba a devolver al orfanato.
- Peter ya lo sabe. Peter lo sabe todo sobre mí, y ese es parte del problema. Yo no soy interesante. Yo no tengo secretos ni misterios.
- Para mí sí eres interesante, Nick. No tiene sentido que os peleéis por…por mí. Aunque me gustaría que no hubiera sido así, antes de estar yo, estabais vosotros. El uno para el otro. ¿Por qué en vez de estar más unidos, ahora que somos una familia, cogéis y os peleáis por ver quién recibe más atención?
Nick guardó silencio, sabiendo que Chris tenía razón. Chris le dio un abrazo corto y un beso en la cabeza.
- Peter es demasiado sensible – le dijo Chris – pero él también lo entenderá. Ya lo sabe, en realidad, igual que lo sabes tú. En cuanto se le pase el enfado, volverá.
Dos minutos después, Peter volvió. Llamó al timbre, porque se había dejado las llaves. Tenía frío, porque tenía el pelo mojado y no se había llevado abrigo. Sin aludir a la pelea, Chris le envolvió en una manta. Peter estornudó.
- Ah, no. Con un enfermo ya tengo bastante. Aquí os enfermáis por turnos. Ponte a la cola – le dijo, y le dio un abrazo.
- Siento haberme ido así. Es que…
- Nick ya me ha contado. No lo decía en serio, ya lo sabes. Tu hermano es un poco bocazas.
- ¿Dónde está?
- Arriba, en su cuarto. Esperando a que vuelvas.
- Pues…volví. – dijo Peter con una sonrisa algo triste. – No sé qué decirle.
- ¿Qué tal "eres tonto"? Yo no puedo decírselo, no estaría bien, pero creo que no le haría mal oírlo de vez en cuando – comentó Chris, bromeando, para que Peter no estuviera tan nervioso.
- Yo también soy tonto – respondió el chico.
- Oh, pero estoy seguro de que Nick ya te lo llama. Y si no te lo dice él, te lo dirá Leo. La verdad es que ha estado sembrado antes, lidiando con los celos de tu hermano.
- ¿Celos?
- Casi tan grandes como los tuyos. Anda, ven aquí – dijo Chris, y le dio otro abrazo.
No hizo falta que Peter subiera, porque Nick bajó. Pero se quedó de pie, sin decir nada, frente a ellos. Chris les observó, frente a frente, evitando mirarse. Les acercó dándoles un golpe en el trasero a cada uno, que fue más una palmada cariñosa que un azote.
- ¿Tengo que recordaros cómo se hace esto? Ahora viene cuando os dais un abrazo.
Y los chicos lo hicieron, con algo de torpeza.
- Siento lo que te he dicho
- Siento haberte empujado
Hablaron casi a la vez, y sonrieron. Chris les dejó solos, y fue a preparar tres sándwiches que hicieran las veces de cena para ellos. Estaba aumentando su repertorio de sándwiches vegetales gracias a Peter. Cuando los chicos entraron en la cocina, no parecía que hubiera habido ningún problema entre ellos. Venían bromeando.
- ¿Ves como tendrías que haberte quedado viendo la película? Te habrías evitado el "regalito" de Leo en la camiseta. – dijo Nick.
- Ninguno de los dos tendría que haber ido a ver esa película – les dijo Chris. – Esas normas están ahí para algo – dijo señalando la nevera, y el papel que pendía de un imán.
- ¿Y ahí pone algo de películas de zombies? – preguntó Nick con descaro.
Peter le dio una colleja, ahorrándole el trabajo a Chris.
- No, pero sí pone que cuando digo algo…
- ….tenemos que obedecerte – terminó Nick, por él. Eran pocas normas, y las veía todos los días, así que ya se las sabía de memoria.
- Pues si tan bien lo recuerdas, ahora sólo queda que lo cumplas. Como tengas pesadillas no pienso ir a tranquilizarte.
- Ni yo pienso pedírtelo – respondió Nick, indignado. Ni que fuera un bebé.
Sin embargo, cuando esa noche soñó con zombies que le arrancaban el cerebro, se levantó de la cama y paseó por toda la casa. Primero al baño, luego a por un vaso de agua….
- ¡Nick! – gritó Chris, medio adormilado, desde su cama - ¡Duérmete!
- ¿Cómo sabes que….?
- ¡Pasos de elefante! – respondieron Chris y Peter a la vez. Peter tampoco podía dormir.
Nick se dijo que aprendería a ser más sigiloso. Iba a volver a su cama, pero cambió de idea y se fue a la de Peter. Alguna vez lo había hecho, aunque cuando eran más pequeños. Sin decir nada, se hizo un hueco y se tapó con la sábana. Peter le miró aguantándose la risa sin mucho éxito.
- ¿Por qué no….?
- Ni soñarlo. No voy a dormir en la "cama de papá" con dieciséis años.
- Pero si en la de tu hermano.
- Eso es diferente. Lo hago para vigilar que duermas, por una noche.
- Claro. Qué generoso de tu parte. Pues yo me voy a dormir con Chris. – anunció, y cogió la almohada.
- ¿Y eso?
Después de todo lo que le había contado, Peter veía absurdo el tener vergüenza por irse a la cama de su padre. Además, nunca había hecho eso, y quería saber qué se sentía. Y sabía que si él se iba, Nick se iría con él, así que no respondió y salió de su cuarto.
Chris tenía la lucecita de la mesa encendida, y casi parecía estar esperándoles. Leo se les había adelantado, y dormía pegado a Chris, usando su brazo de almohada. Algo ruborizados, pero tomando consciencia de lo natural que les salía aquello en el fondo, los dos gemelos se tumbaron al otro lado de la cama de Chris, que se quedó pequeña para tantos pues era una cama de matrimonio sencilla.
- Te lo…

- ¡No digas te lo dije! – amenazó Nick, y Chris se rió. Peter y Nick rieron también, contagiados.

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