lunes, 6 de abril de 2015

Formando una familia Chapter 1: Donde caben dos, caben tres


FORMANDO UNA FAMILIA

 

Chapter 1: Donde caben dos, caben tres
 

N.A.: Hola a tod@s :)
“Formando una familia” es la primera historia que hice de este tipo, y también mi primer “fic”, y eso de tomar personajes prestados no se me da nada bien. Supongo que lo que trato de decir con esto es que “no esperéis gran cosa” xD  Además, por el capítulo 80 o algo así, se me fue la pinza y la cosa se desmadró con rayadas mentales que sobraban bastante.
 Tal vez a alguien le suene, porque ya la subí a otra página, pero ahora gracias a Lady la subimos también por aquí.
Esto es una especie de declaración de intenciones de “voy a continuarla”, porque la dejé medio abandonada.  Es también la posibilidad de cambiar algunas cosas que no me gustaron “la primera vez que la publiqué”, aunque como es tan sumamente larga y yo soy tan sumamente perezosa en verdad creo que lo voy a dejar todo más o menos igual. A veces Chris es un poco bestia, lo aviso desde ya, y si lo escribiera ahora segurament elo habría hecho de otra forma.
Toda esta historia, de aun no sé cuántos capítulos, está ambientada años después del final de Embrujadas (Charmed). En ella Chris tiene 32 años, y un hijo biológico de ocho. La historia comienza cuando decide adoptar a dos gemelos adolescentes. El hijo biológico de Chris es brujo, pero no ha manifestado poderes de luz blanca. Se llama Leo, en honor a su abuelo. Y creo que nada más, el resto se irá averiguando conforme avance. Si os gusta dejad comentarios :D (y sino también, pero sed buenos, jo )
 

- ¡Leo! – llamó Chris, con infinita paciencia, por quinta vez en lo que iba de mañana.
- ¡Ya voy! – respondió una voz infantil, desde el piso de arriba. Chris suspiró. "Si me dieran una moneda cada vez que dice eso…"
Chris caminó hacia la cocina y volvió a calentar la leche, que llevaba más de quince minutos esperando a que alguien se la bebiera. Luego sacó el bote de Cola-cao del armario, y lo puso en la mesa: era mejor así que echarlo en el vaso, porque echara lo que echara Leo siempre añadía dos cucharadas, así que aquello se convertía en cacao con leche, y no en leche con cacao. Él se sirvió un vaso de leche fría y preparó unas tortitas, aunque se le destrozaron un poco por las prisas: estaba nervioso. Cuando terminó de repreparar el desayuno, subió las escaleras, dispuesto a sacar a su hijo de su cuarto aunque tuviera que arrastrarlo.
- Si según tú "ya venías", no entiendo por qué… - comenzó, pero se interrumpió cuando vio la ropa que se había puesto su hijo. Era un traje azul marino que Chris le había comprado para las ocasiones especiales. Leo había intentado ponérselo, aunque no se había colocado bien la camisa ni, por supuesto, la corbata. Además, se había echado algo en el pelo. Parecía gomina, aunque se había echado demasiada. Sin poder remediarlo, soltó una carcajada. - ¿Qué te has puesto? – preguntó en tono divertido. Ahora entendía por qué el niño había tardado tanto.
Leo, muy digno, hizo como que se recolocaba la corbata, ignorando por completo las risas de su padre.
- Quiero estar guapo – dijo simplemente.
Chris hizo un esfuerzo por dejar de reír.
- Me parece estupendo, pero ¿por qué?
- Para causar buena impresión.
Chris, aun con sonrisa perenne, se acercó y le revolvió el pelo, intentando deshacerse de la gomina. Cogió un peine fino y le hizo la raya a un lado. Mientras le peinaba, buscaba la forma de que su hijo entendiera algo importante sin que se llevara una desilusión:
- Hijo, no necesitas causar buena impresión.
- ¡Pero va a ser mi hermano! - respondió Leo, regodeándose con la palabra. A Christopher le encantaba oírle hablar así: cuando le dijo que quería adoptar un bebé pensó que el niño se pondría celoso, pero más bien parecía entusiasmado con la idea.
- Sí, y por eso mismo no necesitas causarle buena impresión, pero además…es que tú no vas a venir. – soltó finalmente, dejando el peina y separándose un poco para ver cómo había quedado. Parecía un mini-ejecutivo, aunque faltaba un detalle. Chris empezó a colocarle la corbata, pero Leo le apartó las manos, enfadado.
- ¡Yo sí voy! - repuso, en un tono que indicaba que no iba a aceptar otra respuesta. Chris suspiró.
- No, Leo, no vas. Aun eres un niño y…
- …¡me da igual si piensas que soy pequeño! – interrumpió Leo, enfurecido - ¡Quiero elegir a mi hermano!
- …y las normas del centro dicen que no pueden ir menores – continuó Chris, asesinándole con la mirada. "¿Por qué nunca me deja terminar?" – No es algo que haya decidido yo. Y no hables de esto como si fuera un juguete ¿quieres? No vamos a "elegir" nada.
- Querrás decir que no "vas". Por lo visto, estoy "exculido".
- Se dice excluido, y ya digo que no es algo que haya decidido yo. Son las normas, y de todas formas quizá sea lo mejor. Allí te ibas a aburrir.
Intentó colocar el cuello de la camisa de su hijo – ya que se había vestido así, no iba a hacer que se cambiara, o podrían tardar otra media hora – y hacerle bien el nudo de la corbata. El pequeño se dejó hacer, pero se esforzaba por mostrar su enfado con cada gesto. Por fin, y no tan mal de hora como Chris se había temido, bajaron a desayunar. Leo se sentó en la mesa en completo silencio, y comenzó a desmenuzar las tortitas con el tenedor, pero sin llevarse un solo trozo a la boca. Tras observarle unos minutos, Chris suspiró.
- Come, Leo, que se enfrían.
- De todas formas, ya están frías – respondió con malos modos. Chris apretó los dientes.
- Si no hubieras tardado media vida en bajar, estarían calientes.
- Si me hubieras dicho que yo me quedaba en casa, no me hubiera puesto esto y no habría tardado.
- No me contestes. Y yo no he dicho en ningún momento que fueras a venir conmigo, pero lamento si hice que lo entendieras mal. De todas formas, ni por asomo creas que te vas a quedar en casa sólo. Voy a dejarte con el tío Wyatt.
- Genial, ahora soy una molestia que hay que ir dejando por ahí.
¿Por qué su hijo tenía que demostrar su ingenio en unas respuestas tan maleducadas? Leo era inteligente, y maduro para sus ocho años, pero eso sólo hacía que fuera más frustrante cuando se ponía a discutir con él por tonterías como aquella.
- No eres ninguna molestia, pero puede que si sigues así estés algo "molesto" cuando te deje con el tío. ¿Entendido?
Christopher pensó que con esa pequeña advertencia bastaría para que Leo dejara de pisar el límite, pero se equivocó. La amenaza sólo sirvió para enfurecer más al pequeño.
- ¡No quiero ver al tío! ¡Es tonto, y tú también!
- ¡Leo! – advirtió Chris, alzando un poco la voz. No sabía si dejar pasar el insulto, o no. No había sido nada malsonante, pero no se trataba de eso: era una falta de respeto intencionada. La intención era lo que contaba. Además su hijo aun era pequeño como para conocer un gran repertorio de groserías, y no quería que empezara tan pronto a tenerlo. – Ya basta. Termina el desayuno, vamos.
- ¡No! – gritó el niño, poniéndose de pie. El vaso se tambaleó peligrosamente. No llegó a verterse, pero gran parte del líquido se derramó sobre la mesa. - ¡Ya no quiero tener un hermano! ¡Aun no ha venido y ya lo estropea todo! ¡Que se busqué otro papá! – Chris no dijo nada, sorprendido por la declamación y mirando todavía la leche que se esparcía por la mesa. Al no verse interrumpido, el niño se envalentonó – Vete tú a casa del tío y juega con los muñecos de la prima, a ver si así se te quitan las ganas de tener un bebé.
- ¿Has terminado? – preguntó Chris, en un tono totalmente peligroso. Leo pareció percibirlo, porque perdió parte de la energía que acaba de demostrar. Aun así, asintió con la cabeza y le miró desafiante. Christopher contuvo el impulso de darle una bofetada. Nunca le pegaba en la cara: no quería hacerle daño. Sin decir nada se levantó, caminó hacia él con rapidez, y se volvió a sentar, colocándole sobre sus rodillas con un movimiento fluido y practicado. Leo empezó a patalear casi de inmediato, pero sabía que no podía hacer nada contra la fuerza de su padre. Los azotes comenzaron en cuanto el niño estuvo bien sujeto.
PLAS PLAS PLAS
- ¡Se acabaron las pataletas de niño malcriado! Dije que no vas, y no vas y punto.
PLAS PLAS PLAS
Leo comenzó a llorar y a quejarse.
- No, papi, para.
PLAS PLAS PLAS
- Me da igual que estés enfadado, no puedes faltarme al respeto. ¿Entendido?
Leo lloró con más fuerza, pero no dijo nada. Chris dejó caer su mano una vez más con un fuerte “PLAS” y deseó no tener que seguir castigándole. Por suerte, Leo reaccionó con un vacilante:
- Sí, papá. Lo siento.
- Está bien.
Christopher le incorporó y le consoló un poco. No había sido una gran azotaina, ni siquiera le había bajado el pantalón, pero que no doliera mucho no quería decir que no doliera, y además Leo se abrazó a él como un koala se abraza a su madre. Enterró su cabeza en la camiseta gris de Chris, y se restregó en ella, llenándola de lágrimas. Christopher apenas le dio importancia al hecho de que se tendría que cambiar de camiseta, porque además el traje de su hijo le hizo pensar que quizás él sí debía arreglarse un poco.
- Lo siento – repitió el niño.
- Ya lo sé – susurró Chris, aun abrazado, y le acarició la espalda. Sabía lo que su hijo quería oír y no tuvo ningún problema en decírselo – Estás perdonado campeón, ya lo sabes.
Aquello bastó para que Leo dejara de llorar, aunque no deshizo el abrazo. Chris odiaba tener que ser él quien se separara, pero aun tenían que ir a casa de Wyatt y no quería llegar tarde a su cita con el director del centro donde le esperaba su hijo. Con delicadeza, soltó a Leo y le acarició la carita, que estaba húmeda. Aun había una cosa de la que quería hablar con él.
- ¿Con que ya no quieres tener un hermano? – preguntó en tono de complicidad, pero deseando en serio obtener una respuesta. Quería que el chico fuera sincero, y que no le dijera que sí porque pensara que si no le iba a regañar. Leo pareció pensarlo, aunque tampoco mucho.
- Sí que quiero. Lo dije sólo para que te enfadaras.
Chris suspiró aliviado.
- Pues no ha sido de tus mejores estrategias. ¿Por qué querías que me enfadara?
- Porque yo estaba enfadado - respondió el niño como si fuera obvio. Pese a lo confuso de la respuesta, Chris creyó entender: a Leo no le había gustado la idea de que le dejaran de lado y quería demostrar su enfado. Además, así, conseguía la atención de Chris, lo cual le recordaba otra cosa, que antes había dejado pasar debido a su propio enfado.
- No es verdad eso de que te vaya "dejando por ahí". Lo que pasa es que no quiero dejarte solo….¿no te gusta estar con el tío Wyatt?
- Sí, claro, pero no quiero que el nuevo bebé me sustituya. Que él esté contigo mientras yo estoy con Wyatt.
- Eso no va a pasar. – le aseguró Chris, y le dio un abrazo fuerte, casi posesivo. – Eres mi hijo, Leo. Y nunca dejarás de serlo ni te querré menos por el hecho de que tenga otra gente a quien querer.
- ¡Papá, que me rompes! – protestó Leo, y Chris le soltó. Padre e hijo soltaron una risita. Chris miró el reloj, y luego miró a su hijo.
- Tenemos que irnos. Con Wyatt. – aclaró. Al final, su hijo no había desayunado. Pero no podía demorarse más, y su desayuno estaba manchando la mesa- ¿Por qué no coges algún juguete y te pones el abrigo, mientras te preparo un sándwich?
Leo corrió a por un barco de lego que tenía en su cuarto, para llevárselo a casa de su tío y jugar con sus primos. Mientras tanto, Chris limpió la mesa e hizo el sándwich. En cinco minutos, estaban listos para salir. O casi.
- ¿Y el abrigo?
- ¿Vamos a orbitar?
- Sí, claro – dijo Chris. Para él era algo casi natural. De hecho, hacía sólo tres años que tenía licencia de conducir, porque en realidad no necesitaba coche.
- Entonces, ¿para qué necesito el abrigo? – respondió Leo con una sonrisa, y Chris tuvo que darle la razón, igual de sonriente. Puso una mano en el hombro de su hijo e hizo que ambos desaparecieran, para aparecer casi al instante en casa de Wyatt. Linda, su mujer, estaba en el salón donde habían aparecido.
- Veo que sigues sin usar el timbre – dijo a modo de saludo, y le dio dos besos. Cuando Chris veía a la mujer de su hermano no podía evitar acordarse de la suya propia, fallecida dos años atrás en una explosión de gas. Ni si quiera el poder de curación de un luz blanca pudo hacer nada en aquella ocasión. Chris intentó sacarse ese recuerdo de la cabeza: aquél tenía que ser un día feliz. Iba a adoptar un hijo.
- ¡Tía Linda! - dijo Leo, y corrió a abrazarla. En seguida llegaron el propio Wyatt y sus dos hijos: Alexander y Victoria.
Tras varios saludos, buenos deseos, y algo de conversación insustancial, Christopher se despidió.
- Nos vemos luego, Wy. Ciao, hijo, pórtate bien. Y cómete el sándwich.
- Todo un padrazo – le oyó bromear a su hermano, justo antes de orbitar.
Ya lejos de su familia, Christopher se apareció en un callejón, lejos de miradas indiscretas. Caminó un poco y enseguida se encontró ante un edificio de ladrillos. "Ahí dentro está mi hijo" se dijo, aunque aun no sabía quién era, ni cómo se llamaba. Sabía que aun quedaba por delante un fastidioso proceso legal, pero el director del centro le había prometido que sería más rápido de lo que imaginaban. Chris, que trabajaba a tiempo parcial en el P3, había recibido una cuantiosa herencia tras la muerte de su mujer, por lo que por eso, por ser joven, y por tener ya un hijo bien cuidado, era un candidato más que válido para la adopción.
Entró en el edificio, y se iba a anunciar en la recepción cuando vio como un vigilante arrastraba a un muchacho de rizos negros que se debatía con furia.
- ¡Suéltame, Henry! – decía el chico.
- Nicholas, no podemos hacer esto todas las semanas – respondió el vigilante con voz cansada.
Christopher observó la escena con curiosidad, pero se mantuvo al margen. Sin embargo, en un determinado momento sus ojos se cruzaron con los de aquél chico, y vio mucho resentimiento en ellos. Supo de inmediato que el chico lo había pasado mal. El chico y el hombre desaparecieron de su vista, tras dar la vuelta a una esquina. Le dijo quién era a la recepcionista y esperó a que el director saliera a recibirle. Mientras esperaba, le hizo algunas preguntas a la amable mujer.
- ¿Ese chico es de éste centro?
- Sí. Es Nick. Hace un numerito como éste casi todas las semanas, pero no es mal chico. Un par de veces logró salir sin que lo detuvieran, y nos llevamos un buen susto.
- Parece bastante mayor – comentó Chris, que por alguna razón había pensado que todos los huérfanos de aquél lugar serían bebés y niños pequeños.
- Es el más tiempo lleva aquí, junto con su hermano. Tiene 16 años.
"Dieciséis años" pensó Crhis, que cada vez sentía más interés por él. Como a la mujer no parecía importarle responderle, siguió preguntando.
- Y ¿cómo es que no ha sido adoptado todavía? – intento hacer la pregunta de la forma más delicada posible.
- Lo fue. Una vez. Pero le separaron de su hermano, que estuvo con otra familia. Aquello no fue buena idea. Tan sólo unos meses después de su adopción, los dos regresaron - la mujer habló con tristeza y Chris no tuvo ninguna duda de que estaba encariñada con los niños que vivían allí.
- ¿Qué edad tiene su hermano?
- La misma. Son gemelos. Peter ha sido adoptado más veces. Es "menos difícil", pero tras la última vez.… No se debe separar a dos hermanos. – dijo la recepcionista con rotundidad.- Siempre lo he dicho. Como ya tienen cierta edad, creo que por fin van a escucharles, y que no intentaran darles en adopción por separado. Pero el problema es que, al ser tan mayores, no tienen muchas opciones. La mayoría buscan bebés, no adolescentes. Cuando tengan dieciocho saldrán de aquí como Nick y Peter "Expósito" y tendrán que buscarse un hueco en el mundo.
Aquello sonó tan terrible que el corazón de Chris ya sabía lo que iba a hacer antes de que su cerebro lo pensara.

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